Sabido
es que buena parte del arte del mundo ha sido forjada en las tabernas y en los prostíbulos. La literatura
no ha dejado de rendir homenaje a la turbia vida de los bajos fondos, que tiene impresa su propia carga de
tragedia como todo lo que es humano.
Tal es el tópico al que recurre el escritor huilense Jorge Cuéllar Rojas en su novela La noche de la
luciérnaga,
una densa historia que transcurre a través de los cortinajes de un prostíbulo ideal donde las prostitutas
hablan por medio de sentencias y refranes populares de innegable belleza.
Partiendo de un crimen de venganza por amores adúlteros presenciado por una de las prostitutas a guisa
de Julieta carnal, Cuéllar Rojas construye su relato apoyándose en una galería de personajes innúmeros
como la clientela de cualquier prostíbulo. Por las noches, el escenario donde el autor sitúa su historia
es iluminado por la gloria efímera de las luciérnagas, las prostitutas que dominan su mundo de hombres por
un tiempo, hasta que se extinguen y son olvidadas.
El ambiente sórdido es matizado por Cuéllar Rojas con un lenguaje florido y una profusa colección de
sentencias. Un hombre le promete amor eterno "a pesar de todo" a una de las prostitutas, y ésta
le responde: "Soy mi cuerpo". Otra de las meretrices rechaza la crítica con retorcido orgullo:
"No tengo por qué cambiar, no señor, no soy una puta arrepentida". Pese a todo, una sentencia
final dice que, por ser putas, estas mujeres "han vivido el amor llorando".
La noche de la luciérnaga
fue publicada en 1997 por el Fondo Editorial Toituna, asociación sin fines de lucro que representa el brazo
ejecutor de las políticas editoriales de la Asociación de Escritores del estado venezolano del Táchira.
El libro incluye, en sus páginas finales, un "glosario erótico", para aclarar cualquier duda que
quede en el lector ante el empleo de formas coloquiales; sin embargo, una lectura sin la ayuda de tal
colección de términos, bajo la guía sólo de la intuición, dará al lector suficiente placer.
| El regreso del caracol |
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