
Letralia es una revista literaria construida sobre la idea de que los amantes de las letras compartimos
territorios comunes a través de los cuales nos movemos en busca de las respuestas que nos exige la vida.
Estos territorios conforman la Tierra de Letras, cuyos pueblos ideales carecen de fronteras y en cuyos
caminos jamás ha habido impuestos o restricciones. En ocho años de recorrer esos caminos, Letralia
sustenta su historia sobre una cosmogonía de ocho elementos.
Los antecedentes
El 12 de agosto de 1988 se celebró la sesión inaugural de la Peña Literaria Cahuakao, un grupo
literario en cuya fundación participamos con otros escritores de la ciudad venezolana de Cagua, en el
estado Aragua. La publicación de un suplemento literario quincenal impreso, llamado Cahuakao,
junto con otras actividades del mundo literario que emprendimos, convirtió a la peña en una de las
instituciones culturales más importantes de la ciudad.
Un año después, dimos los primeros pasos para la creación de una revista que tendría información
sobre la actualidad cultural de Venezuela y que, en nuestros sueños, se prefiguraba como una iniciativa
independiente que daría de qué hablar en todo el país. La revista se financiaría con el patrocinio de la
empresa privada y establecimos unas tarifas publicitarias con las que empezamos a hacer algunos contactos
con amigos empresarios que sabíamos podrían participar en el proyecto.
Pero las crisis económicas suelen ser crueles y el proyecto no cuajó. Los costos crecían
aceleradamente, mucho más de lo que podíamos soportar, así que decidimos abandonar nuestras banderas para
mejor momento. La que esperábamos se convirtiera en una de las revistas más importantes del país se
convirtió entonces en un sueño subyacente. Su nombre, Letrarios,
inspiraría ocho años después el nombre de Letralia.
La fundación
En 1995 hicimos nuestras primeras incursiones en las aguas vertiginosas de Internet. Limitados por los
costos en llamadas telefónicas, nuestro acceso a la red se reducía a un buzón de correo electrónico y
alguna esporádica sesión de navegación que transcurría tan lento como nos lo permitían un módem de
2.400 bps y una línea desastrosa que cortaba las llamadas en los momentos más inesperados.
Sin embargo, Internet representó una decepción para nosotros. Pese a la variedad y profusión de
materiales que podían encontrarse en la red, los únicos recursos que difundían literatura por correo
electrónico estaban en inglés y en otros idiomas. Para acceder a la creación literaria que en ese momento
surgía en otros países de habla hispana, y conocer cómo se escribía más allá de nuestras fronteras,
era preciso acceder al Web.
Aunque en un principio sospechamos que el esperado hallazgo de una revista literaria por correo
electrónico se retrasada a causa de nuestra propia inexperiencia, los contactos con otros amantes de la
literatura nos lo confirmaron: no existía aún revista alguna de habla hispana que fuera distribuida por
esa vía.
Una actividad nada literaria —un seminario sobre virus de computadoras realizado en Cagua, y en cuya
organización colaboramos— nos puso en contacto con otros profesionales del área informática aficionados
a la literatura. También ellos se sentían incómodos con una herramienta tecnológica de tal alcance en la
cual, sin embargo, no existía algo tan necesario como una revista literaria que inundara de literatura sus
buzones.
Una noche afanosa de febrero de 1996 tomamos la decisión de llenar ese vacío. Hicimos una maqueta de
cómo sería la estructura de la revista y diseñamos la L
compuesta por la repetición del carácter ASCII 126 (~) que aún hoy encabeza nuestra edición en formato
de texto. Durante los primeros quince minutos de su existencia, Letralia
se llamó como el proyecto original de la Peña Literaria Cahuakao: Letrarios.
Pero una pequeña concesión a los misterios de la cábala nos hizo pensar que llamar así a la revista
electrónica daría por terminadas definitivamente las esperanzas de publicar algún día una revista
impresa. Se sabe que el nombre de Italia proviene de las raíces eit
(vid) y alere
(nutrir), y que significa región que produce la vid.
