Letralia, Tierra de Letras
Año VIII • Nº 108
17 de mayo de 2004
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Poemas
Concha González Nieto

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En un rincón
se cuentan los dientes dorados del verano

La revancha de las horas era un racimo de seda
en el calor de los patios

Tiempo lento, sol de nido bajo en la mediasombra
de las piedras

Tiempo sin hambre, seno voraz en brazos de un reflejo

Levadura de junio entre los arcos de lo que ya no existe


Toda la noche han segado el silencio
los mismos que un día sembraron la huerta
en el fiel oratorio donde rezan las sombras.

Toda la noche es parir sin descanso
en la más dócil carencia del sueño
y al fin quedarse en la piel que no pesa.

Nada es hasta el grito
nada es un lugar sin el hambre

Ni siquiera los días que encierran lo incierto.

Acallarse

cuando nace la rama

aunque a ciegas nos llame la sangre
y estar vivos, sea

respirar esta luz
que han dejado los muertos

afilados y amargos en la tierra caliza.


alumbra la llaga
sin el cuerpo
quema la forma.
No me señalo
sé que olvido
esta piedra
Luz y Espina


Duermo en el mármol fecundado por la noche
duermo la noche habitada por la luna
en la vulva del día y en los peces calientes
en la seda olvidada del mar
y en la infancia de armarios y lutos

En el pie clandestino que cruza las calles
en los puentes mendigos
en la arteria perdida en las nubes
en el rostro perverso del agua
donde el tiempo devora mis brazos

y en las fuentes con sabor a hoja blanca

Duermo en la negra ventana sin techo
y en la crin que retoza en la hierba.

Duermo      Duermo

terrible y extendida
sobre el increíble zarpazo de la muerte.


Todas nuestras maletas son lejanas
nos las devuelve el mar
escoltadas por la sombra de lo perdido

Regresan sepulcrales como un eco de paja
a la memoria cavernosa de los días

Vuelcan su absurdo contenido en las arenas
sin que podamos reprimir el llanto
ante su vértigo

y las miramos

con los ojos perplejos
de quien no quiere mancharse de silencio.


Me llama como en una pesadilla

Bukowski está escribiendo al borde de la cama
con la cerveza apoyada en el suelo
y los calcetines sucios.

Al otro lado de la calle pasa una estrella
forrada de papeles de periódico

Bukowski escribe;

He visto una estrella vagabunda
venía con su pitillo encendido
y una mancha de hambre en el pecho.


Subterráneas las sombras van cayendo en las aguas
sobre un lecho de luz y silencio varado.
Un racimo de nubes emerge entre los pájaros
que aguardan como esponjas la claridad nocturna.

Ha llegado la hora de los cristales húmedos
que atraviesan las rocas de este jardín sin párpados
ha llegado la luna con su tela esmaltada
escapando al bostezo de las últimas aves.

Y mis manos de musgo se han quedado desnudas
a la espera del ramo que elevase los puentes.
Dos caballos azules, un desteñido soplo
un visillo de hojas sobrevolando el templo.

Y los cisnes, como arpas sedientas de topacios
me han dejado en las sienes un destello de sangre.
Y mi cuerpo de azufre y mis venas de invierno
se han hundido en el fondo de este lago sin tiempo.


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 24 de mayo de 2004 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes