Letralia, Tierra de Letras
Año IX • Nº 118
22 de noviembre de 2004
Cagua, Venezuela

Depósito Legal:
pp199602AR26
ISSN: 1856-7983

La revista de los escritores hispanoamericanos en Internet
Editorial
Virtudes deseables
Jorge Gómez Jiménez

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Hace poco terminó en Rosario el III Congreso Internacional de la Lengua Española (Cile), donde se dieron cita quienes a lo largo y ancho del mundo de habla hispana desarrollan labores de investigación y documentación del idioma de Cervantes.

El encuentro estuvo precedido por diversos conatos de escándalo, como la exclusión de la lingüista santafecina Nélida Donni de Mirande por supuestas razones políticas, la ausencia de Gabriel García Márquez —quien tuvo que tranquilizar a distancia a Saramago bajo el argumento de que él realmente no asiste a estas actividades— y las peripecias presupuestarias, entre otros. Finalmente, al menos para quienes asistimos a través del crisol de las agencias de noticias, el evento parece haberse desarrollado con absoluta normalidad.

En el marco del Cile, el presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, puso sobre el tapete un tema que genera preocupaciones cada vez mayores en quienes llevan el idioma en las venas: la deformación del mismo, acelerada por la influencia que la velocidad de las comunicaciones contemporáneas le ha impreso al acto de comunicarse.

Hacía Barcia expresa referencia al chat, la expresión máxima de comunicación inmediata en nuestros tiempos. En el contexto hispanoparlante, el chat de los medianos años noventa tuvo un pobre protagonismo a causa de la exigua presencia de Internet —y de la informática en general— en los diversos ámbitos personales y profesionales. Pero en la actualidad, la masificación galopante de la red, que va más allá de los hogares y la oficina gracias a la proliferación de cabinas comerciales, le ha brindado al chat una ubicuidad sin precedentes. Nuestros hijos, cualquiera sea la actividad que vayan a desarrollar en un cibercafé, lo definen sin mayores ambages: "Voy a chatear".

Barcia se escandaliza ante las amputaciones que ha aplicado el chat a nuestra lengua. Y es que, en el afán por decir las cosas al ritmo del corazón, los jóvenes de hoy han aprendido a sustituir el que por una q solitaria, a comprimir la sílaba ca con una rotunda k y a darle nueva vida a acrónimos ya existentes, pero anteriormente de relativo poco uso, como tqm —que sustituye sin demasiada elegancia, pero con mucha efectividad, a esa maravillosa expresión de nuestro idioma: "te quiero mucho".

El académico establece el límite del lenguaje contemporáneo, incidido por estas nuevas maneras de comunicarse, en "no más de doscientas palabras" —habría que documentarse un poco para saber si ha sido metafórico o tiene datos concretos sobre esto—, y criticó a los docentes de su país, cuya capacitación en esta materia calificó de "incorrecta", por lo que los alumnos argentinos —y otro tanto quizás se pueda decir de los de muchos de nuestros países— "presentan un dominio cada vez más rudimentario del idioma".

"El privilegiar la rapidez por encima de cualquier otro valor produce un uso degenerativo de la lengua y, por esta vía, un joven que el día de mañana tenga que optar por un trabajo, probablemente no lo conseguirá porque no es capaz de escribir correctamente", ha dicho también Barcia. Pero, puestos a ver, la degeneración del español, aunque acelerada en la actualidad, es un proceso vigente desde hace mucho —toda lengua avanza hacia una evolución que en buena medida es igualmente una degeneración— e, Ingenieros dixit, no ha sido la mediocridad del idioma empleado por muchos profesionales un gran obstáculo a vencer para escalar en sus respectivas áreas.

Se sabe de la errónea concepción de que ciertas profesiones pueden prescindir de la corrección en el lenguaje, pues éste generalmente funciona aunque el hablante presente defectos en el uso del mismo. Quizás sea inherente a la naturaleza humana que lo que algunos consideran una virtud deseable para otros sea un lujo intelectual. Lamentablemente, no tienen las academias el poder suficiente para frenar estas tendencias. Quizás estas tendencias sean irrefrenables.

 

Post-Scriptum
"El poeta empieza donde el hombre acaba. El destino de éste es vivir su itinerario humano; la misión de aquél es inventar lo que no existe".
José Ortega y Gasset,
La deshumanización del arte (1925).


       

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Creada el 20 de mayo de 1996 • Próxima edición: 17 de enero de 2005 • Circula el primer y tercer lunes de cada mes