Tras la hazaña histórica de enmendar las arcas de la Corona española a finales del siglo XV, al marcar
el camino de España hacia un territorio inexplorado y pleno de riquezas, Cristóbal Colón fue elevado al
rango de almirante. Fueron pocos, sin embargo, los honores de que disfrutó, pues es sabido que durante su
vida se debatió en un entresijo de intrigas y agravios que le impidieron acceder a la gloria de la que —ambicioso
como era— se creía merecedor.
El más reciente de esos agravios fue infligido hace unos días en Venezuela. Después de leer los cargos
de un "juicio" simbólico contra el almirante, un grupo de personas procedió a desmontar la
estatua de Colón ubicada hasta entonces en Plaza Venezuela, en Caracas. Los aguerridos vengadores fueron
detenidos algún tiempo después en posesión de la ahora deteriorada estatua.
La saña contra la estatua dice mucho de las dificultades que presenta la salud mental de quienes
procedieron a derribarla. El pedestal del monumento quedó rayado de pintas en las que se equiparaba a
Colón con el presidente estadounidense George W. Bush; cubierto de pancartas, sirvió de tribuna para
consignas como "Contra el viejo y nuevo imperialismo", "Juicio a Colón" o "La
resistencia continúa". Y la estatua, cuyo nombre original es Colón en el Golfo Triste,
una obra del escultor venezolano Rafael de la Coba erigida en 1904, quedó mutilada y cubierta de pintas,
por lo que el gobierno local ha debido comprometerse a restaurarla.
El gobierno venezolano decretó el 12 de octubre como el "día de la resistencia indígena",
eliminando la tradicional muletilla que había hecho de esta fecha el "día de la raza". Ambos
apelativos nos parecen odiosos y poco ajustados a las realidades históricas; en todo caso, la redacción de
discursos poco ha podido hacer para brindar al componente indígena venezolano un lugar digno en nuestra
sociedad. Estos "resistentes", como los califica la nomenclatura oficial, quedan reducidos a la
marginalidad cuando, en busca de progreso, arriban a las capitales venezolanas.
No es necesario analizar demasiado la pertinencia de un juicio a Colón a estas alturas. Hace muchos
años, el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri alertaba sobre este tipo de razonamientos, que
equívocamente hacía que ciertas personas pensaran que, de no haber llegado Colón en 1492, América sería
una especie de edén en el que los americanos viviríamos en el disfrute inocente de la naturaleza. Llamaba
la atención, el autor de Las lanzas coloradas,
en relación al hecho simple de que no sólo cualquier otro expedicionario habría llegado más tarde o más
temprano, sino que tal edén nunca existió, envueltos como estaban los indígenas americanos en constantes
procesos bélicos internos.
Lo que sí creemos necesario revisar es el destino probable de tales conductas. El llamado juicio a
Cristóbal Colón encierra implicaciones xenofóbicas que debieran ser controladas a tiempo. Se corre, de lo
contrario, el riesgo de convertir a Venezuela en una sociedad aislada por el rencor contra supuestos
enemigos, realmente de índole fantasmal, cuando el progreso social y material requiere que el pasado, sin
ser olvidado —pues, ya lo dijo el doctor Lecter, las cicatrices están ahí para que recordemos que el
pasado existe—, se convierta en materia de experiencia y no de edificación absurda de venganzas.
| Post-Scriptum |
"Poesía es la unión de dos palabras que uno nunca supuso que pudieran juntarse, y que forman algo así como un misterio".
Federico García Lorca.
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