Designio
¿Quién eres?
¿Espíritu de los mares?
¿La raíz de los poderes del agua?
¿Pensamiento marino?
¿Tez salada?
¿Quién eres?
¿Oleaje que me arrebata las madrugadas?
¿Caballito de mar que escupe fuego
y lame el llanto lechoso
de mis pezones?
Esta isla no basta para adivinarte
Tendré que reinventar tus cenizas
en el foso mortal de los volcanes
Cuando exhausto yazcas
al pie de mi noche
me hundiré en tu nuca
Entonces dirás que me posees
Adán y Eva perdidos en Manhattan
Los vi una mañana en Central Park
con el extravío hecho polvo en las facciones
y el miedo del origen perpetuado en su andanza
Era invierno
Las negras vestimentas descubrían sus cuerpos
desnudos todavía
lastimeros y hermosos
golpeando las pupilas de los transeúntes
que atiborrados de pérdida rozaban lo prohibido
Luchaban contra algo más que el viento
El miedo atrajo a una jauría de perros
seguramente enviados de Cerbero
La presa era fácil
indefensa
bastaba un bocado
bastaba un zarpazo
La presa rezumaba abandono
Pero el hambre de las bestias
se ahogó en la miseria y el desamparo
latentes bajo de la carne niña
Se alejaron
No gustaban de bocados malditos
Quise hablarles
pero un gesto suplicante me detuvo
Enlazados en una misma sangre
y una misma condena
viajaban cuerpo a cuerpo
sin percatarse del barullo de las horas
ni de los rascacielos
Ajenos a su danza peregrina
desconocían el tiempo
Preguntaron una dirección a los turistas
Era inútil
nadie comprendía esa lengua
cuyos matices traspasaban los confines
Una mordida los había sepultado
pero ellos se empeñaban en mostrarse
La brisa revolvió las hojas secas
arrebatando a los inmortales su sombra
Fue entonces cuando sus huesos comenzaron a saberlo:
habían sido expulsados
Sentí estremecerse Manhattan
junto a dos pares de ojos
que aún no habían conocido el llanto
Más tarde
ese mismo día de invierno
apresurado el paso
en la esclavitud del caos
los encontré agazapados
junto a una manzana podrida en el camino
Inquisición
Susúrrame perversidades al oído
déjalas brotar de tu garganta
deslizarse sobre tu lengua ácrata
escapar por la espiral
de tus labios encendidos
Aviéntame pasajes oscuros
de brujas medievales
déjame arder
la hoguera me lamerá con sus llamas
no me rescates
no seas el caballero de mis sueños
no desperdicies tu saliva en las brasas
Soy tu peor pesadilla
sé tú la mía
Edén
Otro día de compartir con nadie
la manzana de tus labios vedados
Otro día en que no aventuro
la mordida indiscreta
Junto al árbol de la vida
aguardas mis pisadas
el gesto definitivo
una mano temerosa de ti
de tu pose divina
de la carne de tu pecho desnudo
La serpiente de mirada atenta
huye desconsolada
al sentir que ante ti me arrodillo
sin vergüenza del día
para ofrecerme a tu abrazo
A tu aliento mortal
voy sin retorno
No respondas
¿Y si el miedo me lleva nuevamente
a un abrazo marchito por la espera?
¿Y si el furor de tus ganas
me hace abrirme
ofrecerme
sin siquiera darte tiempo
a que articules o mueras?
¿Y si me robo tu semen
para hundirlo en mi goce
en mi fluido cálido
pero mortal y pagano
cual lava enceguecida?
¿Y si te brindo mi boca
allí donde el deseo
logra partirte en dos?
¿Y si me toco
para que tú me veas
mientras mis manos buscan
rastreras el camino?
¿Y si murmuro estoy lista
y tú te ahogas?
Dime
qué lamerías
si reviento
prendida a tus caderas
Qué harías si te consumo
en la sed de mi entrega