
En su Philosophie des Geistes
Hegel juzga a Inglaterra un país más propicio para la poesía que para la filosofía; prueba de ello su
conspicua progenie de poetas. Este encomio innecesario obedece al presupuesto de que la filosofía, siendo
superior a todas las artes, debe dictaminar los méritos y los desméritos no sólo de las razas, sino
también de las naciones y los continentes. Más probable, si bien menos creíble, es la convergencia de una
serie de bibliotecas etéreas diseminadas a lo largo de las villas inglesas, a menudo frecuentada en sueños
por poetas, novelistas e historiadores.
Cierta tradición oral de Stratford-upon-Avon relata que, a lo largo de su vida, Shakespeare consultó en
sueños enciclopedias de otros tiempos y otras lenguas. Fruto de aquellos delirios nocturnos son los pasajes
más sublimes de sus muy predecibles tragedias y comedias1 —en especial The tempest.
La revelación, se dice, ocurrió cierta noche en los albures de su mocedad, cuando Shakespeare se encontró
en una biblioteca al aire libre, forrada de césped, poblada de estantes de roble vivo discretamente
enraizados en espiral. Luego de hojear un volumen de poemas, Shakespeare fue abordado por un hombre hindú
de piel aceitunada.
—Todos los versos —le dijo a la luz del poniente—, como todos los pensamientos, han sido
previamente concebidos por el creador. La inspiración de los bardos del mundo de las sombras,2
se supedita a los escritos que las bibliotecas de la eternidad preservan. Regocíjate, William Shakespeare,
pues en breve tendrás acceso a los volúmenes de la biblioteca de la protectora de esta isla.3
Al despertar Shakespeare transcribió dos de los versos más melódicos de la lengua inglesa:
Oh, esa, esa tierra que mantuvo al mundo sin aliento
Es ahora un muro que rechaza al viento del invierno.4
Dicho rumor coincide con el testimonio de Samuel Taylor Coleridge, quien en 1816, en el prefacio a Kubla
Khan
confiesa haber presenciado imágenes correspondientes a entre doscientos y trescientos versos, de los
cuales, al despertar, apenas rememoraría los cincuenta y cuatro que la posteridad preserva. Este poema
apareció publicado bajo el auspicio de Lord Byron, quien a su vez habría de instigar las pesadillas de
Mary Shelley y Frankenstein.
En su Historia eclesiástica de la gente de Inglaterra,
escrita en 731, Beda, monje de Jarrow, dedica varias páginas a Caedmon, el primer vate conocido de la
lengua inglesa. Según Beda, Caedmon fue un labrador iletrado que menoscababa de su don poético. Cierta
noche, siendo convidado de una fiesta, y presintiendo que la concurrencia le pediría que cantase, Caedmon
se evadió para pasar la noche en compañía de sus cerdos. En breve un hombre lo importunó y, luego de
lisonjearlo por desdeñar los placeres mundanos, le pidió que cantase algo al Creador. Caedmon se excusó
aduciendo que él ya no podía cantar; el visitante insistió. Un tanto amedrentado, Caedmon compuso
entonces un poema que recobraría al despertar. Horas más tarde, Caedmon refirió la historia a un capataz,
quien indiscretamente difundió el rumor, hasta que éste llegó a oídos de Santa Hilda, fundadora de la
Abadía de Whitby. La abadesa pidió entonces a sus administradores que le presentasen a su labrador;
Caedmon fue convocado y luego de agradecer a la Providencia recitó el poema para deleite de Santa Hilda. El
poema fue transcrito por los amanuenses de la abadía y Caedmon fue hecho monje; en adelante el bardo
iletrado compondría versos sublimes hasta el fin de sus días.
Generaciones menos sensibles al misterio de la creación han preservado el poema que Caedmon compusiese
en sueños:
Ahora debemos ensalzar del reino celestial al guardia
De Nuestro Señor el poder y su sabiduría
El trabajo del padre glorioso, creador de cada cosa
El Señor eterno, el comienzo instaurado
Él creó primero la tierra, para sus hijos
Y el cielo como tejado. El santo creador
Del recinto de en medio. De la humanidad el protector
El Señor eterno, quien desde el más allá ha hecho
Para los hombres, la tierra, Señor todopoderoso.5
Notas
- El valor de la obra de Shakespeare no se basa en sus tramas, sino en sus versos, como lo demuestran las sosas adaptaciones de Macbeth y King Lear de Akira Kurosawa. Regresar.
- Este comentario arroja luz sobre nuestra percepción. A diferencia de los sueños, la vigilia depende enteramente de las sombras; los colores y las formas no son sino caprichosas superposiciones de luz ensombrecida (nota del autor). Regresar.
- Desde el siglo diez el mundo cristiano se refiere Inglaterra como a la Dote de María, tal y como consta en el documento firmado por Ricardo II: Dos tua Virgo pia Haec est. Regresar.
- O, that that earth which kept the world in awe
Should patch a wall t'expel the winter's flaw. Regresar.
- Nu we sculon herigean heofonrices weard,
meotodes meahte ond his modgeþanc,
weorc wuldorfæder, swa he wundra gehwæs,
ece drihten, or onstealde.
He ærest sceop eorðan bearnum
heofon to hrofe, halig scyppend;
þa middangeard moncynnes weard,
ece drihten, æfter teode
firum foldan, frea ælmihtig. Regresar.