Letralia, Tierra de Letras
Año IX • Nº 109
24 de mayo de 2004
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Letras
Mi sombrero de copa
o La parábola del Señor

Yván Silén

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No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca;
corrige al sabio y te amará. Da al sabio, y serás más sabio...
Proverbios 9: 8-9.

Mis amigos no me regalaron una copa,
ni un’aguja,
ni un dedal.
Ni gritaron mi nombre debajo de la ducha.

Mis amigos no se vistieron de buzos,
ni subieron a la cruz en un ascensor vacío,
ni babearon el nombre de Jesús en una guagua,
ni vendieron margaritas,
ni se
vinieron
místicamente
d
e
t
r
á
s
de las copas
de la iglesia.

Mis amigos olvidaron mi sombrero
y no escupieron el agua bendita,
ni vendieron condones
en las sinagogas de Manhattan,
ni pidieron limosnas
en las estaciones del subway.

Mis amigos no estuvieron en New York.
No estuvieron en el Ser.
Ni estuvieron en la Nada.

Mis amigos son pobres,
polichinelas,
oscuros como reyes,
buenos como idiotas,
aparecidos, irreales,
y se quitan las muelas,
las sombras,
los espejos,
los pellejos,
los caballos
y los guardan en las vulvas
de oscuras muchachas
que contemplan
la luna.

Mis amigos olvidaron el sombrero
y no se arrojaron en paracaídas
ni en las escupideras del Papa,
ni poseen los harenes
de niñas maltrechas con las vulvas deshiladas.
Mis amigos comedores d’espadas,
comedores d’espinas,
d’erizos
(sufren las fiebres azules —
las mariposas de lata—)
en sus columpios d’Edipos.
La muerte sufre de cal
en el derrumbe de todos los valores.

Mis amigos fetichistas,
sadistas,
socialistas,
anarquistas,
olvidaron el Ser y el tiempo,
en El ser y la nada.
Mis amigos,
hijitos de la puta,
infinitos,
cabroncitos
asecharon mi muerte
en la cuchara de miel-(da)-de-la-risa,
en la cuchara de pus
olvidaban
las palabras del amor
i
n
f
i
n
i
t
a
s.

Mis amigos son luminosos como sombras
aunque jinchos sean y
se pinten las pecas
en los bichos deshechos, o
en los secretos de las madres:
las escobas,
las agujas, las tazas,
la manteca, la hostia,
la flema, la pega.

Mis amigos
Rebuznan en las redes
cada vez que publico
un poema de amor,
un pensamiento que vuelve por la sangre,
un mal dibujo
deshecho de la madre.

Mis amigos
ocultan la muerte
en un monje asesino,
en un monje cristiano,
en un monje budista:
cadáveres nuevos,
sombras añejas,
apariciones bermejas,
que no conocen mi nombre,
ni la
ira de Dios
que lo edifica.

Mis amigos
(traidores del alma
en la congestión de los santos
--poetas en ruinas con dolor de cabeza;
filósofos de la nada en la verborrea del verbo,
teólogos de lata,
de lapa,
promiscuos,
indecentes de la dicha,
del pobre corazón envenenado —
¿dónde tú, ¡oh, portavoz!, de Derrida, en el salón de clase?:
¿Dónde la gloria de morir?—).
La multitud d’excusas
de los que s’empujan por el culo
santateresamente
en la casa de Señor el día 20 de agosto
del año 2003:
¡Teólogos de la chusma!
Yo también levanté
(calígulamente)
un caballo en el Senado
contra ustedes.
¡Nadaístas de la nada!
¡Nadaístas del ser!
¡Filósofos, de la inmovilidad en las letrinas!
¡Escritores de subasta!
¡Oh, amigos míos de la náusea!
¿Dónde está mi sombrero copa?
Yo también dispararé contra ustedes
en los paredones del cielo,
poetamente y loco,
absurdo y olvidado,
dispararé contra ustedes mi trabajo robado,
mi fama y la madre robada,
y edificaré, ¡amén!, vuestros nombres
contra las calumnias de la madre
que dijo en el
Domingo de Resurreción:
"un poeta mediocre serás
toda tu vida".

Yo me sublevo añeja,
tardía y bichamente
contra las palabras de ustedes.
Pobrecitos míos, cristianos del prepucio
contra los médium,
contra las tetas, los tecatos y las putas y
las niñas que traficaban alfileres
en las vulvas amarillas.
Niñas que traficaban las lenguas
(el horror)
entre los besos
como un Caballo de Troya.
(Aquiles ha disparado contra el corazón de Héctor
para que mane la ternura de las novias,
pa’ que mane maná,
pa’ que mane agua de sapo —
futuro príncipe en los ojos de Narciso:
¡Oh, Matria mía, oscura,
sifilítica o sidista,
yo te festejo y t’edifico
contra la soledad del mundo!)

