Eterno presente
Allá arriba, el alma
acogía en su copa
semilla, flor y fruto.
Los tres a un tiempo.
Los tres en uno.
Calidoscopio de fragancias,
prisma de néctar,
uno más dídimo;
bajo sus pies la tierra,
el cielo en la mirada
sin saber de límites,
ni de partes,
porque el infinito
olas que se vuelven
de revés
en espirales imposibles,
no sabe de parcelas,
ni de cuadros fijos,
ni de líneas rectas.
Solo vive, respira,
vibra
y solo así reposa,
se encuentra, se nomina.
En el movimiento
nace, crece, fenece.
Noria con gugoles de vueltas
porque es el infinito
y para nada le cuesta
—no como Sísifo,
que luce forzado—,
líquidos ribetes
de tornasol,
arrollándose uno en otro:
besar de olas sin playa;
y la copa que refleja
impávida y contenida,
—como una virgen—
la paleta de este mundo boreal,
abre tantas veces que parece una
su libro de horas,
como innumerable se halla
la única y sola liturgia:
laudes, laudes.
El alma
joven al fin,
crecida en el Edén perfecto
llevaba el vacío en su propio seno.
Tanta bondad se desprecia sin otro
por quien sentir un raro afecto,
muy raro sí:
desdén.
No se extrañen
si fue curiosidad obrando
en quien nunca había cambiado
los hábitos de doncella
por un sumergirse
en esas viriles fiestas
de todo el piélago de luz.
Canjeó así cristal de vida
por unas piedras verdes,
y ese uroboros
que ella hacía monotonía
y abarcaba todo un derredor,
recogió abanicos
y quedó lo que tenía delante
de sus ojos de carne
como presente,
sin otro acompañante más.
Alzó la vista y miró su copa
antes de que bóreas
cegara en dos vueltas
la grieta de su escape
por donde no podía retornar.
No ahora al menos, le dije,
hasta que aprendiera la lección.
Y ella ansiosa, a punto de olvidar
que había vivido en un palacio
de acristalado murano, pregunta:
"Y qué lección es esa?"
Yo le respondí:
"Las que nunca pequeña
viste en tu libro de horas,
principio y fin,
duración y momento,
oración de difuntos.
No llores que del hogar
tú no te has ido.
Un hilo te enlaza".
"¿Dónde está?", preguntó:
"Míralo bien que se va.
Es este momento que vives".
Aprende a esperar
Qué más cercano a lo eterno
es el nacer
al no haber cabal conciencia
de que se es,
y la mente tierna llena,
con un canto de galaxia
sus primeras páginas
de color de leche,
sin cuidar de otra cosa
que no sean los apremios
del ser corporal;
pasando las horas
como una apenas, elíptica,
en recreo de inmersiones,
el amniótico Pacífico,
líneas de flotación,
y ensueños uterinos,
que van quedado atrás
sin casi darnos cuenta.
Poco a poco
despierta de sus viajes
por las aguas profundas,
pecado original
parece ser olvidarles
en favor del aire tibio.
Dejando al primer elemento
por otro, más atractivo
corta sin deshacer
el nudo con el presente
que se vuelve un cuadro tras otro,
largo desfilar de vistas,
semblantes y percepciones,
que se afinan, sin poder compararse
con el antiguo diafragma:
abarcante ojo del mundo.
Mil instantáneas de novedades
que con rapidez de moviola
se hacen costumbres;
móviles de Calder
que se balancean sobre la mente
llamando su atención
como magos ambulantes
tras el premio de la elección:
hacerse querencia de su nuevo rey;
soberano caprichoso,
algo tiránico,
déspota dulce,
a quien nadie osa negársele.
Tanto cariño genera al principio
que para él no existe regaño
pues ya habrá tiempo de eso.
En verdad, el tiempo es
pedazo de argamasa
en manos del infante,
que no tira a ningún matiz,
no logra hacer figura
con tan extraño aparato,
no valen llantos ni requiebros.
Mañana, qué es mañana,
o la próxima semana...
para quien asoma el capricho
sin verlo satisfecho.
Primeros maestros que enseñan
aquello de esperar
pero no a saber aguardar.
Adónde se va el mundo de los sueños
sin paciencia que garantice
la senda encantada para llegar
a ellos después de mil trabajos,
como en aquellos cuentos de almenaje
que me narraban al dormir.
Entonces viene la primera fuga:
picando espuela hacia ficciones,
las mentiras que desconocen rienda,
ni marco de teca;
imaginación caballeresca
que logra la hazaña
de lavarle la cara al futuro
antes que aparezca.
Pero sólo en la imaginación,
que no en algún recuerdo ingrato
habitante de tienda camuflada,
que, marchando todavía ligero
va exiliado al valle secreto
adonde podamos dejar de verle.
