Poeta es ese extraño cazador que sólo da en el blanco cuando el pájaro salta, libre.
Poesía es incorporar, no destruir, tener la sospecha de que aquél que no es como nosotros tiene quizás un
secreto de nuestro hombre.
Fina García Marruz.
Tanto se ha preguntado el
hombre a lo largo de su existencia, aquí, en la Tierra. ¿Cuál es el motivo por el que está aquí? ¿En
dónde se encuentra su ser superior? ¿Por qué está solo? Son cuestiones tan complejas que se siente
atraído por su naturaleza axiológica, que pretende dar paso a una serie de estipulaciones que enmarcan a
su sociedad a través del mismo proceso en el que se encuentra él. Como hombre destinado a la poesía
siente que "el arte y la literatura no pueden existir sin una comunión mínima con los hombres que
entran en contacto con ellos, sin una especie de ‘emoción’ o ‘sentimiento’ que nos golpea y nos
hace cobrar conciencia del desmesurado espacio de ser hombre"
(Espejo, Miguel: 1984, 15).
En esta comunión todo sigue un curso, nada se queda estático, ni siquiera en la memoria, y cuando se
recurre a ésta todo lo acumulado se recuerda a través de movimientos. Todo forma parte del Orden. De ese
Orden Cósmico matizado de grandes estructuras que se reflejan a través de diferentes circunstancias, una
de ellas es el arte, el arte de la poesía.
Por tal motivo el hombre se vuelve más profundo, íntimo, contemplativo siempre en duermevela. El hombre
debe estar en comunión, en constante celebración con la palabra, el silencio, el movimiento, lo estático,
etc. El poeta asumir su debilidad ante la Palabra, manifestarla a como ella quiere. Esta misión se refleja
en un viaje interior, una auscultación que permita contemplar la esencia del ser dentro del ser y que el
viaje sea más allá del interior, en donde se encuentra el Silencio, génesis de las Palabras. Por eso el
poeta "cree en su propia importancia, en la importancia de su palabras y de sus ánimos, en la
dimensión única de sus afectos"
(Espejo, Miguel: 1984, 160), exponiendo sus emociones y sentimientos en el orbe de la humanidad y sobre todo
una explicación congruente a esas cuestiones que le corroen el alma.
Para César Vallejo, Trilce
forma parte de una evolución poética en donde comprende todas las razones por las que está en este mundo.
Como sujeto lírico se adueña de infinidad de motivos para dar forma al cambio que hace después de Los
heraldos negros.
Una relación de sentidos herméticos hacen resaltar y comprender por qué se realiza la evolución en: "Hay
golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! / Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, / la
resaca de todo lo sufrido / se empozara en el alma... ¡Yo no sé!
(Vallejo, César: 2002, 17).
El dolor profundo hace ecos en el alma retumba y trastoca la sensibilidad del poeta, combina cuantas
posibilidades tiene para crear y plasmar palabras sumamente acrisoladas. De ser un hombre de carne y hueso
se transforma en perfección ecuménica, cabalística, incaica. En los primeros dos versos del primer poema
de Trilce: "Quien hace tanta bulla y ni deja / testar las islas que van quedando".
Debido a que ha encontrado ese estado de perfección suele, el sujeto lírico, callar a todo aquél que hace
ruido, porque necesita unirse, encontrarse con el silencio, celebrar la palabra en el génesis del mismo.
Como dice Fina García Marruz: "Escribo con el silencio vivo". César, como sujeto lírico, no
lo expresa, actúa en el silencio, bebe la savia de él, sabe que antes del Verbo está el Silencio y que a
partir de ahí se forma la tan codiciada palabra, ese logos
que distingue a los hombres como seres humanos, esa pequeña explosión de sentimiento que el sujeto lírico
vuelve estética. Todo se torna en un presente. Y este presente se hace permanente, eterno, perenne. Todo
fluye en torno a la misma idea de encontrarse en la eternidad.
"Un poco más de consideración / en cuanto será tarde, temprano / y se aquilatará mejor / el
guano, la simple calabrina tesórea / que brinda sin querer, / en el insular corazón, / salobre alcatraz, a
cada hialoidea grupada".