Yo tuve un amigo,
un galán de la cultura
en su payama de preso.
Un amigo con su plato de lentejas
debajo del sobaco.
Un amigo héroe edificado
debajo
de la lengua
nabucodonosormente
como un Cristo de Trapo,
un amigo ebrio,
amanecido,
culipandeando
contra toda la canalla de la crítica.
Un amigo que sabía
que bordeaba
(una cuchara de cal y
una cuchara de oro)
contra el filo del cuchillo de plata.

Yo soñé un Día Terrible
con mi Sombrero de Copa,
aliciamente roja soñé
que mis amigos me plagiaban.
Yo soñaba una casa de mariposa de flores,
y un otoño sembrado d’espejos
y un Cristio-Albizu
crucificado
místicamente
en los erizos y en las vulvas.

Yo era loco entonces y mis amigos
eran ágape, ascua y asco,
y maná de la mente.
He sido loco eternamente:
una idea de monstruo en la utopía
robaron oscura, rosa,
en los ocasos,
en el amor robaron
la luna que alimentaba de piedras.
En mi jaula robaron la ternura
que alimentaba de ojos,
de ajo,
de ajuar
de Novia
en los pantanos del petróleo.
Yo era solito, tullido, incierto,
un niño siempre
a la sombra de un gallo amarillo
espuela en mano,
falo en mano,
fuego en mano del Altísimo,
como el flamboyán ardiendo entre las lunas.
Yo era de luto,
de llanto y humo blanco era
en la mirada de la madre
que nanaba
caperucita muerta
a la puerta del lobo.

Yo era el Dragón chino
de la mala suerte en los insomnios,
fumando cristales,
ruiseñores,
amapolas,
pezones de oro,
sortijas de plata.
Yo vivía debajo de mi sombrero de copa
(hagamos, Señor, un pabellón
hasta el día postrero
en que la carne se levante
vestida de Novia).
Mis amigos titubearon y
escondieron el sombrero de copa
debajo de los muertos.
(Sólo Néstor me siguió
a la alucinación del Poeta reencarnado:
Nihilita estaba alucinada —
René Marqués me odiaba
en las letrinas de las locas
y Edwin y el Topo
s’escondieron en los baños socialistas.

(La verdad es terrible como una muchacha
que se acuesta jacobmente con su padre.)

Furiosa la burguesía
m’escupieron el ojo izquierdo de la muerte,
el ojo siniestro del luto de la madre
(los políticos, esa plebe del espíritu,
me lanzaron moisésmente
de las puertas de San Juan
y me hicieron navegar
desempleadamente
el Atlántico
[mejor que el Mediterráneo]
en mi velocípedo de plata.
Yo fumaba y fumaba
y fumaba
para no morir de tristeza
o de nostalgia
{un ángel amaneció en el bidet de la madre}
y navegaba sin maná el desierto
de Dios de la carne mía
prestado,
hipotecado,
mariposas de alambre,
verso a verso,
contra el idiota del espejo.
Y Dios sobre mi hombro, oscuro, León Felipe,
como un demonio, decía:
"¡Arre, arre, que vamos
hacia la fama del olvido!".

¡Oh, el pico de oro de mi falo
en el corazón de tus labios!
¡Oh, la rosa de Cristo
en la vulva de tu alma!

Mis amigos oscuros,
maricones a veces
(estoy pensando en ti, Ramos Otero),
me robaron los versos del bolsillo ceniciento,
me robaron el alma
de la cartera de Alicia
y la burguesía
l
e
v
i
t
ó
excrementosamente
contra todos los crucifijos de lata imaginables.
Pero Dios, el Señor,
estaba conmigo a la diestra del Padre.
Dios me tautologizó y me cruzó
carontemente delante de los filósofos
y los poetas que callaron
como si hubieran visto al demonio.
Pero el Señor es paciente
como la nada.
El Señor es soberbio como un Pavo Real
e irónico como una Novia que se desnuda
delante del Amado.

He aquí yo estoy a la diestra
de mi muerte y poseo el tiempo inconfundible
para regresar a Matria y
llamar oscuro y anheloso,
a la revuelta del cielo
contra la tierra.

Mis amigos,
cuando me besan en la boca,
sienten el ascua de Dios
en el asco de sus bocas.
Mis amigos,
sembradores del sombrero de copa,
sembraron el silencio contra mí,
pero se olvidaron
de quemar mi Caballo de Troya.
Y yo tuve compasión
como un asesino en medio
del delito de mi boca
y recé a Ti poéticamente
con pasión y temblor
y dije así:
"Ten compasión de mis amigos,
porque mis amigos no existen.
Ten compasión de la muerte,
porque la muerte no existe.
Ten compasión de los filósofos,
porque los filósofos no existen".

Yo edifiqué el terror
de los niños contra vosotros.
Yo edifiqué la mala suerte
como un árbol y escribí este poema
como un santo
que sube a su patíbulo.

¡El Señor está delante
de nosotros como una Novia!

¡El Señor se ha sentado en mi cabeza
con Su sombrero de copa..!


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 7 de junio de 2004 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes