Letralia, Tierra de Letras
Año VIII • Nº 108
17 de mayo de 2004
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Artículos y reportajes
El "ser femenino"
en la poesía de Eguren

Jorge Zavaleta Balarezo

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José María EgurenEl ser femenino, la mujer misteriosa, la niña o muñeca "azul" es un tema recurrente en la poesía de José María Eguren. Una vez que, absortos, ingresamos a su universo, a un tiempo mágico y mítico, comprobamos cómo esta mujer, transmutada en varias formas e ideales, nos trasmite también diversas sensaciones.

Es así que puede presentarse, tanto objetiva como subjetivamente (la lectura permite esa duplicidad, esa separación) la encandilante La niña de la lámpara azul con su compleja armazón de versos y ambientes vaporosos que remiten propiamente a Estambul, o aun a parajes más inéditos y enigmáticos. Y es el caso por igual, de La walkyria, que revive la tradición nórdica y germánica para restaurar un mito que, en realidad, nunca ha dejado de vivir.

Los ejemplos y casos que presentaremos en las siguientes páginas, así como un análisis que no pretende ser vasto ni copioso, nos dan cuenta, en efecto, de que esa "mujer anhelada" de Eguren, como objeto poético, supo mantenerse en su obra a lo largo del tiempo y del espacio. Ya Esturado Núñez, en un artículo biográfico, destaca la niñez del poeta en una hacienda al norte de Lima, y hace hincapié en la formación del imaginario del vate de estas presencias femeninas que, luego, se transformarían en seres vivientes de su peculiar obra poética.

Pero nos preguntamos de dónde nace ese misterio, ese halo de virtud y silencio en estos seres femeninos que actúan, a su vez, como verdaderas musas, y son presentadas como personajes, como protagonistas de sensibles poemas. La respuesta, ciertamente, es difícil y nos anima a hacer conjeturas. Pero justo ese misterio radica en los propios versos. Es cierto que en su lectura hallaremos pistas, sendas, caminos, piezas de un rompecabezas, pero siempre quedará un Eguren intocado como sus propias creaciones femeninas, que guarda el secreto de ellas.

Es más, de tan envolvente, mágico y mítico que se vuelve el lenguaje en cada composición, resulta que el paisaje y el ambiente de los poemas secundan, como un gran telón de fondo, a estas heroínas que, para algunos críticos, son la conversión poética de mujeres amadas y perdidas en la vida real. No nos referiremos a la soledad del poeta, ni al hecho de que vivió su adultez junto a sus dos hermanas, sino más bien a su capacidad de evocar, con perspicaz y particular talento, un mundo que albergara a estas mujeres que, en ese terreno de lo onírico o a veces lo oscuro, constituyen hoy una de las bases del quehacer poético de nuestra modernidad.

Comencemos por los poemas de Simbólicas. Y particularmente por Reverie. Se nos propone un sueño del poeta en el cual surgen "dos bellezas matinales". Este es, quizá, el primer intento de Eguren por configurar un sólido universo de seres femeninos, a partir del cual nos llama la atención esa tendencia por presentar a mujeres, que, en este caso, suponemos núbiles o muy jóvenes, y que adquieren dimensiones dignas de un cuento de hadas. Este será un motivo constante en Eguren, como lo comprobaremos a medida que revisemos otros poemas ligados a la tendencia que tratamos.

Años después, señala el poeta en Reverie, él vuelve a ver a las "bellezas matinales", pero ahora ya se encuentra en estado de vigilia. Esta alusión podría ser, sin embargo, entendida asimismo como otro sueño. Al final, el poema se cierra con un cuarteto en el que se especifica, en el último verso, "la tristísima luz de esas caras".

No es rara en Eguren la mención de los estados de pena y tristeza. Sus mujeres o niñas transitan mundos, parajes, universos en los que muchas veces están solitarias y ello ahonda su tristeza. Otras veces, cambia el motivo y las mujeres son sólo personajes secundarios.

En Las bodas vienesas hay, asimismo, varias mujeres y de muy diferente naturaleza. Veamos: "dos rubias gigantes", "las primas beodas", la "dulce princesa de Viena", "las tías Amelias". Todos, seres femeninos que cumplen un rol distinto y particular en el poema, algunas de estas damas forman parte de los anuncios de la boda en el camino y otras lo cristalizan. Aquí, en particular, el poeta no se ha preocupado por dar prioridades o hacer suya una protagonista en particular. El poema funciona como un relato y, artísticamente, revela una situación de jolgorio llevada a cabo con mucho ritmo, énfasis y entusiasmo. El ser femenino aquí suele mezclarse entre una belleza etérea y una más bien vulgar o muy común, pero trasciende al final esas dos condiciones, para darnos cuenta de su inevitable importancia.

