En los diez poemas que Nicanor Parra envió con su nieto a modo de discurso, hizo un pequeño homenaje a Roberto Gómez Bolaños y aseguró que merece el galardón “X un libro que estoy X escribir”. A la entrega tampoco asistió el rey Juan Carlos, convaleciente de una operación.
Lea también: Discurso de Cristóbal Ugarte en nombre de su abuelo, Nicanor Parra, al recibir el Premio Cervantes
“Mi abuelo me ha encargado que pida prórroga de mínimo un año, del 23 de abril del año 2012 al 23 de abril de 2013, para así poder pergeñar un discurso medianamente plausible”. Así se excusó este lunes 23 de abril el poeta chileno Nicanor Parra en la entrega del Premio Cervantes, en la voz de su nieto Cristóbal Ugarte, quien junto a la máquina de escribir del Antipoeta leyó en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares unas breves palabras propias, como introducción a una selección de “poemas y antipoemas” del laureado escritor.
“He llegado a la siguiente conclusión: hay que hablar por escrito”, agregó Parra citado por su Cristóbal “Tololo” Ugarte, su nieto de 19 años. “Yo demoro seis meses en armar un discurso que se lee en 45 minutos y que parece que estuviera improvisado”. Ugarte continuó afirmando que el poeta, pocas horas antes, le había dicho: “Don Quijote no cabe en un fin de semana”.
A sus 97 años, Parra no pudo viajar a recibir por su cuenta el más importante reconocimiento del mundo de habla hispana, que mereció, según el veredicto, por “toda una vida dedicada a la poesía, a crear y a investigar nuevos lenguajes poéticos”. El médico le advirtió que tal viaje podría ser perjudicial para su salud.

De izquierda a derecha, Colombina Parra —hija del Antipoeta—, los príncipes Felipe y Letizia y Cristóbal Ugarte, hijo de la primera y nieto de Nicanor Parra.
“Además, él tampoco se sentía muy seguro para hacerlo, porque son muchas horas de vuelo”, dijo su nieto este lunes en Alcalá de Henares. “Mi abuelo se tiene que mantener en la playa de Las Cruces porque tiene asma y es el único lugar donde se encuentra bien”, agregó Ugarte, quien viajó a la nación ibérica acompañado por su madre, Colombina —hija del Antipoeta—, y de su tío Ricardo Nicanor Parra.
“Dejé a mi abuelo en su casa de Las Cruces, en la costa chilena, rodeado de libros”, prosiguió Ugarte, quien contraviniendo la tradición leyó en un atril a la altura de los invitados, en lugar de usar el púlpito del paraninfo. “La mayoría de ellos son versiones y estudios del Quijote, pero hay también algunos libros de la biblioteca de don Quijote, como, por ejemplo, los seis tomos de La araucana, de Alonso de Ercilla. Y hay varias enciclopedias abiertas sobre las mesas y los sillones, con las páginas más importantes señaladas con bolsitas de té en reciclaje”.
Al término del breve discurso, Ugarte anunció la lectura de algunos “poemas y antipoemas” de su célebre abuelo, gran parte de los cuales, aseguró, “fueron redactados en esta máquina de escribir, que está hoy con nosotros”, misma que llevó a España con la encomienda de Parra —quien la llama “su máquina del tiempo”— de entregarla este martes 24 al Instituto Cervantes, en cuya Caja de las Letras será guardada con un poema dentro cuyo contenido se conocerá sólo en el año 2062.
“Los premios son / como las Dulcineas del Toboso”, leyó Ugarte el primero de los poemas enviados por su abuelo, quien continuó en unos breves versos que al final rinden un pequeño homenaje al humorista mexicano Roberto Gómez Bolaños: “Mientras + pensamos en ellas / + lejanas / + sordas / + enigmáticas / Los premios son para los espíritus libres / Y para los amigos del jurado / Chanfle / No contaban con mi astucia”.

El Antipoeta se quedó en su residencia en la playa de Las Cruces rodeado, según explicó su nieto, de “versiones y estudios del
Quijote”.