El juego del tiempo es importante para el sujeto lírico y que va aunado a niveles ontológicos, obsérvese
que en el primer verso los verbos están en presente, "hace" y "deja", seguido del
segundo verso con una perífrasis verbal, "van dejando", de acuerdo con el Diccionario de
retórica y poética
de Helena Berinstáin (2001, 395), que de cierta manera ofrece un tiempo en permanencia, que nunca se va a
terminar. Por su parte, en la segunda estrofa, en el quinto verso, el verbo está en futuro,
"aquilatará", y en el séptimo es "brinda". Este juego entre el presente, de cierta
manera el pretérito y el futuro, forman la perfección del poema porque está utilizando los tres tiempos,
símbolo numérico importante en el desarrollo de todo el poemario de Trilce,
pues todos los poemas se rigen bajo la misma temática.
Hacer lúdica la transformación del tiempo para el sujeto lírico, es decir, jugar con los tres primeros
tiempos, es hablar siempre de la presencia, de quedar en eternidad de involucrar lo ontológico con el
silencio, con la palabra, con la sensación, con la cuestión, con el orden y, sobre todo, con la esencia de
poeta, como dice Heidegger: "Apenas nombramos esta palabra [el presente] y ya estamos pensando en el
pasado y en el futuro, el antes y el después, a diferencia del ahora"
(Heidegger, Martin: 2000, 36). En los últimos seis versos: "Un poco más de consideración, / y el
mantillo líquido, seis de la tarde / de los más soberbios bemoles. Y la península párase / por la
espalda, abozaleada, impertérrita / en la línea mortal del equilibrio".
Los versos están agrupados por tercetos, lo cual indica que en términos numéricos el tres equivale al
Silencio, al resultado del principio masculino y principio femenino que es el hijo, el principio de
función, transmutación y manifestación, es el número madre de la música, de ahí que el sujeto lírico
mencione: "de los más soberbios bemoles",
y que además es maestro de la geometría, razón de la virtud y síntesis del intelecto. En otras palabras,
de Fina García Marruz: "Una creación viviente no es nunca el resultado de sus elementos formadores
sino ese espacio a que se adiciona un número desconocido",
ese número desconocido es el que conduce al centro de donde brotan las palabras, el silencio, el silencio
triangular en el que se desenvuelve Trilce.
Trilce
es la representación geométrica de los triángulos, el resultado de aquel silencio que tanto exige el
sujeto lírico en el primer verso y que buscando las figuras geométricas en el esquema de pies métricos,
los triángulos se encuentran atiborrados de bullicio, como es obvio los tónicos los interpreto como sonido
y los átonos como silencio, situación que me ha permitido evolucionar el estudio del poemario. En este
primer poema la mayoría son triángulos escalenos y equiláteros invertidos o reflejo de su estado, o sea
en su forma convencional. Todo ello me ha llevado a analizar que al iniciar el poema son dos versos
solamente, esto me induce a entender que hay una aguda intuición por parte del poeta, que tiene gran
capacidad de pensamiento y que por ello necesita, como ya lo mencioné, actuar en el silencio y beber la
savia, además de poseer una fuerte sensibilidad, y que es a la vez elegante, frío y místico, pasivo y
receptivo. El dos en términos cabalísticos es hockmah
(sabiduría) y el mundo briah
(creación). César Vallejo posee toda la sabiduría existente en el silencio para realizar su creación, Trilce.
Además de haber conocido los "golpes en la vida, tan fuertes...".
Trilce
se caracteriza por relacionarse de un poema a otro en forma triangular. Los poemas leídos uno tras otro no
aportan un sentido convencional, al menos para mí; el sentido se transfiere a otro y a otro realizando
triángulos, de esta manera el poemario es una revolución para la poesía y para el lenguaje por la
infinidad de onomatopeyas y cambios de tiempo que se generan en todo el poemario, todo esto se vuelve cada
vez más sublime y superior encontrando como motivo que el poeta se vuelve un revolucionario en todos los
ámbitos posibles, y que su sed es más insatisfactoria como dice Espejo: "La revolución y la
poesía son igualmente sublimes, ambas vuelan en las cumbres de la insatisfacción permanente. Pero esta
insatisfacción sólo existe para convertirse en orden"
(ibidem, 1984, 30).
