Los cambios producidos tras las últimas elecciones municipales podrían intuirse, presagiarse, palparse
en el interés de toda la población. Su participación en las urnas del 25-M así lo demuestra —el 93,76%
acudió a votar, quizás el porcentaje más alto de toda la región extremeña. Los actos en los que se iba
a examinar al nuevo Consistorio serían los previstos en las Fiestas de la Patrona, el 24-7-2003.
Lo relatado a continuación pretende ser un reflejo objetivo —hasta donde ello es posible—, de cómo
han sido estas fiestas, cómo se han vivido y participado por la casi totalidad de los habitantes de
Cristina y por los emigrantes que cada año las rememoran como algo propio.
Día 24 de julio: Santa Cristina
"Esto tenía que llegar"
Con esta frase que era todo un discurso lapidario definió en forma concisa y concreta un vecino la
opinión generalizada el estado de ánimo de la mayoría de la población que había dado la victoria a la
izquierda el 25-M en las municipales tras largos años anodinos de gobierno del PP.
La frase en cuestión fue pronunciada como respuesta a la pregunta: "¿Qué te parece la
fiesta?".
Era precisamente la Fiesta de Santa Cristina la prueba de fuego en la que todas las miradas estaban
puestas para comprobar si el nuevo equipo de gobierno estaba a la altura del programa aprobado con escasos
días de antelación con una gran dificultad añadida por el cambio del recinto ferial, pues ya se denomina
feria por todos los forasteros a la Fiesta de la Patrona, a lo que ha contribuido el que haya tenido cuatro
días de duración.
Ni los más entusiastas partidarios del nuevo alcalde y equipo de gobierno las tenían todas consigo,
pues tuvieron tres días para acondicionar "Las Traseras", un espacio de 1.200 metros cuadrados
que parecían imposibles de preparar en tan poco tiempo.
Los resultados, sin embargo, sorprendieron a propios y extraños; desde la pista de baile hasta el
cerramiento de todo el recinto, las barras del bar, la terraza —mesas y sillas más que suficientes y
colocadas adecuadamente frente al escenario—, el alumbrado, hasta unos radiantes lavabos, con agua
corriente, luz eléctrica en abundancia y pila para lavarse, la luminosidad y limpieza de todo el perímetro
habilitado, etc.
El nuevo recinto ferial era todo un conjunto armónico donde no se descuidó el más mínimo detalle.
De ahí que los "extraños", no queriendo rendirse a la evidencia hicieran correr la especie:
"Éstos han sido asesorados por el Centro de Diseños de Recintos Feriales de la Junta de Extremadura,
como ahora son de los suyos.."..
El sector de los desafectos al nuevo Ayuntamiento proclamaron su actitud levantisca tras su derrota
electoral: "Estos han venido a joder la marrana", espetó una de ellas... "No sólo tienen el
Ayuntamiento, ahora quieren prohibir la puja del ramo de Santa Cristina, y si no tienen bastante, quitan la
Fiesta de aquí abajo del patio del ‘Colegio de la Encina’, donde siempre la habíamos hecho
nosotros".
Y es que para este sector había tres baluartes que simbolizaban su poder político, religioso y
lúdico-cultural: el Ayuntamiento, la Iglesia y el lugar de la Fiesta de Santa Cristina.
Su encrespamiento desaforado les predispuso a boicotear no sólo la fiesta, con un baile alternativo —tocadiscos
en un cercón de abajo—, sino, y lo que es más grave, tratándose de su proclividad eclesial, quería, y
lo intentaron, boicotear los cantos procesionales a la Virgen patrona, llegando a hacerle el vacío
silencioso.
Tales despropósitos soliviantaron a varias emigrantes venidas como cada año a la fiesta y como cada
año a la misa y procesión, como hacían cuando vivían en el pueblo.
Una de éstas no pudo soportar la afrenta a la Santa Patrona y en forma de arenga, agitando los brazos y
manos, a voz en gritó, les soltó: "¡No tenéis vergüenza!, ¿qué os ha hecho la Virgen para que la
paguéis con ella? ¿Qué culpa tiene la Virgen? Siempre la habíais cantado, ¿por qué ahora no cantáis?
Y girándose hacia la Patrona, gritó: ¡Viva Santa Cristina! ¡Virgen guapa! ¡Guapa! ¡Guapa!".
La beatería levantisca tuvo que bajar la cabeza y aproximándose a la Virgen comenzó a cantar a
regañadientes y sin el entusiasmo devoto de los años anteriores, pero cantando al fin y al cabo, con lo
que se producía una especie de sumisión y posterior rendición.
Cuando otra de las emigrantes, hermana de la de la arenga, le dijo a ésta: "¡Cállate, y deja a
estas perigallas!", la otra le contestó: "No me callo, coña. A ver, ¿qué se han
creído?".