Así, Letralia
debería ser la región que produce las letras:
la Tierra de Letras.
La revista distribuiría por correo electrónico textos de autores venezolanos con periodicidad
quincenal. Esa era nuestra única certeza. La localización de los materiales a publicar se haría en un
primer momento mediante contactos directos con escritores a quienes conocíamos por nuestra actividad
literaria, pero en cuanto la revista fuera conocida —y esperábamos que lo fuera— podríamos hacer
contactos similares por correo electrónico. Tras algunas llamadas telefónicas en las que tuvimos que
explicar una y otra vez la idea, armamos la sección de creación con textos de tres autores amigos. Ya
aseguradas las cuestiones esenciales, en marzo de 1996 enviamos a los cuatro vientos el anuncio de que los
escritores venezolanos dispondrían, a partir del 20 de mayo, de un medio nada tradicional para difundir su
obra.
Tales anuncios atrajeron doce suscriptores, lo cual podría considerarse muy poco, pero la presencia de
suscriptores de países ajenos a nuestro idioma nos pareció una buena señal. Había gente que estaba
interesada en recibir literatura venezolana en su correo electrónico. Así, la mañana del 20 de mayo de
1996 fueron enviadas las doce ediciones, una por una como nos lo imponían las características de nuestro
acceso a Internet.
La expansión
Al momento de publicarse la segunda edición de Letralia,
ya teníamos 76 suscriptores. Enviar cada "ejemplar" —por llamarlo de alguna manera— a todas
esas personas fue una tarea harto difícil: ya hemos hablado de los problemas de nuestra línea telefónica,
algo meramente anecdótico pero que llegó a amenazar seriamente nuestras posibilidades de continuar.
En junio, Jesús Sanz de las Heras nos escribió para proponernos realizar la distribución a través de
los servidores de RedIRIS, la Red Académica y de
Investigación de España, un ente que hoy tiene autonomía e identidad propias y que depende directamente
del Ministerio de Ciencia y Tecnología de ese país. La única condición que imponía RedIRIS era que el
rango de la revista fuera extendido: ya no sólo publicaríamos materiales sobre literatura venezolana, pues
debíamos convertirnos en la revista de los escritores hispanoamericanos en Internet.
Tamaña propuesta nos parecía excesiva. Pensábamos que, al no conocer prácticamente a ningún escritor
fuera de las fronteras de Venezuela, anunciar a Letralia como una revista hispanoamericana era al menos algo
falto de honestidad. Pero finalmente el temor se convirtió en el combustible para iniciar con bríos una
empresa de la que ocho años después nos sentimos orgullosos.
En el editorial de nuestra tercera edición, el 17 de junio de 1996, hicimos el anuncio a nuestros ya
más de doscientos lectores: "Letralia nació con la intención primigenia de divulgar el trabajo de
los escritores venezolanos a través de la red. A partir de esta edición, la Tierra de Letras expande su
horizonte para dedicarse a la divulgación de la literatura que actualmente se hace en toda
Latinoamérica".
El Web
Ya para agosto de 1996 la revista era bastante conocida, gracias —en gran medida— al apoyo de
RedIRIS. Por aquellos días, el escritor mexicano José Gregorio Romero, editor de la revista literaria Sextante
—hoy desaparecida—, nos escribió pidiéndonos incluir un enlace de su revista en el sitio de la
nuestra. Desconcertado cuando le informamos que Letralia no tenía presencia en el Web, Romero nos ofreció
un pequeño nicho de cinco megabytes para hacer realidad esta fase de la revista. Así, la octava edición
de Letralia fue también su primera edición gráfica, y circuló el 2 de septiembre de 1996 en el servidor
del canal televisivo mexicano Televisa. "Letralia es desde hoy una revista con dos mecanismos de
difusión", explicamos a nuestros lectores en el editorial de ese número. "La versión texto
seguirá circulando con la misma regularidad desde RedIRIS y la versión gráfica podrá ser visitada en el
servidor de Televisa, en México. Allí alojaremos
igualmente información general sobre nuestra revista y ediciones pasadas".