En tanto que la memoria de lo amable
se queda junto con nosotros
debajo de mis almohadas,
emborronadas en páginas de diario,
siempre lista con muestras de perfumes
a esparcir, cuando le necesitemos
extractos de cariños olvidados.
Estrenos inminentes
Rodando escenas
que aún no estrena
se extiende el presente
hasta hacerse potencia.
Maestro de obras,
pálpitos y sendas;
campeón de quien crea
que aún habrá
otro chance de postín,
otro día con su estrella.
Es el futuro, presente a plazo
que se derramará, si no es que ya está
derramándose en la realidad.
Valedor de inconformes,
defensor de infortunados,
sostén del éxito logrero.
Objeto de la voluntad,
con dócil apariencia
a la hora de acomodarse
a las formas limitadas
de la imaginación humana,
que a veces toma
por futuro deseable
lo que no es más,
que la difusión de trasgos
desde el simún de una hora menguada.
Dunas, neura de medianoche,
polvo engañoso que se sacuden
peregrinos desesperados
frente a Hécate triforme.
Encrucijada de sus dilemas
rostro mútilo de Jano;
decisiones que matan
las posibilidades más caras
en favor de la medianía,
de ese peor es nada,
la salvación de la carne,
y la vida pequeña,
Amén.
Oráculos, augures,
mántica y astrología;
desvalidos van en su busca
para que les escriban la vida.
Aceptando tarjetas doradas
también monedas de plata
que van puestas de canto
como oblicuas son sus respuestas.
Pantallas de proyección
de figuras etruscas;
humo blanco de la pitia,
incienso de mandarina,
nunca la gran producción.
Para esa se necesita valor,
valor de longividentes:
salpicarse de colirio dendritas
y saliendo con sol pleno
abrir un abanico, uno tan solo
como mano ganadora,
trío de reyes,
escalera imperial,
para hacer de pontifex maximus
e ir a restaurar el rostro
sin clausurar esa puerta
porque lo que se encima es la guerra,
trifulca de la buena
pues, el futuro
no se entrega, no es cautivo
como lo hace con los ungidos,
y aun con ellos, habrá
puentes que tomar,
trampas que sortear,
rodeos por delinear,
para hacerlo presente
con palancas mayores
que intangibles
accionan el ingenio.
¿Acaso no era dócil?
Lo es.
Aunque prefiere morir a su aire
muy lejos del interesado,
o es éste quien no le quiere
y se engaña, creyéndose
malquerido por sus proyectos.
Pero, algún futuro se viene
uno por otro, el que menos esperan
puntual y cumplido, porque
el futuro siempre llega.
En el taller
Con colores primarios
entre tizas y creyones
vas dibujando, pintando
el resto largo de la vida.
Mural más grande que la capilla;
reto grande para el artista,
asiento de garabatos
y de héroes de manga.
Trazos gruesos, pastosos,
de colores planos,
composición naïf.
Vas al paraíso
de matices rotundos:
lunas sobre espejos,
nativos desnudos,
postres de coco,
islas de náufragos,
vacaciones para siempre
respirar libertad.
Tomas los santos óleos
de esa húmeda selva, tropical.
Pintas tu cuerpo.
El futuro es simple.
Matamúa
¿De dónde venimos?
¿Quiénes somos?
¿Adónde vamos?
Preguntas simples
el futuro es fresco,
amarillo rojizo
como papaya recién cortada.
El sol en la tierra
y toda su riqueza
como tanta es la semilla,
arenales blancos de la playa.
Dibujarse la vida a cuatro colores,
más rico que comer
mango verde con sal y picante.
Si no fuera por el huracán
que se lo lleva todo,
creerías que puedes ser Robinsón.
¿Qué hay de los héroes?
Quedan los que hacen corte de manga;
tu padre se ha ido
de la casa, apagando la luz.
El futuro se dibuja
con carbón y sanguina,
reino de más oscuros que claros,
posibilidades esfumadas
sobre medio pliego de papel,
composición ajustada,
los tópicos correctos,
el pensamiento aceptado,
lo que está bien lo que está mal.
El futuro es aburrido y automático
viene con menú incorporado.
¡Vamos, llévatelo ya!
Cien por ciento garantizado.
Impreso, reempacado
con inyecciones de tinta,
más preciso que la hora.
Pero las tintas se corren.
La garantía no llega
a cubrir todos tus fallos,
y que tu papel sea del malo.
Todavía no has aprendido.
Vuelve a tus colores,
hazlo tú mismo,
que el futuro
se resuelve con propuestas
buenas malas
que sean tuyas.
El futuro se pinta
con arte y oficio,
con máscaras y aerógrafos,
herramientas avanzadas,
técnica de años,
estilo depurado,
aprendido a palos
sobre una cartulina
cuatro por seis;
extraño sí es el futuro
que cuando queda tan poco espacio
es mucho lo que vas a expresar.