Dado el efecto que la arenga produjo logrando que en la procesión todas fueran juntas, aunque no
revueltas, el párroco —que ejerce sus santos oficios en Cristina en forma de pluriempleo a tiempo
parcial, ya que los simultanea con otros pueblos de la zona—, le indicó a uno de los monaguillos que le
pidiera a "aquélla señora" que volviera a dirigirles la palabra a las que todavía se
encontraban algo renuentes.
Pensaba el sacerdote que le habían allanado el camino, pues posteriormente las sermoneó llamándolas al
armisticio y la reconciliación: "Es un disparate que en el pueblo y en la Iglesia, ante la Virgen,
estéis divididos, cada grupo por su lado. Lo que desea la Virgen y lo que Cristo no enseña es a
comportarnos como verdaderos hermanos. Aquí no ha pasado nada, y todos y todas han de vivir la fiesta de la
Patrona Santa Cristina en comunión cristiana".
Las palabras del párroco vinieron a remachar el clavo que todavía guardaba cierto rescoldo de haber
estado poco tiempo anterior como ascuas ardientes... Era el bálsamo necesario para poder participar en
todos los actos festivos, religiosos y paganos... bailar en el nuevo recinto de "Las Traseras",
desde los primeros bailes orquestados hasta la última pieza con tanto o más entusiasmo, que el sector
victorioso en las elecciones municipales y en la organización de la multitud de festejos programados.
Certamen de calderetas
Este plato ancestral, típicamente extremeño, se remonta según los datos disponibles a los mismos
orígenes de Cristina (año 1600) es conservado en la retina de la memoria histórica de las mujeres que lo
cocinaban en las fiestas y grandes eventos, como los quintos, en grandes calderos, que dieron sentido a su
nombre.
La Asociación de Mujeres "Los Cavaeros", hizo una exhibición de esa memoria gastronómica con
gran número de calderetas de cerdo, unas, y cordero otras, que puso en un aprieto al jurado designado al
efecto.
Era una decisión harto difícil, no porque el jurado estuviera harto de comer calderetas, que también,
sino porque el aliño (los guisos), el sazonamiento de las carnes, los variados matices de sabores
producidos por el rehogo de los vinos y por los puntos de fritura y cocción, tamizados por las pequeñas
porciones de hígados triturados, hacía a cada una de las calderetas concursantes merecedora del máximo
galardón.
La muchedumbre congregada en "Los Cebolleros" que saboreó con deleite hasta el último
resquicio de carnes y salsas, simultaneándolas con el vino de honor y cervezas que ofrecía el Consistorio,
asumió el fallo del jurado, con asentimiento, a la vez que alguien comentaba que todas las calderetas
merecían un primer premio: "El año que viene tenemos que votar para la ganadora todos los que las
comamos", sentenció otro logrando el apoyo mayoritario con movimientos de cabezas, pues con las bocas
era imposible, por estar ocupadas por las presas.
Las mujeres de Cristina no sólo retienen en la memoria esta singular gastronomía, su asociación, cuyo
nombre bucólico es "Los Cavaeros", simboliza la memoria histórica del significado de estos
Cavaeros: grandes canteras de pizarra blanda azulada y rosácea, en la cara oeste del "Serrajón",
que mezclada con la arcilla roja de "Los Terreros" en la cara opuesta de este campo de montes,
sirvió durante un siglo como valiosa materia prima para los millones de tejas y ladrillos elaborados
manualmente y cocidos en los seis hornos árabes de otros tantos tejares, en los que se ganaba el sustento
buena parte del pueblo.
De estos mismos Cavaeros y Terreros se extraían las tierras y pizarras con las que se hacían las
famosas tinajas de Guareña, por la familia del poeta extremeño y más universal Luis Chamizo, que en
homenaje a su padre hizo una de las mejores poesías castúas: "Vuelve a tus tinajas, Tinajero".
Las reinas y los misters
En la verbena del 24, ya en la madrugada, se hizo la elección de las reinas y los misters, tanto de
jóvenes como de pensionistas, según constaba en el programa.
Sin restarle importancia a los jóvenes galardonados, que subieron como es de rigor al escenario a
recoger sus preciados trofeos, conviene destacar tanto el proceso organizativo a cargo de la presidencia del
Hogar de Pensionistas, como el acto de entrega de premios, cuanto a las vicisitudes y circunstancias un
tanto sui generis posteriores a la elección de reina y misters pensionados.
