Para aserrar madera se necesitan dos personas que se coordinen. En una larga sierra cada persona aferra un extremo. Tú halas, yo empujo; yo empujo, tú halas. Con la concertación magistral, entonces las tablas de madera saldrán rectas y planas.
Chang y Da eran una pareja de aserradores de madera que se había concertado durante varias decenas de años. La larga sierra la halaban con maestría. Las tablas logradas eran planas y rectas. Los trabajos de aserrar madera en el entorno de la aldea amurallada estaban por completo monopolizados por ellos.
Pero un tal día, su negocio de pronto se deprimió. Todas las reparaciones y construcciones de casas en los alrededores de la aldea iban al aserradero de madera de Xiao Wuzi.1 Éste no era aserrador, pero compró una sierra accionada por motor. Su negocio floreció. Convirtió a los famosos aserradores, Chang y Da, en hombres ociosos.
Chang y Da no lograban una explicación después de mucho reflexionar. Una persona que no sabía aserrar, ¿cómo podía aserrar madera? Además, ¿con el negocio tan próspero? Curiosos, ellos dos recorrieron varios li de camino para ir a ver el aserradero de madera de Xiao Wuzi. Lo que les hizo sentir novedad a Chang y a Da fue que la sierra accionada por motor no requería un hacha para convertir a los troncos redondos en tablas cuadradas. Tampoco requería usar la regla con tinta para trazar la línea con un marcador de carpintero. Si se deseaba aserrar una tabla muy gruesa, se empleaba el calibrador de la máquina y entonces la aserraba.
A Chang luego se le despertó el deseo y quería comprar una máquina aserradora en sociedad con Da. Los dos como antes se convertirían en socios. Da dijo: ¡Ah, cuánto dinero se necesita para comprar una máquina aserradora! Yo no tengo tantos fondos. Chang dijo: Cada uno de nosotros eroga la mitad. No tiene por qué haber problema. Da dijo: Tampoco puedo erogar la mitad.
Da no deseaba comprar la máquina aserradora; Chang tenía la intención de comprarla a todo trance. No es que no tuviera dinero. Sus parientes ricos eran muchos. Prestarle varios miles de yuanes no era problema. No quería comprarla él solo. Da y él habían cooperado varias decenas de años. Él no podía arrojar la vieja sociedad e ir a enriquecerse una sola persona.
Chang no la compró; la compró Da. Instaló el aserradero al lado del camino frente a la aldea. Chang escuchó esta noticia. Al principio no la creyó, al considerarla un rumor. Se trasladó hasta el camino frente a la aldea para dar un vistazo. Así supo que era verdad. Da precisamente aserraba madera. Su esposa le ayudaba. Montaba los redondos troncos sobre la aserradora. Lentamente los encaraba hacia Da y los enviaba frente a él. Chang pensó en el tiempo anterior cuando aserraba madera y él y Da eran socios. Ahora era Da y otra persona quienes eran socios. En su corazón, secretamente, surgió un descontento e indignación.
Chang fue al aserradero de Da y lo miró una vez; no volvió a ir de nuevo. Al salir o al entrar a la aldea daba un rodeo. El hijo de Chang se indignó por él por la injusticia sufrida. Le dijo: Da compró una máquina aserradora; nosotros también la podemos comprar. Nosotros también podemos abrir un aserradero frente a la aldea. Chang dijo: Qué tan grande es la aldea, ¿cabrán dos aserraderos? No expreses ideas insensatas. No importaba qué dijera el hijo, él estaba firmemente decidido a no comprar la aserradora.
Un día el hijo de Chang regresó a casa. Entusiasmado le dijo a Chang: El aserradero de Da fracasó.
Chang mirando el aspecto muy alegre de su hijo, le preguntó con extrañeza: El negocio de Da iba muy bien, ¿cómo es que fracasó?
El hijo, resplandeciente de alegría,2 dijo: Las tablas que asierra la máquina de Da están llenas de baches, no son planas. Nadie quiere ir allá a aserrar tablas. Todos van al aserradero de Xiao Wuzi.
Chang dijo: Las personas que van a aserrar tablas a aquella aldea tienen que andar varios li de camino. Yo debo ir al aserradero de Da a echar un vistazo.
Chang al llegar al aserradero de Da, sólo vio al solitario aserradero, vacío de personas. Da miraba, alelado, a la máquina aserradora. Chang le preguntó: ¿No encontraste la causa de las irregularidades de las tablas?
Da dijo: No la encontré. No sé dónde surgió el problema.
Chang dio una vuelta alrededor de la máquina aserradora. Le preguntó a Da: Cuando aserrabas, ¿el carro transportador ondulaba arriba y abajo o no?
Dan movió la cabeza. Dijo: Verdaderamente era así. El carro transportador ondulaba. La tabla no salía plana.
Chang dijo: Haz una armazón frente al carro transportador. Coloca encima al árbol que deseas aserrar. Así no podrá bambolearse. Prueba a ver.
Da, de acuerdo con las palabras de Chang, hizo una armazón apoyada en el piso. Probó. Las maderas aserradas eran tanto planas como rectas; parecían tan lisas como si se les hubiese pasado una cepilladora. El negocio que había fracasado volvió a prosperar.
El hijo de Chang estaba muy descontento. Ocultamente odiaba a su padre. Le dijo: ¡Tú haces alarde de qué habilidad! ¿Da te dio cuántos beneficios?
Chang dijo: ¿Cómo es que siempre piensas en beneficios? Da y yo hemos sido socios por varias décadas. Si él se tropieza con una dificultad, ¿yo no lo voy a ayudar?
El hijo de Chang odiaba calladamente a su padre; también Da lo odiaba en secreto. Chang ayudó a Da a resolver el problema de las irregularidades de las tablas. El negocio de Da había mejorado varias veces con respecto al anterior periodo. Desde la mañana hasta la noche se movía sin cesar. De noche, además debía trabajar horas extras. Exageradamente cansado, no prestó atención. Los cinco dedos de la mano derecha fueron cortados por la aserradora mecánica. Da mirando los cinco dedos aún vivos que habían caído sobre el piso y que saltaban alocadamente, lanzó un grito brutal, un gran insulto: Chang, ¡tú me hiciste daño!
De Brevísimos Cuentos del Estanque Celestial; año 2012.
Notas
- Xiao Wuzi significa “El Pequeño Hijo Quinto” o “El Pequeño Cinco”.
- Literalmente: “con cejas volantes y cara danzante”.