Qué no dirás en un sello
o en la cabeza de un alfiler.
El futuro se pinta con un pelo de camello.
Cerrando cuentas
Declaración de haberes
donde pesan más las cuentas
sobre papel rayado.
Tarea penosa
es hacer memoria
de los faltantes
de los costos
de los negocios perdidos
y de la quiebra del corazón,
libro de asientos contables
que no puedes rehacer
ni con tachaduras enmendar
pero sí puedes leer
a solas contigo mismo
en el estudio de la conciencia
con luces de candil
trabajo postergado
para las noches de insomnio
días de tramontana
las tardes de granizo
amanecer en el bosque
crepúsculo en el lago
para jornadas de íngrimo
que no las distrae
la vista, el oído
ni el resto de los sentidos
sino que por el contrario
aromas, sabores
colores, texturas abren
los canales del contacto.
El hijo pródigo
añora su vida,
recuerda a su padre,
vuelve a la casa
sorteando en el retorno
lo pedregoso
con suelas delgadas.
El recuerdo nos cobra el peaje
de hacernos con su abultada encomienda
que no se aligera sino pasando
las sacas por el agua del río;
lavándolas de culpas
hasta hacerlas aluvión,
aprendizaje decantado
arcilla, arena cernida
aglomerantes varios
y tanta experiencia
cemento de obras a futuro.
Piedra de cantera
sacada con el trabajo forzado
del declararse culpable
reconocer los errores
pagar deudas a alguna sociedad,
hacerse solvente
con la propia conciencia
tribunal infatigable
ante quien no es posible
pedir que se deseche la evidencia
porque ellos son sus contables
y el pasado lo escriben
amanuenses con puntas de acero
guardados en vitrinas blindadas
—se ve antes que tocar—
y ante su presencia
no se cambian los hechos
pero vale el último argumento
de la defensa desesperada:
cambiar la lente con que se les mira.
Así pide la clemencia presente
que es la conciliación a futuro
del otro socio consigo mismo.
La memoria es condena
régimen celular,
abierto y presencial,
cadena perpetua;
trabajo forzado que libera
bajo su palabra
al final de la vida
por el perdón de los pecados.
La memoria es legado
herencia, título,
cédula, capitulación
documento, registro
carta de cabal propiedad
sobre el pasado.
La mota de polvo
sobre el Universo
tiene un vínculo.
Cosa de locos porque
memoria no eres enajenable.
Regresan las olas
Memoria de lo antiguo,
al alcanzar los penates
has desplegado
el abanico que faltaba,
y cierras el círculo.
Los recuerdos son virutas
que hacen tolvanera
sobre el espacio rizado.
Ya nada es visible
aquí abajo.
Decides alzar la vista
buscando claridad,
miras las palmeras
que baten las brisas de septiembre.
Un tiempo se acaba
y otro se abre de nuevo
para recibirte
Vuelves a la copa
pero tú, sin prisa,
dejas que riele a su aire
flotando sobre el llano,
indiferente a los tropiezos
a los que tú ya estás tan hecha,
luego de tantos años
que a esta altura sientes tan tuyos.
Cae el agua postrera
y tú, nada dices
pues la lluvia moja las palabras,
entre tesoros te veas,
tus matices asordinan
y las razones callan.
Te tiras al mar nocturno,
ya puedes buscar tu luna.
El cielo refleja al océano
flotan las nubes sobre algún lecho
agua va mojando la bóveda,
dos imágenes
¿Dónde está el engaño?
Aquel que pueda aclararlo
ciego asoma, longividente es.
Te frotas ambos ojos con sal
mientras brama
el flujo y el reflujo
olas que azotan tu dermis.
Un minuto ha que no duermes
el amanecer se escapa
el ocaso no aparece,
tan sólo resta
el latido acompasado
de los frutos en tu sangre
que ya va haciéndose leche;
regresas a la cuna
a hacerte capullo de nuevo,
con la copa más llena
a poner en fuga los trenos
con novísimas voces
que cantan con
notas de almizcle y melocotón.
Pero aún no tienes la luna
que es hallazgo mayor,
copa de triunfo,
crátera de libaciones
en el Mar de la Tranquilidad
Te llegas hasta el fondo
jungla de abisal
de peces que tomas por monstruos
de otra historia,
pero es la tuya, no poblada
de fantasmas
sino muy natural
como la vida que se acaba
y el fin de la jornada.
Te das ánimo en hallarla
pero el aire se agota:
cielo de mar te reclama.
Nada queda por hacer
la noria da vuelta.
Cierras los ojos
y miras el terciopelo escarchado
los tres han vuelto a ser uno.