De forma aleatoria el presidente del Hogar del Pensionista fue preguntando para designar al jurado:
"¿Tú quieres elegir al mister y a la reina?". Quienes lo entendieron a la primera aceptaron
gustosos, pero hubo alguna emigrante de las preguntadas que entendió que eso del mister y de la reina era
para los premios de baile anunciado en el programa, pensó: "Bueno, pues bailaré con mi hermano,
también emigrante, designado". "Si es para el baile", terció la tercera hermana más joven
—igualmente emigrante—, "con él bailo yo, que me cojo mejor".
El entuerto se deshizo gracias a las explicaciones pertinentes de una de las componentes del jurado que
ya estaba en su papel. De forma similar a la anterior la máxima autoridad de los pensionistas locales fue
preguntando a ellas: "¿Tú quieres ser Reina?", y a ellos: "¿Tú quieres ser mister?",
omitiendo candidato o candidata, a cada uno de los cargos a elegir; con lo que tales preguntas produjeron
los correspondientes sobresaltos y efectos un tanto nerviosos en el estado de ánimo de los designados hasta
que, como en el caso anterior, se aclaró por parte de algunos de los afectados que se trataba de ser
candidatos, sometidos a las deliberaciones y posterior fallo del jurado.
Los premios recayeron en Antonio Frutos como mister y su señora, "que ahora no me acuerdo como se
llama", según comunicó Vicente Román, líder de los pensionistas, al anunciar la decisión del
jurado.
Antonio Frutos, ya en el estrado, trofeo en manos, agradeció al jurado y por extensión al pueblo el
premio concedido y dijo unas breves palabras, pero cargadas de sentido y oportunidad: "Quiero felicitar
al nuevo Ayuntamiento porque en tan poco tiempo haya empezado a hacer las cosas con un poco de orden".
Y cantó una copla igualmente oportuna que habla de acabar con el orgullo individual que a todos nos embarga
y tener un comportamiento más solidario propio de los humanos.
No podía faltar y no faltó el sector crítico que aunque muy minoritario ponía objeciones a la
concesión de estos premios e hicieron circular aunque con escaso eco que "había sido un apaño".
El líder de los pensionistas imbuido de sus intenciones de transparencia democrática no podía permitir
la más mínima duda en la limpieza del proceso de elección de la reina y el mister.
Con las mismas, le dijo a la emigrante que confundiera el mister y la reina con el concurso de baile:
"¿Tú estas dispuesta a hacer un escrito como componente del jurado que certifique que las votaciones
e hicieron como Dios manda?".
Ésta sintió cierta desazón por el encargo, pues lo veía necesario a la vez que una gran
responsabilidad personal, ya que en definitiva se trataba de redactar un acta del jurado en el que se
explicara de forma fehaciente y pormenorizada quiénes componían éste, así como el resultado de la
votación.
Tras pensarlo y repensar cómo hacerlo se dijo: "Voy a encargarle a G.S. que sabe redactar bien
estas cosas y tiene buena letra, que lo escriba". Con sumo gusto, G.S. con una caligrafía cervantina,
escribió concisa, pero detalladamente, el escrito-acta. "Ahora voy a decirle a I.R. que me lo pase a
máquina", cosa que éste hizo igualmente gustoso.
Con el documento confeccionado, la encargada de hacerlo y firmarlo lo entregó al Presidente de la
Tercera Edad, que tras la lectura, observó que faltaba una mujer en la lista de componentes del jurado y
acto seguido, lo escribieron a mano.
Con la satisfacción del trabajo bien hecho, el acta fue colocada en el tablón de anuncios del Hogar del
Pensionista, para conocimiento del público en general... y para que "nadie más pueda pensar que no
hacemos las cosas como tienen que hacerse...".
Los bailes del concurso "Sobre la marcha"
"Acto seguido haremos un concurso de baile, por lo que las parejas que no participen deben abandonar
la pista". Este anuncio del cantante-vocalista del Trío Paraíso provocó el abandono casi completo
del terreno de baile, sólo cuatro parejas permanecieron.
Tuvo que intervenir el primer edil para corregir el entuerto, que sólo consiguió a medias, pues el
programa decía que el concurso se haría "sobre la marcha", lo que entendido de forma abierta es
decir sin detener la marcha de los que estaban bailando, seleccionar los ganadores, ya que tampoco el
programa decía que el concurso tenía que ser por parejas.
Tras las palabras del alcalde, "pueden bailar todos los que quieran, pero los que no lo hagan deben
apartarse para que el jurado situado a la derecha del escenario pueda ver con claridad", se produjo un
lento y dubitativo goteo de nuevas parejas (hasta nueve) que se atrevieron a competir conscientes de que no
sólo el jurado sino que las atentas miradas de la amplísima concurrencia iban a escudriñar cada uno de
sus movimientos.
Las piezas musicales que los contendientes bailaron fueron un pasodoble y un vals, por este orden. Tras
los mismos, el jurado que concienzudamente contrastó y sumó los puntos que cada uno asignó a las parejas
concursantes, emitió el correspondiente fallo.
