| Nota del editor |
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Esta obra, calificada por su autor como de "teatro mínimo", fue estrenada en marzo de 2001 durante el certamen "Presencia Artística Universitaria", en la Universidad Autónoma de Baja California (México), con interpretación, dirección y efectos especiales de Inés María Pérez Soto. Además ha sido interpretada en 2002 y 2004 por Teófilo Calle e Idilo Cardoso, respectivamente. Hoy la presentamos a los lectores de la Tierra de Letras.
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Personaje único: Un hombre viejo
Entra una música de órgano que irá descendiendo hasta quedar como fondo. Sólo al final subirá de
volumen. Un foco cenital ilumina a
Un hombre viejo que, vestido de negro, se encuentra arrodillado en el centro de la escena).
UN HOMBRE VIEJO (Mirando hacia arriba):
Pues... ¡qué quiere que le diga! Es cierto, no me acuerdo de la última vez, quizá haga... ¡varios
años! (Pausa, un poco enfadado).
Ya, ya sé que en potencia todos somos pecadores, que el pecado es humano, que la misericordia divina lo
perdona, y todo eso, pero... es que yo no sentía la necesidad de hacer un acto de contrición; nada me
empujaba a considerarme culpable ni pecador. Por eso nunca me preocupé de este momento. Mire... por
ejemplo: yo nunca robé, jamás me apropié de lo que no era mío. La verdad es que me daba miedo que me
pudieran coger, ¿sabe? Creo que si no lo hice fue por falta de valor, pero... ¡bueno!, no lo hice y eso es
lo que cuenta, ¿no es así? Tampoco tuve arrebatos de ira, yo soy de un pacífico que asusta. (Pausa.
Como si escuchara a alguien que le habla).
¡No!, en absoluto, la gula no fue un defecto en mí; como tenía el hígado mal, un principio de úlcera de
estómago... pues ya sabe: a régimen de comidas de toda la vida; por lo uno llegué a viejo y por lo otro
estoy aquí, aunque algún familiar piensa que los médicos se descuidaron en el quirófano. (Pausa)
¡Y el alcohol también me lo prohibió el médico y (Sonríe)
no, no fue ningún problema no tomarlo; una vez lo probé y me supo a rayos. (Hace como que escucha a una
voz que no se oye)
¿Cómo dice? ¿que si, a pesar de mis años, no he caído en... la lujuria? Mire... es que desde que me
enteré de las enfermedades que podía acarrear... ¡me asusté! Además... cuando lo "hice"
fue... digamos por puro trámite, por necesidad fisiológica, nunca con el recochineo ese que... dicen que
es la lujuria. (Pausa. Se pone en pie)
Perdone... ¿no le importa que me ponga en pie? Es que a mi edad... Pero aunque usted me vea ahora así,
como cansino, no he sido nada perezoso ¡en absoluto! Siempre fui diligente, activo, trabajador... (Pone
el oído como si estuviera escuchando
) ¿Envidia? ¡Nada! De siempre me arreglé con lo que buenamente disponía... ¡los envidiosos eran los
otros! los que me miraban con malos ojos porque veían que yo nunca me enfadaba, jamás monté en cólera...
¡por mucho que me fastidiaran! (Pausa. Mira a los lados como para comprobar que no le observa nadie. En
tono de complicidad)
Mire... yo creo que esto lo podíamos resolver fácilmente... como yo estoy aquí por una inexorable
situación, como quien dice... ¿no? (Con gesto de enfado).
¡No!, ¡no!, si ya me lo dijeron: "¡que cuando llegue el momento tendrás que comparecer! ¡que te
juzgarán!", pero... ¡qué demonios me van a juzgar si no he hecho nada malo! (Reparando en que ha
dicho la palabra "demonio").
¡Uf! me parece que me he pasado, que he nombrado la soga en casa del ahorcado, ¿no? (Con picardía),
porque supongo que pronunciar aquí la palabra "demonio" no debe de estar bien visto... a fin de
cuentas fue él quien le quiso hacer la competencia... ¿no? (Pausa. Ríe con ingenua maldad).
He metido la pata, ¿verdad? ¡Si es que siempre fui un tonto, un inoportuno, un patoso! Nunca pequé, ¡eso
es! ¡Nunca cometí pecados! Pero no por virtud, sino porque me daba miedo el infierno, ¡así es!, ¡me
daba miedo el infierno!, ese lugar siniestro del que me hablaron en la escuela (Pausa)
y ya lo ve... a mi edad me encuentro aquí sin más bagaje que... ¡no ser pecador!, a lo mejor mi gran
culpa ha consistido en no haber sabido ser feliz. ¿Usted qué cree?
(Sube el volumen de la música de órgano y se oye una voz, potente, como del más allá, que grita):
VOZ: ¡Vete al infierno!
OSCURO