Blasón y La walkyria son decididamente dos poemas distintos. Aunque, como ya se advierte, ambos tengan por protagonistas a una mujer. En el primer caso, ésta está asediada y en peligro por la presencia de un "duque"; quizá la teoría psicoanalítica nos hablaría de una situación con connotaciones sexuales, aunque no necesariamente debería tratarse de algo como eso. El final del poema anuncia "sufrimiento", quizá la concreción de un estado trágico, sin embargo debemos destacar, otra vez en Eguren, esa tendencia a resaltar la pureza de una "niña que dulces amores sueña". En este aspecto, nos encontramos ante una de la claves de la poética egureniana, y de sus más vitales expresiones, como es esta frecuente presencia de chiquillas adornadas y embellecidas, además, por el lenguaje.

En el caso de La walkyria se trata de una mujer que ahora anda con una mala fortuna y que no rehuye a la muerte. Ha guerreado y lo ha hecho bien. Y se siente orgullosa de ello. Pero también canta sus penas, como cuando dice que contempla "La noche infinita". Es una mujer dura, y quizá bella (las walkyrias suelen serlo), que, hacia el final de la batalla, es decir de su vida propia, nos da muestras muy serias y personales de valor y convicción.

Como puede advertirse en los poemas reseñados, Eguren trabajó con suma delicadeza retratos y situaciones de esa especie de hadas o aventureras en un mundo, que, en el caso de otros poemas, también recurre a los elfos, a los enanos, los ogros y los gigantes, para trazarse un cosmos propio. De esta manera, el poeta cumple varios objetivos. El primero, aunque quizá el menos inocente, pero no por ello dejemos de citar su importancia, es la valoración de cierta femenina adolescencia, pero también juventud en mujeres que o bien están a punto de alcanzarla, y viven, a veces, situaciones límite o encontradas.

Otro punto logrado es la propia valoración estética que hace el poeta de los elementos que integran sus composiciones. Él es consciente de que estas virtuosas damas, que a veces no lo son del todo, aunque sí por lo general, representan también tópicos con los que puede desarrollar su trabajo poético. Les suma peligro o les agrega exaltación y ya el poema da un giro de ciento ochenta grados. Es esa cualidad del Eguren poeta la que transmite una belleza pura, inmanente, casi gloriosa a muchos de sus versos, en los que el ser femenino se expresa con honestidad, para citar sólo una virtud tanto humana como estética. El caso de La walkyria, como queda anotado, se distingue por tratarse de una mujer de una naturaleza radicalmente distinta. Más bien ruda y estoica, y no indefensa ni núbil. Pero igual sufre e igual batalla.

En Syhna la blanca asumimos otra vez la presencia de una dulce belleza asediada y en peligro. Los elementos del poema concurren en esta situación que podría traer graves consecuencias. Pero fijémonos solamente en los aspectos, digamos ya seudodivinos, para no llamarlos mágicos, de Syhna, desde ya llamada "la blanca"; una cualidad muy cara a Eguren, a partir de lo cual se puede, otra vez, llegar al horizonte de las mitologías europeas más antiguas y, desde allí, otear, más que belleza, verdadero embelesamiento.

La mujer, pues, en Eguren, es objeto de belleza, por sí mismo. Y él se ocupa de tratar a las mujeres bellas con delicadeza y respeto, pero también con la fruición de una palabra, de un verbo, y sobre todo un adjetivo, que configura, como en el caso de las propias damas, mundos mágicos y misteriosos, hondos precipicios de placer estético.

Iniciando La canción de la figuras hallamos La niña de la lámpara azul, uno de los poemas predilectos de su obra, y considerado en casi todas la antologías de la poesía contemporánea peruana. La niña de la lámpara azul, expresa, ella misma, el verdadero simbolismo. Representa y hace de Eguren el maestro, el fundador del simbolismo en nuestra poesía. El poema, por lo que dice, por lo que expresa, por su arquitectura y cómo está trabajado es una pieza de arte mayor.

La niña de la lámpara azul, que evoca a Estambul y que se nos ofrece "ágil y risueña" y "con voz infantil y melodiosa" es una guía nocturna para el poeta. Aquí confirmamos la pasión del "yo poético", de una voz uniforme, por ciertas niñas adolescentes, quizá demasiado dulces y que lo dejan absorto. El papel que cumple la poesía es como la de un exorcismo mayor. Aunque la teoría de Vargas Llosa en Historia de un deicidio acerca de los demonios que marcan al escritor data de hace treinta años, nos podría servir en este caso, así como antes, de paso, hemos citado cierta tendencia psicoanalítica, para descubrir o redescubrir en el poeta que los verdaderos demonios, que lo acechan, pero también lo endulzan y le otorgan placer estético, son estas niñas, estas núbiles señoritas a quien él, capaz de un arte mayor, instala entre ambientes, mobiliarios, paisajes y lugares fulgurantes o de ensueño.

