Francés
Víctor Segalen
Estelas
(En el centenario de su primera edición)

“Estelas”, de Víctor Segalen

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De “Estelas de Cara al Norte”

Espejos

Ts’aï-yu se mira en la plata pulida a fin de ajustar sus diademas negras y las perlas sobre sus diademas.

O si el rojo es demasiado pálido para los ojos, o el óleo blanco demasiado reluciente para las mejillas, el espejo, con una sonrisa, le advierte.

El Consejero se admira en la historia, vaso lúcido donde todo viene a aclararse: marchas de los ejércitos, palabras de Sabios, disturbios de constelaciones.

El reflejo que él recibe ordena su conducta.

*

Yo no tengo diademas ni perlas, y ni proezas por cumplir. Para regular mi vida singular, yo me contemplo solo en mi amigo cotidiano.

Su rostro —mejor que la plata o relatos antiguos— me enseña mi virtud de hoy.

 

Jade falso

¡Oh engaño de una amistad perfecta! ¡Sonoridades hipócritas de un doble eco de uno a otro corazón!

Nos amábamos, decidíamos con la misma confianza: de uno a otro fieles en términos más claros que el gran cielo seco del invierno.

¡Ay! La mala primavera ha venido, y el viento trastorna y la arena en tormenta amarilla. Yo había prometido,

Yo no he cumplido. El eco se ahoga. Ha finalizado. —Ese día glorioso de abandono, ¡ah! ¡Que no he sido duro ni sordo ni mudo!

¡Oh generosidad pérfida, jade falso hiriendo al corazón más que la indiferencia al corazón de porcelana!

 

Traición fiel

Tú has escrito: “Heme aquí, fiel al eco de tu voz, taciturno, inexpresado”. Yo sé que tu alma se tensa justo a merced de las sedas cantantes de mi laúd:

Para ti sólo toco.

Escucha con abandono el sonido y la sombra del sonido en la caracola del mar donde todo se hunde. ¡No digas que puede que un día que tú escuches menos delicadamente!

No lo digas. Pues yo afirmo entonces, apartado de ti, buscaré en otra parte el responso revelado por ti. Y yo iré, gritando en los cuatro espacios:

Para ti sólo toco.

 

Sin desprecio

Como el indicador en la encrucijada que revela la buena ruta, preserva de los falsos pasos y tropiezos —que esto, sin equívoco, fija amigablemente el Oriente puro.

Diligentes a su alrededor, si mis pasos son tan rápidos han acompañado sus pasos —intercambiados con ella, si mis ojos con demasiada frecuencia buscaron lo centelleante o la sombra de sus ojos,

Si mi mano toca su mano, si todo en mí se acerca a ella a veces compone la forma del deseo implorante,

Esto no es —ay, y verdaderamente— para el amor injuriado y vano de mí hacia ella, sino por respeto, por gracia, por amor.

Del amor que en ella existe hacia otro —él.

 

Vampiro

Amigo, amigo, yo he acostado tu cuerpo en un ataúd de bello barniz rojo que me ha costado mucho dinero;

Yo he conducido a tu alma, por su nombre familiar, sobre la tablilla que aquí yo rodeo de mis cuidados;

Pero más no debo ocuparme de tu persona: “Tratar lo que vive como a lo muerto, ¡qué falta de humanidad!

Tratar lo que está muerto como a lo vivo, ¡qué ausencia de discreción! ¡Qué riesgo de formar un ser equívoco!”.

 

*

Amigo, amigo, a pesar de los principios, yo no te puedo abandonar. Yo te formaré cual un ser equívoco: ni genio, ni muerto ni vivo. Entiéndeme:

Si te place chupar todavía la vida de gusto dulce, de acres especias;

Si te place agitar los párpados, aspirar con tu pecho y tiritar bajo tu piel, entiéndeme:

Vuélvete mi vampiro, amigo, y cada noche, sin disturbio y sin prisa, hínchate con la caliente bebida de mi corazón.