La reforma de las normas ortográficas del alemán, adoptada en 1998 y que entrará en vigor en agosto de
2005, ha convertido el ámbito intelectual germanófono en un verdadero campo de batalla. Unos 350
escritores y editores, entre ellos los recientes premios Nobel Günter Grass y Elfriede Jelinek, abogan por
el regreso a las viejas reglas y el boicot a la reforma.
Idioma complejo, el alemán tiene particularidades en su gramática como palabras compuestas, una
embrollada puntuación e imperceptibles diferencias entre mayúsculas y minúsculas. A estas barreras
habituales se han sumado ahora las derivadas de la nueva ortografía que los gobiernos de Alemania, Austria y Suiza
han impuesto, y que ha propiciado una refriega que ha involucrado a escritores, editores y
docentes contra las autoridades políticas, cuyo deseo con el impulso de esta reforma es aligerar las
normas ortográficas para hacer un idioma más fácil y accesible.
Pero tal reforma no convence a todos. Los partidarios del nuevo sistema tienen argumentos de todo tipo,
desde razones pedagógicas hasta económicas: volver al pasado costaría más de 200 millones de euros en la
reconversión de los libros de texto para escolares, que desde 1998 aprenden la nueva ortografía. En el
otro lado están cerca de 350 intelectuales —desde Grass y Jelinek hasta Walser, Enzensberger y
Reich-Ranicki—, que se han rebelado contra el dictado de los políticos.
Estos intelectuales hicieron el pasado mes de septiembre, en la Feria del Libro de Fráncfort, un
llamamiento a favor de la vuelta a las viejas normas ortográficas. Creen que "después de ocho años
de creciente confusión hay que acabar con el experimento ortográfico" con el fin de evitar
"dañar aun más a la lengua y a la literatura alemanas".
Sin embargo, entre los partidarios de volver a las viejas reglas no se tiene claro si es mejor rescatar
la situación anterior tal y como estaba o si habría que revisar parte de las normas pero sin ser tan
restrictivos como pretende el gobierno en su reforma.
Las viejas reglas de la lengua germana datan de 1901, cuando representantes de Alemania, Austria y Suiza
decidieron adoptar, en una conferencia internacional, un sistema común de ortografía que fue organizado
por el filólogo Konrad Duden. Antes de esto, cada país tenía sus propios códigos. Las nuevas, adoptadas
en 1998 por los responsables de educación y cultura de estos tres países, fueron pensadas como "la
gran reforma ortográfica del siglo" y se esperaba que simplificaran la compleja ortografía alemana.
Para agosto de 2005 serán de uso obligatorio.
Se dice que a veces los árboles no dejan ver el bosque, y quienes se felicitan por la bendición que
supone la aparente sencillez del idioma de Cervantes quizás no reparan en la circunstancia de que a través
de los siglos éste ha transitado por múltiples metamorfosis y que, en cada hito, ha aparecido la leyenda
negra de las haches
rupestres y de la absurda u
de la palabra que,
enfocados en su momento por gente tan disímil en forma y fondo como Gabriel García Márquez o Andrés
Bello. Una muestra de lo compleja que puede llegar a ser nuestra gramática la representa el reciente Diccionario
panhispánico de dudas,
en el que las academias de nuestra lengua han intentado unificar criterios sobre cómo debe escribirse y
hablarse en español.
Ante el advenimiento del año 400 del Quijote,
la presencia del elemento tecnológico en nuestras vidas nos ha legado, sí, una bendición, y es la de
contar con semejante material de consulta tras unos golpes de ratón y teclado en el sitio de la Real
Academia Española. Podría parecer extraño que una comunidad tan variopinta como la hispanoparlante
—la germanófona está compuesta sólo por los tres países mencionados— haya logrado ponerse de acuerdo
en puntos esenciales de su gramática y su ortografía. Pero la verdad es que el esfuerzo de las academias
por establecer consensos empieza ahora, cuatro siglos después de Cervantes, a rendir sustanciosos frutos.
| Post-Scriptum |
"Creo en la importancia de la tradición, pero también en que no hay que imitar a los antiguos, sino buscar lo mismo que ellos".
Juan Gelman (20 de octubre de 2004, en entrevista con la agencia de noticias EFE).
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