El 9 de junio falleció en Montreal el periodista filipino Tony Fernández.
Nosotros formábamos un grupo pequeño de periodistas que nos reuníamos anualmente para cubrir algunas
de las actividades artísticas de la ciudad. A Tony me lo había presentado el gran hispanista don Manuel
Betanzos Santos.
Tony había nacido en Filipinas, de padre español y madre filipina, y fue ese aspecto el que me hizo
escuchar con suma atención todas sus historias acerca de ese padre que él admiró tanto. Sus relatos
hacían imaginarme a mi abuelito, hijo de padres españoles, nacido en Venezuela, que no tuve la suerte de
conocer. Tony me contó en una oportunidad que su señor padre cada vez que llegaba a Filipinas después de
un largo viaje, iba a la iglesia para darle gracias a Dios por haber tenido un viaje sin contratiempos. Esa
fe yo la celebraba y le decía a Tony que eran costumbres sanas, importantes.
Tony ganó una beca para cursar estudios universitarios en Madrid, y fue allá donde se graduó de
periodismo. Después viajó a los Estados Unidos donde conoció a la que se convertiría en su señora
esposa; más tarde ellos se radicaron en Canadá, tuvieron un hijo que hoy estudia en la Universidad
Concordia.
Tony vivió en Manila cuando los japoneses intentaron adueñarse de la ciudad; sus historias de ese
período resultaban extraordinarias, porque el factor supervivencia jugó un papel importante. Pero lo que
de verdad nos mantuvo en comunicación fue el castellano; teníamos en común el idioma español y la
religión católica, suficiente para alimentar una pequeña fraternidad.
Aunque todos los del grupo hablábamos mas de un idioma, el español era el que todos escogíamos para
nuestra comunicación. Siempre intercambiábamos alguna palabra nueva con la finalidad de progresar en el
idioma. Él siempre respetó mi admiración por los otros idiomas, en alguna oportunidad hablábamos de
lingüística, las raíces latinas del italiano, portugués y español.
A través de Tony supe que el idioma de las Filipinas era el tagalo pero que existía toda una literatura
hispana en el país.
Vamos a extrañar al buen amigo Tony, una persona respetuosa, amable, cortés. Fue un gran hispanista que
siempre habló del idioma con orgullo aquí en el Canadá. Tony permaneció fiel a sus raíces españolas y
se mantuvo hablando de él para que las personas que lo escucharan despertaran deseos de aprenderlo.
Descansa en paz, apreciado amigo, te extrañaremos mucho aquí en Montreal.