El retrato en la pared
Yo soy ayer el muerto
que porque me vivieron unos ojos
que mientras me miraron unos ojos.
Lo que resta hasta el olvido
y sumarle razones de futuro.
Algún día yo haré lo mismo
que ellos los que tardan en decir su nombre
y tropezaré definitivo
y no he vuelto desde entonces.
Por ahora no he caído
aunque me voy volviendo tarde:
como si hubiese hallado un puerto,
yo que nunca he visto el mar,
permanezco anclado en algún lugar entre el reverso anverso el filo
de un papel pintado con colores que presumo ya inexistentes.
Quienes pasan y se detienen
en el pasillo a media luz
mirarán la pared cada vez menos.
Detrás de mí cada vez menos
habrá un agujero hecho con la uña, la mancha de humedad vergonzante, el comienzo de una lluvia nada
excepcional, la fotografía del habitante de la casa previa, una ventana que pudo ser un bosque la gota
derramada por la hormiga en la rosa la moneda que perdimos cuando éramos chicos la herida que ya no nos
duele pero había sangrado tanto aquella vez y hubo que asustarse o de lo contrario también moriríamos la
duración de la noche y está cerrada, o la descortés pared descascarada de a ratos.
Mirarán y no verán a nadie.
Con el tiempo comprobarán su costumbre
a la neblina,
pero si reconocen un rasgo,
por mínimo inútil fabulado,
querrán acariciar con los dedos
enternecidos a la mitad
de un fue devuelto momentáneamente hoy
(y por eso todo lo harán en pretérito
y con la voz bien baja de lo que no ha vuelto).
Sobrevivirán,
yo me haré un ausente
y seré pasado.
Poema hallado en el suelo de un pasillo
del Hospital San Bernardo
Cuánto durar
sin saber cuándo
cansarse
y no. Se acaba.
Allí de nuevo vienen fiebres
a buscarme.
Me adelanto al dolor
y torno mi cabeza contra la pared. La cama
oscuramente.
Retiene el calor que no me queda.
Y es sin sabor la sed.
Espérame
el último beso,
la última ventana
no me dejes aún anochecer.
París se morirá antes que yo
"A (minha) vida é como si me batessem com ela".
Fernando Pessoa
París se morirá antes que yo.
Juan Manuel está enfermo
¿qué tendrá Juan Manuel?
Tiene en esta dura tarde
un lento nudo en la garganta,
la saliva seca
raspándole la sed.
Tiene encanecidos huesos que anochecen
oscuramente lluvia
hecha toda de jueves,
de golpes,
de cansado.
Y lo dejan gris,
del color inevitable
y molido a palos.
Tiene ojos
que ya no lo esperan de corrido.
Tiene este camino solo
sin testigos.
Tiene cuerpo ceniza polvo
y hambre
y puertas que no abren.
Hombre afeitándose
"con pasos que otros huyen te he buscado"
F. de Q.
Y yo tampoco, tampoco, no hallo cosa en que poner los ojos. Tantas veces he deseado la suerte de Edipo a
esta ceguera imperdonable de Tiresias, que no me deja poner los ojos en nada sin que tan luego me recuerde
que seré pasado. Un es cansado, Francisco, un es cansado. Es así como recorro mi casa oscurecida y la gana
la imaginación pues la sueña claustro, biblioteca, enredadera, agua de mar, otra vez casa y tropiezo y
pudo ser el universo. O me tropiezan, me cercan, cada vez más cerca, las cosas en que ojos que no fuese
recuerdo. Yo que tanto llevo hacia el olvido. Y lo que iré olvidando todavía. Me acaban, como una suma
pronta a resolverse, horas inéditas cada hora. Me asoman otras veces desde la eternidad acostumbrada de los
espejos. Hubo además noches en que recorrí pasajes para cortar camino, cuando los ojos se me hicieron
llovizna y filo insoportable. Bajo esa luz del poema, es decir bajo una sombra parecida, he comenzado a
verla también en la navaja.
Hipótesis del hueco
A Walter Adet
"Abajo, abajo, abajo. ¿Es que nunca iba a terminar de caer?"
Lewis Carroll, Alicia en el país de las maravillas
.
Me vas precipitando
al fondo
extranjero de mis ojos.
No te vi nunca,
hasta hoy en que
final definitivo y nadie
te sentaste con las manos entrelazadas a la cara que solíamos usar para las fotos.
Te voy dejando nunca
gota y gota
en el hundimiento que me borrará también si a vos te borra.
Será un no haber ninguno
ni conjunción ni nombre propio.
A contralluvia nos vamos deshaciendo,
en algún lugar irá a parar
el hueco.
Constatación del hueco
Yo soy ninguno en el umbral
y comienza a caer lo que se parece tanto a mí.
Se derrama por la sed
y me atraviesa la garganta
con trépanos de hambre.
Más tarde me demanda la parte que le toca en la concreción del vacío.
Y van quedando astillas
para mí,
para la noche,
que refundan
fuego lejanías hueco.
Me quedo inalcanzable
mirándome caer.
¿No terminará la caída
que me acompaña
a todas partes,
volviéndome pesado
y más caída?
Voy final
me quedo oscuro,
no sé más nunca
cómo hacer de mí esto que habla.