En su “Soliloquio del Individuo”, el segundo poema —y el más extenso de la selección—, Parra se retrata como el Individuo en búsqueda constante. “Yo soy el Individuo”, inicia el poema. “Primero viví en una roca / (allí grabé algunas figuras). / Luego busqué un lugar más apropiado (...). Bajé a un valle regado por un río, / allí encontré lo que necesitaba, / encontré un pueblo salvaje, / una tribu, / yo soy el Individuo”.
El texto continúa narrando una visión personal del progreso intelectual y tecnológico de la civilización: “Produje ciencia, verdades inmutables, / produje tanagras, / di a luz libros de miles de páginas, / se me hinchó la cara, / construí un fonógrafo, / la máquina de coser...”. Y termina con el arrepentimiento del Individuo y el regreso a los orígenes: “Bien. / Mejor es tal vez que vuelva a ese valle, / a esa roca que me sirvió de hogar, / y empiece a grabar de nuevo, / de atrás para adelante grabar / el mundo al revés. / Pero no: la vida no tiene sentido”.
En los poemas restantes, el Antipoeta habló de la imposibilidad de diferenciar entre la prosa y el verso (“Es cuestión de costumbre solamente / Los poetas escriben para abajo / Los prosistas escriben para el lado”), rindió tributo por igual a Cervantes y a Shakespeare (“El mismo hombre con distintos nombres”), habló de las neurosis y el genio, hizo un autorretrato desde la perspectiva de la vejez y contó la historia de un “hombre imaginario” cuyo corazón vuelve a palpitar al recordar a la mujer amada.
Ugarte también leyó una pregunta —el último de los textos— que su abuelo se formula “en estos momentos y a la distancia”, y con la que cerró su intervención: “¿Se considera Ud. acreedor al Premio Cervantes? / —Claro que sí / —Por qué / —X un libro que estoy X escribir”.
Ausencias y presencias

Cristóbal Ugarte recibe el Premio Cervantes en nombre de su abuelo, Nicanor Parra, de manos del príncipe de Asturias, Felipe de Borbón.
Ugarte, su madre Colombina y su tío Ricardo Nicanor presentaron excusas por la ausencia de Parra en la ceremonia, obligada por la delicada salud del escritor de 97 años: “A pesar de que él no se vuelve loco por los galardones, es un gran reconocimiento, y sabe perfectamente lo que significa”, manifestó Ugarte. Como obsequio para la familia real llevaron “el mejor vino que tenemos en Chile”, Clos Apalta de 2004, reseñado por una revista especializada como “la mejor cosecha del mundo”.
Es la segunda vez que el premio Cervantes se entrega en ausencia del ganador. La primera vez fue en 1989, cuando lo mereció la escritora y filósofa española María Zambrano, cuyo reumatismo le impidió asistir, recibiendo al día siguiente la visita de los reyes. Además, hubo dos casos en que el galardonado, pese a que sí pudo asistir, tuvo que delegar en un amigo la lectura del discurso por razones de salud: en 1993 la poeta cubana Dulce María Loynaz (el discurso fue leído por Lisandro Otero) y en 1997 el poeta español José García Nieto (el discurso fue leído por Joaquín Benito de Lucas).
A la ausencia de Parra se sumó la del rey Juan Carlos —convaleciente de una intervención quirúrgica en la cadera—, quien fue suplido en presidencia de la ceremonia, celebrada al mediodía de este lunes, por los príncipes de Asturias, Felipe de Borbón y Letizia Ortiz.
También estuvieron presentes el presidente del gobierno español, Mariano Rajoy; el ministro de Cultura, José Ignacio Wert; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, y el ex director general del Libro, Rogelio Blanco, así como la cantante y escritora estadounidense Patti Smith, el poeta británico Niall Binns y el crítico Ignacio Echevarría.