Desde entonces hasta hoy Letralia tuvo que mudarse en diversas oportunidades. En 1997 saludamos el nuevo
año en el servidor de otro amigo mexicano. Más tarde el crecimiento de la revista nos impuso una nueva
mudanza, esta vez a Xoom.com, un servicio gratuito estadounidense hoy desaparecido (el dominio corresponde
actualmente a un servicio de otra naturaleza).
De ese período es la anécdota que protagonizó Letralia con el servicio redireccionador Monolith —que
permitía reducir cualquier dirección del Web a una más corta—, y a causa de la cual la revista fue
acusada de distribuir pornografía infantil. En una de esas mudanzas, enviamos el anuncio de nuestra nueva
dirección a todos los correos electrónicos relacionados con la revista. Uno de esos correos correspondía
a una persona de Canadá que era tangencialmente mencionada en alguna nota publicada en Letralia. Al recibir
el anuncio, sin saber a qué se refería, el receptor supuso que aquel mensaje en castellano era un spam,
publicidad electrónica no solicitada, algo bastante molesto en los predios internéticos, y consignó una
denuncia ante el servicio redireccionador. Éste nos suspendió el servicio y, cuando un lector de Letralia
intentaba entrar a nuestro sitio, sólo podía ver un aviso indicando que nuestra página había sido
desincorporada del mismo por distribuir publicidad no solicitada y pornografía infantil.
Con la ayuda de la escritora mexicana Georgina Wilson, redactamos en inglés una carta-modelo que
publicamos en nuestra edición del 3 de agosto de 1998, pidiendo a nuestros lectores que la copiaran y la
enviaran personalmente al correo electrónico de Monolith. La saturación de correos que recibió este
servicio surtió el efecto esperado en poco tiempo, y pudimos volver a usarlo hasta que Monolith se declaró
en bancarrota, meses más tarde.
Tales mudanzas ocuparon la mayoría de nuestros dolores de cabeza por todo un año, hasta que llegó a la
Tierra de Letras la ayuda invaluable, y aún hoy sostenida, de Daniel Ginerman, un escritor y empresario
uruguayo, trotamundos como el que más. Ginerman concedió para Letralia espacio en su servidor
AméricaDelSur.com y, más tarde, el 17 de mayo de 1999, celebramos nuestro tercer aniversario como
Letralia.com, siempre con el apoyo brindado por este amigo incondicional.
El valor agregado
Casi desde los inicios de su edición gráfica, Letralia se empeñó en convertirse en algo más que una
revista literaria. Fue así como ya en la edición 11, el 21 de octubre de 1996, anunciamos la creación de
Itinerario, el directorio de enlaces de Letralia, que tiene la particularidad de presentar comentarios sobre
cada sitio incluido.
En 1997, al celebrar nuestro primer aniversario, creamos Editorial Letralia, el sitio interno de nuestra
revista en el que publicamos libros digitales de autores de habla hispana, reafirmando la vocación pionera
de la Tierra de Letras al convertirnos en la primera editorial de ese tipo en Venezuela.
"Hoy hacemos realidad", anunciamos entonces, "un proyecto que hace tiempo nos hemos
planteado: la creación de una editorial electrónica en la cual, tomando el Web como plataforma,
publicaremos el excelente trabajo de los escritores hispanoamericanos en cuidadas ediciones digitales".
Los libros publicados en la Editorial Letralia gozarían de diseño particular y varios de ellos, inclusive,
del trabajo de ilustradores que realzan el contenido.
