Letralia, Tierra de Letras
Año VIII • Nº 108
17 de mayo de 2004
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Una teoría larguísima
de por qué las panaderías
te distraen del verdadero amor

Enio Escauriza

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Desiree,
nunca había pensado tanto para entrar a un sitio.
De hecho, nunca lo pienso
simplemente entro
siempre voy a lugares que conozco
y no es que no conozca donde tú estabas
te he soñado y conocido tantas veces
pero algo me había alejado
de estacionarme frente a la vidriera azul que te separa del mundo.

No fue precisamente un domingo
el día en que entré a tu panadería
aunque pasé tantos buscándote.

Digo: tu panadería
aunque eras la cajera
pero como brillabas tanto y tanto me gustaste
que, para mí, era tu panadería;

yo te juro había almorzado bien, no tenía hambre
aunque soy gordo, no como por gula
sólo soy víctima de una obediencia insensata de mi sentido; de comienzo te cuento:
sufro de sentido o sentimiento, no me hieras.

Primero pedí un enrollado de jamón
al que todos llaman cachito
necesitaba un elemento ardiente e infernal
para sopesar el cielo de tus trenzas
que caían como nubes en tus hombros o tus montañas que retan minúsculos hombres.

Mi adorada portuguesa
no pude con uno
fueron dos cachos los que me hiciste comer
mientras le dabas a esos números hechos teclas
y por primera vez
debo decirlo en mi veintiochada existencia
sentí envidia del símbolo
tu abstracción
nada te dejó concentrarte en mí.

Nunca imaginé lo que me deparaba
el mostrador lleno de cafés
leche, trozos de pan, jamón
y yo, una migaja.

Entiendo ahora un poco por qué existen los domingos
los hombres del mundo corren a pagarte el desayuno
y verte en la mejor acción del verbo teclear
tecleas tan seria sus sueños
mientras la campanilla
suena y suena hasta avisarles que llega la hora de irse.
Siempre nos llega la hora de irnos y lastima.
De ahora en adelante trataré de desayunar contigo
así no estés de acuerdo.

Me asusta un poco lo que siento

debes adivinarme viniendo de la guerra
enfrentado a mí mismo,
amé hasta otra galaxia con sentidos propios y prestados
pero has cambiado mirada y calle,
fíjate que salí a una casa que sueño
trataron de atracarme
y se llevaron algo
pero no hacía falta pues aún no lo he extrañado.

Con tanto desconcierto
me tuve que sentar a escribirte una carta
que se muere del miedo
porque apenas la toques
y con tu sabor leudante
la levantes de torta hacia la papelera y
la destruyas toda
y me destruyas todo, podría morir otra vez.

Tengo un pasado viejo atado a las letras
pero por ti
comenzaría a secretear con las harinas
descubrirles secretos
adornar con pastillaje
preparar café
limpiar las esquinas
esperar que cierres el universo hermoso pesado en tus lunares,
sostenido en tus ojos
que vendas tu jamón serrano
tu crema pastelera.

Hoy por fin sé la respuesta de mañana
buscaré un trabajo a tu lado
como caja
número
tecla
banco
silencio
ticket.

Sí no estás cuando te busque
comeré pizza
te juro que me suicidaré en tomate
y volveré irremediablemente a preocuparme por ella
la que me dejó
de nombre: tortura que no entiendo
que me llama: fantasma
y me golpea en los ojos
que planea escapes mientras llueve
y que distinta a ti no hace pan sino dolor.


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 24 de mayo de 2004 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes