Banqueros, comerciantes e industriales que, abrumados por el alto costo de los salarios, se veían a un
paso de la bancarrota, vuelven a respirar gracias a una técnica que promete otra revolución industrial: el
polidextrismo.
En el verano de 2001, el doctor Sangonera, psicólogo especializado en creatividad empresaria, observó
que una secretaria a la que había visto escribir sus notas taquigráficas con la mano derecha estaba
valiéndose de la izquierda con total destreza. "Soy ambidextra, doctor, y como mi mano derecha está
recalcada por un resbalón que tuve al salir de un motel, utilizo la otra mano", explicó la
secretaria.
A partir de aquel día, el doctor Sangonera inició una investigacíón, para lo cual tuvo el decidido
apoyo de importantes entidades empresarias que respaldan todo proyecto que tienda a realizar en su plenitud
las potencialidades humanas.
"Fue una experiencia fascinante", dice el científico. "A medida que progresaban nuestros
experimentos, nos dimos cuenta de que no sólo todo el mundo puede aprender a utilizar ambas manos, sino que
es posible emplear la mano izquierda para una tarea y la mano derecha para otra simultáneamente".
Estudios posteriores demostraron que se puede entrenar a un empleado para que con un ojo lea una página,
en tanto que el ojo restante mira otro documento y ambas manos trabajan cada una sobre un teclado distinto.
El doctor Sangonera dice: "Resulta excitante comprobar cómo puede desarrollarse la productividad de un
individuo. Exactamente como si se agregaran terminales a una computadora".
El polidextrismo, como el doctor Sangonera denomina a la revolucionaria técnica, atrajo pronto la
atención de muchos empresarios, quienes entusiastamente hicieron entrenar a su personal. En la actualidad,
todos los días se abren nuevos cursos de adiestramiento. Un ingenioso financista llegó a adaptar su
conmutador telefónico de modo que su secretaria, mientras procesa un texto en una computadora con la mano
izquierda y carga información en una base de datos con la derecha en otro teclado, puede manejar el
conmutador con los pies. "Claro está, sólo tenemos cuatro miembros", advierte el doctor
Sangonera.
Gracias al polidextrismo, muchos empresarios lograron apreciables recortes en sus costos salariales. Con
todo, al principio surgieron algunas dificultades importantes; tras varias semanas de trabajo con el nuevo
sistema, un porcentaje elevado de trabajadores presentaban problemas tales como delirios, alucinaciones y,
en algunos casos, ataques de furia o intentos de suicidio.
"Nos inquietamos bastante, pues en algunas empresas habían decidido volver al antiguo sistema y
retomar a los despedidos, lo cual amenazaba el porvenir del polidextrismo, pero descubrimos que, con 5 o 6
miligramos diarios de Keopsina —una droga hasta entonces empleada casi exclusivamente por los veterinarios
de circo—, por vía parenteral, desaparecía la mayoría de los síntomas", explica el doctor
Sangonera. Actualmente, no se presentan mayores inconvenientes de adaptación, salvo un ligero temblor de
las extremidades inferiores y algunos problemas en el habla.
"El polidextrismo constituye una importante victoria del hombre sobre la máquina", dice el
doctor Sangonera, quien vaticina atrevidamente: "En los próximos años, veremos cómo muchas
industrias reemplazarán a costosos robots por económicos trabajadores humanos".