Ahora bien, ¿por qué tanto hablar del silencio y de estas preguntas que inducen a la esencia del ser?
Pues porque la mayoría de los poemas de Trilce
representan ese viaje interior, esa búsqueda en la que solamente el poeta ayudado por diferentes aspectos
como unir las dos culturas, la cristiana y la inca, dan paso a contribuir con ese perfeccionamiento
poético. Por una parte porque estoy de acuerdo con César Vallejo en que antes del Verbo está el silencio,
ese silencio que necesita tener un espacio, y para que se logre esto se hace una especie de explosión en
donde van regurgitadas las palabras, éstas acrisoladas, prístinas, esculpidas por el poeta. Por otra
porque en iniciaciones de elevación espiritual, es necesario entender primero el silencio. Una mediación
entre lo externo y lo interno, entre el pensamiento y la expresión, entre las tinieblas y la luz. Y en
última instancia porque: "Todo poeta siente que sus palabras son moldeadas por un vacío que las
esculpe, por un silencio que se retira y a la vez conduce el hilo del canto, y toda su impotencia y todas su
fuerza consiste en la necesidad de desalojar a ese único huésped necesario",
palabras de Fina García Marruz.
El silencio forma parte de la poesía porque en ella está el pensamiento, la contemplación, la
elevación, dilación y sensación, hecho como un medio de expresión a través de la misma poesía. Toda la
poesía tiene ese matiz. Toda forma lógica parte de este punto. El silencio, para César Vallejo,
representa ese viaje hacia dentro a punto de su existencia; por eso el poema 44 comienza: "Este piano
viaja para adentro". Y que en su estructura de pies métricos está la segunda de las columnas de
Salomón, Boaz, que representan el agua y la tierra. Y que los triángulos son equiláteros, y en su centro
hay un silencio, recuérdese lo explicado anteriormente.
Todo sigue bajo expresiones herméticas, mostrando esa superioridad tanto en creación estética como en
el lenguaje. Todo está en el silencio, el génesis de las palabras como se muestra en "999
calorías". Esta relación triangular es la esencia de Trilce
como poemario. Todo está ofrecido sutilmente en triángulos.
Ahora bien, la excelencia de Trilce
no es esta presentación de triángulos y representaciones de sonidos y silencios sino que en el poema Trilce
"hay un lugar que yo me sé / en este mundo, nada menos, / a donde nunca llegaremos".
Existe, por igual en su esquema de pies métricos, una conjunción total de las figuras geométricas, los
triángulos equiláteros normales e invertidos separados y al mismo tiempo unidos para formar dos estrellas
de David conteniendo en el centro, una, un silencio, y otra, un sonido; de igual forma aparece la primer
columna de Salomón, Jacín, en la que está representado un corazón invertido que al mismo tiempo está
representado por ese viaje hacia el interior del ser que hace el sujeto lírico.
Por qué Vallejo hace esta creación que para muchos es complicada, sencillamente para ofrecer y
demostrar que en el silencio se engendra la forma, y en cuanto a esto Roland Barthes explica en El grado
cero de la escritura,
capítulo "La escritura y el silencio": "La desintegración del lenguaje sólo puede
conducir a un silencio de la escritura [...] el silencio se injerta entre dos capas y hace estallar la
palabra menos como luz, vacío, destrucción, libertad".
De esta manera el poeta se preocupa de "crear una escritura blanca libre de toda sujeción con
respecto a un orden ya marcado del lenguaje"
(Barthes, Roland: 1981, 77-78).
Trilce
es el resultado de un viaje al interior del ser, resultado también de la mezcla de dos culturas: cristiana
e inca. De esa hermeticidad triangular. Del entendimiento entre el silencio y el logos.