Seguidamente, Iluminada Frutos, como portavoz y presidenta del jurado, subió al estrado para comunicar
las parejas ganadoras, si bien previamente agradeció al Nuevo Ayuntamiento (a todos sus componentes)
"el honor que me han hecho nombrándome, sin que me lo esperara, Presidenta del jurado. La decisión
sobre las parejas ganadoras ha sido muy difícil, puesto que todas bailaban muy bien. Finalmente, hemos
proclamado como ganadores del pasodoble a Emilio de Llanos y Felisa Martínez, y en el vals, a Encarnación
Díaz y Juan Román".
La asignación de los premios fue recibida con calurosos y prolongados aplausos por la muchedumbre
congregada alrededor de la pista, buena parte de la cual felicitó efusivamente a ambas parejas
galardonadas.
El tango de los tangos
Sin que figurara en el programa escrito —pero todo parece indicar que como elemento sorpresa sí estaba
previsto y acordado—, tan pronto acabó el concurso de pasodobles y vals, el alcalde y el joven vocalista
anunciaron que la Presidenta del Jurado de éstos, Iluminada Frutos, y su pareja de baile y de vida en
común, Domingo Pérez, bailarían un tango, que los protagonistas ya habían elegido previamente.
Se hizo un silencio ensordecedor entre la multitud concentrada, conteniendo la respiración hasta donde
los pulmones de cada uno se lo permitía... por el potente equipo de sonido aparecieron los acordes de
orquesta de una pieza tango-milonga, que eran un compendio de las mejores composiciones del baile y cante
argentinos, y de sus inmortales creadores Gardel, Acuña, etc. Viejo Barrio, Caminito, A media luz, La
Comparsita...
para con una sofisticación encomiable, donde el bandoneón adquiría entre los demás instrumentos
musicales incluido el violonchelo, un sonido singularísimo.
Si el tango era difícil de bailar, la pareja no sólo estuvo a la altura, sino que superó las
expectativas más optimistas con una sincronía de movimientos concatenados con precisión milimétrica: los
bruscos pero a la vez suaves giros entrecortados, sinuosos, sensuales, agridulces, los movimientos ora
cadenciales, más largos e inclinados, a derecha e izquierda, adelante y atrás, ahora flexibles, luego
enérgicos, ahora inclinados, después de una tersura nerviosa, fundiendo en único y orgánico compás de
piernas entrecruzadas velozmente, el sonido musical y los pasos suspendidos de una danza inigualable que
hicieron de ella la apoteosis de la fiesta.
Los apretados y prolongadísimos aplausos recibidos tras un final clavado, harán que este tango figure
en los anales de la historia del pueblo como un hito logrado con todo merecimiento.
El relato más pormenorizado de los actos y circunstancias que podrían definirse como centrales no resta
merecimiento ni importancia a la multitud de los otros, más sectoriales: fiesta juvenil, ginkanas, anillas,
carreras de sacos, chapuzón, botijos, manzanas, el cochinillo con aceite, cucaña, tiro al plato, torneo de
ajedrez, cuatrola, tenis, fútbol sala infantil, femenino, y entre casados y solteros, festival infantil,
payasos, parodias, guiñol, etc. Y fuera de programa, el baile matiné en el Hogar del Pensionista.
Merece destacarse la actuación de las orquestas Atlántida, Bahía Blanca, el Trío Paraíso y grupo
rociero Gente Nueva.
De singular importancia por su novedad, brillantez y sincronización luminosa, tuvieron como broche
dorado los fuegos artificiales, que lograron la admiración y aprecio de todos.
Hemos dejado para el final de esta crónica al colectivo joven del botellón; parecería y así lo
afirman algunos de los testimonios consultados que incluso para este sector se había destinado el recinto
adecuado en el espacio inferior del Real de la Feria, junto al rincón formado por las naves traseras y la
pared y nave final que fueron de los Gómez, el Francisco de los cuales fue alcalde de Cristina en los años
50.
En este lugar se concentró el botellón el día 24, pero en la medida que avanzaba a la fiesta fue
subiendo la cuesta hasta confundirse prácticamente con el resto, formando el todo de un conjunto. Hasta tal
punto se sintió integrado el elemento de la botella que incluso, algo que en otras fiestas resultaría de
normal comportamiento en este colectivo, como hacer sus necesidades fisiológicas en las jóvenes higueras
de los campos próximos, aquí fue desestimado utilizando en su lugar los lavabos habilitados, con la mayor
pulcritud, cosa que mereció los elogios del sector más maduro y de convicciones tradicionales.
Equipo de reporteros de la revista regional El Candil Virtual, 30-7-2003