Parra, un rupturista
En su discurso de clausura de la ceremonia, el príncipe Felipe dijo que Parra es “mucho más que un provocador, es ciertamente un rupturista”, y afirmó que en poesía “se permite todo”. “Pero no se trata solo de desconcertar; quiere comprender su realidad y urgir a los demás a que, salvando el abismo que existe entre arte y vida, acompañen esta arriesgada cruzada”, añadió.
“De seguro que Cervantes, al ver hoy llegar a Nicanor Parra al parnasillo de poetas galardonados con el premio, reconocerá en él un espíritu afín, un poeta desnudo de adornos, con atuendo de vecino de Chillán, y, sabiéndolo su espíritu gemelo, se apresurará a decirle: ‘Pasa, raro inventor, pasa adelante con tu sutil designio’ ”, señaló el príncipe.
“Él no engaña a nadie, antes bien advierte del peligro que corren sus compañeros de aventura: Mi poesía —dice— puede perfectamente no conducir a ninguna parte, pero en el trayecto va desenmascarando credos de todo orden”, añadió don Felipe para luego recordar que Parra “explora nuevas formas, nuevos espacios para las palabras siempre libres” y nunca consintió que se le “encasillase”, sobre todo en lo político.
Según don Felipe, dos poemas, “El soliloquio del Individuo” y “Las Tablas”, “resumen el esfuerzo hercúleo de rehacer la propia historia del hombre y de romper el complejo sistema de leyes y normas que lo someten”.
“Mañana”, concluyó, “la familia de Nicanor Parra depositará en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes lo que él llama ‘su máquina del tiempo’ con un poema inédito y la orden de no abrirlo hasta dentro de cincuenta años. Como las palabras de Parra están en perpetuo movimiento, no sabemos entonces lo que aparecerá. Pero no hay duda: serán palabras que nos unen en la lengua de Cervantes y ensanchan nuestra vida”.
La “montaña rusa” del Antipoeta
Por su parte, el ministro Wert —quien afirmó haber regalado este lunes, al equipo de gobierno, los Poemas y antipoemas de Parra— resaltó en su intervención la obra “extensa, original y sorprendente” del escritor chileno y, tras un repaso por la nómina de premiados con este galardón desde hace 36 años, elogió la “asombrosa facilidad poética” de Parra, cuya obra “invita a detenerse en sus orígenes, en sus raíces”.
Asimismo, “la tradición poética, la cultura y el folclore” o la “herencia de los guerreros mapuches” son, para Wert, parte fundamental de su escritura que, con Poemas y antipoemas, “cambiaría el rumbo de la poesía escrita en lengua castellana”.
El ministro aludió también al “espíritu siempre transgresor” de Parra. “Su relación con la tradición poética, con la sociedad que lo rodea y las creencias y dogmas habituales en ella, ha sido siempre una relación incómoda, díscola y contestataria”, señaló para calificar después su antipoesía de “irreverente”.
Wert no olvidó citar la faceta científica del escritor chileno que le ha ayudado a “relativizar” todo. “No hay verdades con mayúscula, parecía estar diciéndonos”, afirmó. “La poesía, con Nicanor Parra, sale a la calle”, apostilló el ministro.
Señaló asimismo que, según dijo el propio Parra en un antipoema que es “una declaración de principios”, “la verdadera seriedad es cómica”. “Es la risa de alguien que ha perdido su fe religiosa, ha perdido su esperanza en un cambio político y ha perdido hasta su capacidad de comunicarse con los demás, pero el simple hecho de reírse le sirve como antídoto para la angustia”, apuntó.
Kafka, Chaplin, Chejov, Cervantes y Quevedo desfilaron por el discurso de Wert, nombres ligados a las propias palabras de Parra. Sin embargo, el ministro recordó que en los dos españoles Parra “encontró una literatura más ceñida a la realidad”, y no sólo en ellos por su obra “siempre ha dialogado con la literatura española”, recordó.
“Con la eclosión de la antipoesía y del antipoeta, Nicanor Parra puso patas arriba los cimientos de la poesía tradicional, nos subió en su ‘montaña rusa’ de la que nunca más hemos bajado”, añadió Wert.
Fuentes: EFE • El País • Europa Press