Tal parece que el III Congreso Internacional de la Lengua Española, a celebrarse en la ciudad argentina
de Rosario entre el 13 y el 17 de noviembre de este año, tendrá un desarrollo bastante movido. Cuando
todavía faltan poco menos de dos meses para su inauguración, el evento ha levantado ya su buen rosario
de polémicas.
Además del ya aparentemente superado impasse
ocasionado cuando se supo que la
lingüista argentina Nélida Donni de Mirande había sido borrada de la lista de invitados, el congreso
se ha visto incidido por adversidades de tonos y tamaños diversos.
A principios de este mes, las autoridades de la Real Academia Española de la Lengua y del Instituto
Cervantes —los entes convocantes del evento— hubieron de salirle al paso a las declaraciones del
académico cubano Humberto López Morales, quien como secretario general de la Asociación de Academias de
la Lengua Española participa de la organización y llegó a poner en duda su realización por falta de
fondos.
Pero el que lució por estos días como el mayor escándalo relacionado con el congreso fue el
relacionado con la ausencia de García Márquez. Lo curioso de esta historia es que se trató de un
escándalo propiciado más por desconocimiento de la prensa, y antes de funcionarios argentinos, que por una
causa real.
En principio, Magdalena Faillace, subsecretaria argentina de Cultura, explicó la razón de la anunciada
ausencia del escritor endilgándole la responsabilidad al conjunto de las academias, ya que éstas debían
encargarse de la confección de la lista de invitados. Dijo incluso que el presidente de la Academia
Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, había declarado que para qué invitar a García Márquez, "si
él dijo que no va a visitar nunca Argentina". Tanto Barcia como Víctor García de la Concha,
presidente de la Real Academia Española, desmintieron a la funcionaria.
La prensa, ávida de bombazos noticiosos, relacionó de inmediato la anunciada ausencia del Gabo con sus
denuestos sobre haches rupestres
y otros aspectos de la gramática castellana que en el primer congreso, celebrado en Zacatecas en 1997,
llegó a calificar como terroríficos, poco más o menos. Un hecho extraño, dado que tales consideraciones
sobre la gramática ya han sido esbozadas antes por mentes tan remotas como la del venezolano Andrés Bello.
Se llegó a decir que el autor de Cien años de soledad
no iría nunca a Argentina, quizás basándose en declaraciones que hizo alguna vez, en las que se negaba a
ir al país sureño hasta tanto terminaran sus sucesivas dictaduras, primero, y el gobierno de Menem, más
adelante (Vargas Llosa, a la sazón, ha dicho que no va porque recibirá un doctorado honoris causa
en La Sorbona, pero además porque no está de acuerdo con el gobierno de Kirchner...).
Sin embargo, las declaraciones de García de la Concha días atrás fueron categóricas: García Márquez
no fue invitado al congreso porque simplemente él no asiste a estos eventos. Dice ser tímido, y que fue al
de Zacatecas porque, al realizarse en México, le resultaba sencillo asistir. Finalmente, el presidente
Kirchner ordenó que se enviara la invitación a García Márquez, aunque dadas las razones expuestas el
escritor no asistirá.
El escándalo tuvo su repercusión, pese a su génesis de infundio. El escritor portugués José Saramago
se quejó públicamente de que no invitaran a García Márquez y dijo que si no iba el colombiano, él
tampoco iba. De inmediato otros escritores reconocidos se sumaron al rezongo del portugués y dijeron que
reconsiderarían su participación en el congreso.
Mala nota para un evento que ha sido calificado como el de mayor asistencia de autores consagrados. O
buena, quizás, pues en un encuentro como este lo interesante podría estar más en la participación de los
escritores, habitantes divertidos de la Tierra de Letras, que en la de los académicos, no sin justicia
acusados de almidonar el cuerpo vivo de la lengua.
| Post-Scriptum |
Ninguna poesía ha calmado el hambre o remediado una injusticia social, pero su belleza puede ayudar a sobrevivir contra todas las miserias.
Jorge Teillier, "La experiencia poética" (1968).
|