Él todo se abstrae en cada detalle, en lo encantadora que es esta niña, que al final, así como se nos presenta muy provocadora, así también desaparece en un tiempo sin nombre. El tiempo, es más, parece haberse detenido o no existir. La niña de la lámpara azul es el poema de Eguren que quizá mejor grafique esa condición, ese estado del ser femenino, de la mujer que puede ser codiciada desde un inconsciente demasiado oculto pero que, sobre todo, es capaz de elevarse o desaparecer como una divinidad, y, con ese acto, embelesarnos los lectores, y, es más, hacer estallar hasta la locura a un yo poético que creía mantenerse bien resguardado.

Asimismo, el poema acude a una serie de elementos o versos como "una vida milagrosa" o la descripción misma de una menor de excelsa belleza ("con cálidos ojos de dulzura / y besos de amor matutino"), que, junto al propio erotismo que se desprende de esta figura melodiosa y simbólica, alude a cierto sentimiento piadoso que se rinde ante tanta proyección y obnubilación por el éxtasis del amor y lo bello.

En Flor de amor, por el contrario, hallamos a una mujer ya madura y, es más, malvada, pero que no deja de ser hermosa. Procede de Asia y es perversa. El poema es perfectamente simbolista y en su recorrido nos explica una psicología, la que posee una mujer de cierto poder —lo intuimos— que espera una situación clave para actuar. Como casi siempre en Eguren, y ante este tipo de circunstancias, acuden el mito, la pasión y, esta vez, cierta lejanía del poeta, como un narrador omnisciente. Estos elementos contribuyen, con su suave pero decisiva adjetivación a una propuesta que, en el lector, halla un hálito, quizá contraproducente pero necesario, en el cual permanece el enigma.

Efímera es un poema dedicado a la luna, que puede pasar por momentos tristes o hermosos, pero con la cual el poeta se encarga de enlazarnos en un viaje, otra vez, de mucha inquietud. Así, el tránsito acompañando a esta efímera luna es el paso también por diferentes estados de la naturaleza que pueden entenderse cono situaciones de la vida. Aquí, el ser femenino está dado por la condición de género. La luna vista como mujer, llena de aventuras, quizá de algún romance, quizá de alguna pérdida. Por sobre todo ello, se levanta, intempestivamente, hacia el final, la idea de la desaparición eterna, el cesar de una vida que ha pasado por lluvias, quizá tormentas, y ha vivido entre flores. Esta idea final, "¡flor de la nada!", constituye otro de los tópicos de Eguren, la señal inequívoca del peligro o del fin de lo que se creía eterno. La luna, como una mujer normal, es finita, y también ama y sonríe.

Las niñas de la luz cierra La canción de la figuras. Si La niña de la lámpara azul abría espontánea y poderosamente este poemario, Las niñas de la luz intenta imitar ese vuelo, esa originalidad, ese aliento. Es un poema de naturaleza simbólica, con brillo, las "niñas" lo son también del sol, y sin embargo, antes del final aparentan o simulan desaparecer. Hay en Eguren esa frecuente condición que llamaremos evanescente, como una mujer que camina entre nubes. Su poética está muy cargada de esos símbolos que acuden y aluden a momentos inesperados y que, de pronto, ya no están más, pero mientras duran exaltan la felicidad, la belleza, la armonía. Este poema es un ejemplo claro de ello.

Revisadas y catalogadas, pues, algunas de las mayores muestras de la poesía de José María Eguren, estamos en condiciones de afirmar que el poeta que vivió en Barranco y supo labrarse una soledad útil, creó pensando mucho en sí y evocando situaciones de singular gozo con un particular carácter lúdico. Sus obras, por ejemplo las que aquí hemos citado, demuestran que nos encontramos ante un conocedor de viejas leyendas y de gran poesía, y, al mismo tiempo, ante un innovador del género poético, de una originalidad que hoy en día es difícil hallar, palpar. Eguren inicia una nueva etapa en nuestra poesía no sólo por representar un simbolismo muy personal, sino, además, porque sus propios poemas, reunidos en apenas cuatro libros, y otros pocos desperdigados en revistas o quizá aun inhallables, nos hablan del autor que, en un mundo hecho por y quizá para sí mismo, supo labrar los valiosos albores de una nueva condición en el derrotero de la poesía peruana.

Bibliografía

  • Bousoño, Carlos. Teoría de la expresión poética. Volúmenes I y II. Séptima edición. Madrid: Gredos, 1985.
  • Eguren, José María. Obras completas. Lima: Mosca Azul, 1974.
  • Escobar, Alberto. Antología de la poesía peruana. Lima: Peisa, 1973.
  • Ortega, Julio. Figuración de la persona. Barcelona: Edhasa, 1971.
  • Silva-Santisteban, Ricardo (ed.). José María Eguren: aproximaciones y perspectivas. Lima: Universidad del Pacífico, 1977.


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 24 de mayo de 2004 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes