Traductor
de silencios
Adolfo Marino Ponti
Colección Nuevohacer
Grupo Editor Latinoamericano
Adolfo Marino Ponti es un traductor de silencios. Descifra melodías naturales. Trabaja la palabra con
finos cinceles de fuego. Su decisión literaria es equivalente a la del viento cuando traduce la herida de
una rosa.
Crash
materializa el despertar de la palabra, hace de ese despertar el libro con que sueña todo poeta. Un libro
donde se puede correr libremente por sus calles, donde, en la sombra de su melancolía, encontramos el
refugio seguro a tanto desamparo: "Ahora soy / un mago sin barajas / dejo caer una lágrima / y el
poema / se convierte en llamaradas / como un granado / que arroja sus perlas / para herir a la
tristeza".
En sus páginas cantan ruiseñores; santos y rapaces protagonizan la épica de su discurso; tenues
lluvias musicales recorren los versos haciéndonos meditar, mostrando la belleza en su estado más puro. Nos
lleva de la mano por un paisaje fragmentado, atravesado por una posmodernidad vivencial, cuyos efectos
hieren, despedazan al hombre en su tiempo y resignifican su historia. "Nuestros héroes / son
jóvenes e imberbes / con la gloria / tornándose bronce / y el bronce / tornándose mártir".
Desde un presente cruel, Crash
es efecto poético de la ruptura que provocó la globalización, "el poema es ahora una pata de palo
/ un perro / con su garganta llena de lluvia / y dentro de la lluvia / pétalos / como sonoras campanas
destruidas..."
nos dice en uno de sus versos para aludir al quiebre que provocó el paradigma neoliberal cuyas
ramificaciones no eximieron al lenguaje de tales desastres. Desde esta perspectiva traduce la barbarie, con
un lirismo sublime, para denunciar el ejercicio inhumano de quienes detentan el poder, "seguiremos /
al cerámico tam tam / de nuestros pasos... / Gabriel Tupac Amaru / vendiendo flores / por un billete de
romance...".
Sus versos operan en el texto como un bisturí que acicala una flor sin lastimarla. Aquí reside la cualidad
de su poética, la destreza de su oficio. La navaja de su escritura deja incisiones de luces, "Soy
el que tiene la pierna rota / la memoria vendada / un relámpago en la mano".
Adolfo Marino Ponti labra con paciencia y romanticismo su diamante-poema. Es así como dice en uno de sus
versos más felices, voy a prender un fósforo en tu alma / y te encandilaré".
Cegados por su luz, después de leer este libro iremos por la vida encandilados
de belleza y atormentados de poesía. Crash
nos deja la reflexión clara, sorda, que nos golpea el alma: la vida sin arte es un golpe de nada sobre el
corazón.
Las
tres monedas de la ira
Victoria Paulesu
Colección Nuevohacer
Grupo Editor Latinoamericano
"Yo voy apresuradamente hacia aquel sitio de
donde regresan los incendios".
Zoé Valdés.
En Las tres monedas de la ira,
primer libro de Victoria Paulesu, asistimos a una poética que se erige desde la conceptualización de la
belleza. No hay futilidad en sus palabras, sino intensidad de sentidos, revelación de lo ominoso, donde la
razón opera en el discurso como un filo constelado para formular una estética, cuya virtud reside en
desmaterializar el lenguaje instituido.
Bautizada en el nombre de su propia escritura, nos dice en el texto que da título a su ejemplar. "Monjas
enclaustradas en bellísimos paisajes, cantan con voces de ángeles / y sus oraciones / trascienden
inalterablemente diabólicas... y tu pequeño meñique no puede sostener las tres monedas de la ira".
Cuando la poesía no necesita golpes bajos, cuando reflexiva contempla un suicidio de flores y toma las
voces dispersas por el viento que se trastocan en cristales rotos, nos enfrentamos a la divinidad en su
estado natural. Paulesu nos hunde en un río metafísico de alucinaciones terrenales, donde la palabra
empieza a romperse por obra del juego poético, a deconstruirse para construir, a armarse de protesta para
tomar posesión de seres condenados por el Hades contemporáneo. Los marginados, los olvidados, los muertos,
los irreconciliables con el sistema, son los protagonistas de su obra, "Padre, renunciaremos a
perpetuar una especie maldita / pero nada serán sin nosotros / sin nuestros mutantes y perversos vástagos
/ necesitarán de su abordaje original / malsano / para sostener un mercado que no cesa".
Como lectores atentos no podemos quedar indiferentes a su mensaje, o participamos del dolor o salimos
afuera, donde la poesía sigue siendo sólo una linda palabrita.
En el universo de Victoria Paulesu sus versos son rayos, pétalos candentes buscando del lector, su
conciencia. Sin fisuras, sin caer en hondos abismos de retóricas altisonantes, Paulesu camina por la arista
del lenguaje sin temor a lastimarse. Su léxico la recibe, se deja transformar, para renacer como un puente
de pureza. Es equilibrista sin red. Camina dentro de la poesía, respira de ella, es el grito dentro de la
soledad.
A bordo de un barco sin tripulantes, Victoria Paulesu, embajadora de los ecos del silencio, escribe desde
el dolor, desde el sacrificio de la belleza para ofrendarnos su alma.
Podemos decir en palabras de Olga Orozco: "De estas aguas no beben las bestias del olvido".