Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 17, del 3 de febrero de 1997

Las letras de la Tierra de Letras

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Poemas

Mariángela Petrizzo

La escultura de esas intimidades

La esencia se ha develado ante su identidad.
   Aflora entre la pequeña herida,
irrestrictamente se ha aferrado a sus cánones.
   Resurge —cual carámbano— entre la vastedad de sus locuras.

La saliva se torna resbaladiza (con ese olor tan senil y baboso)
ante el asombre parcialmente consumado,
y por las paredes se deja serpentear
derramando gitanerías,
como el crepúsculo aquél que sin modularse a través del ambiente
no atina siquiera a estremecer el alma de un infante.

De ese todo emergen éstos mis sentidos
(no siéndome ajeno tal proceso)
aún aturdidos por esa murga de sonoridades extranjeras
y pretenden ocultarse dirigiendo su foco
a la vaguedad de las ideologías más sublimes.

Aspiran a transitar —pese a sí mismos—
entre calles íntimas, abigarradas, exquisitas.
Buscan entre los portales la sombra perfecta,
la sutil y efímera particularidad
que complete el prisma por sus colores dibujados.


De desatinos y ambigüedades

Las manos de un intérprete
sólo intentan ser espontáneas ante las órdenes del talento
y repetidamente torpes
estremecen al marfil —o entraña— que desean sonar.

                  El asiento, la sólida colina de esta perplejidad
                  El material íntimo, las obras más clásicas dentro de lo ancestral
                  el sublime instante, las horas pálidas de la soledad.

Los miembros aunque desfasados
se deslizan por una cabina
         transcurren en el espacio
                  de la obra y la ejecución.

El cuerpo
entorpecido por su irrefrenable esencia humana
suele pugnar por estremecer a dioses
con ritmos contemporáneos
envueltos concéntricamente en ecos primitivos.

Pero estila también ignorar su desencajo
acostumbra proyectar su cinismo
sin percatarse de la imperfección de los tiempos en que discurre,
endosando crueldades a destajo
enrollado en el bamboleo de sus medios sentidos.


Desde la marquesina dorada

He vendido la genialidad de la vida
absorbida por las necesidades de mi mundo.

La he donado a un museo            a una iglesia
                  o a un usurero

                           HAY UN HUECO EN EL INTELECTO
                           y una oscuridad bajo la almohada

La luz de la ventana se desliza por las vaguedades de la cortina
cuando el cuadro verde se me encima
abrazando
         suave en principio         más enérgico después
el traco por el que respiro.

         HAY UN VUELO SOBRE EL CIELO         con la tierra como techo
                           con el cuerpo desfasado

Un gato se aproxima a succionar la sangre de mis pensamientos
se cuelga de la tela que une mi vuelo con la esencia
                  salta            corre            gira
                           la desgarra
                                    y me lanza al vacío.

         HAY EN EL SUELO LAS VOCES DEL ALMA      las luces del destierro
                                    los besos tras los portales.

El cuadro verde se fija en mis pies
sostiene con fuerza mi vida

         la luz durante el impacto
         sucumbió entre gritos y gestos

Y el gato.
El indiferente me observa
mientras tras el marco se esconde
perdiéndose en el bosque de ríos que cuento.


       


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Depósito Legal: pp199602AR26 • ISSN: 1856-7983