Más tarde, el 16 de marzo de 1998, publicamos los resultados de una encuesta en la que pedíamos a los
escritores relacionados con nuestra revista que nos explicaran cómo suponían ellos debía afrontarse el
aprendizaje del oficio literario. Así nació Cómo se Aprende a Escribir, nuestro sitio con materiales
formativos.
La última de estas adiciones es Ciudad Letralia, nuestro sitio en el que confluyen plumas de
colaboradores habituales sobre diversos temas. Si Letralia es la Tierra de Letras, la región que produce
las letras,
Ciudad Letralia es su capital.
Sin dar mayores anuncios, nuestros lectores deben prepararse. Más valor agregado será incorporado a
Letralia para beneplácito de los amantes de la literatura.
El sueño profundo
Aunque nunca faltaron las dificultades, en el año 2000 llegaron todas juntas. La crisis económica hizo
que perdiéramos las líneas telefónicas y tuvimos que empezar a distribuir Letralia desde el único sitio
público que existía en aquella época en nuestra ciudad. Más tarde, un cataclismo en el servidor donde
residía Letralia hizo volatilizar nuestros archivos, quedándonos sólo con el respaldo que manteníamos en
nuestro equipo. En algún momento hasta perdimos el dominio letralia.com, con la fortuna de que nadie se
interesó en adquirirlo.
Así, sin saberlo, se inició una seguidilla de circunstancias adversas que nos mantuvo fuera del aire
por tres largos años. Las experiencias vividas en ese período bastarían para escribir un libro.
La reaparición
Durante ese período atravesamos problemas personales, laborales y de salud, pero aprovechamos el tiempo
profundizando nuestra formación técnica y literaria. Nunca dejamos de tener entre ceja y ceja el empeño
por volver a producir Letralia.
Ya resueltos varios de estos problemas, a finales de 2002 logramos establecer contacto nuevamente con
Daniel Ginerman y nos pusimos en marcha. Esperamos hasta julio de 2003 porque consideramos necesario afinar
muchos detalles en la nueva Letralia, especialmente de orden técnico dado que la red había cambiado
muchísimo durante nuestra ausencia. Cientos de revistas electrónicas, algunas de muy alta calidad, fueron
creadas en ese tiempo, y considerábamos que Letralia debía participar en ese medio aportando todo lo bueno
que sus hasta entonces 94 ediciones contenían. Además, era necesario establecer un período de espera en
el cual recibimos los primeros materiales que publicaríamos en nuestra edición 95, la primera de esta
segunda etapa.
Un último escollo surgió poco antes de que lográramos volver a poner en línea nuestro sitio: un disco
duro perdió, en un fallo eléctrico producido por la misma computadora, toda la información de Letralia.
Tanto las ediciones publicadas como varios libros digitales que estaban listos para ser publicados y mucho
material ya preparado para las ediciones que debían aparecer después de la 94. Afortunadamente
manteníamos un respaldo de casi todo el sitio, salvo cuatro ediciones, en otra computadora. De no haber
sido así, nos habríamos visto en la necesidad de empezar desde cero.
El 7 de julio de 2003 Letralia reapareció lozana y aquí está, nuevamente, ante vuestros ojos. Con
dificultades, igual que siempre, pero nuevamente ante vuestros ojos.
El futuro
"En esta, nuestra primera edición, no podemos asegurar nada. Tan sólo anunciaremos que nuestra
intención es apoyar a la literatura como arte, sin mayor complicación y sin el absurdo del compromiso.
Sólo queremos que nuestros lectores queden satisfechos al terminar cada viaje quincenal a través de la
Tierra de Letras".
He ahí nuestra visión del futuro, que aún se mantiene. Aunque obviamente tenemos planes y seguimos
desarrollando la Tierra de Letras, ignoramos lo que el futuro nos traerá. Pero, sea lo que sea, estará
enmarcado en esos lineamientos, expresados en ese párrafo de nuestro primer editorial, y que se mantienen
hoy, a ocho años de esa edición.