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Letralia, Tierra de Letras Año V • Nº 93
7 de agosto de 2000
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Rómulo Gallegos La narración de lo racial-nacional en Pobre negro de Rómulo Gallegos

Antonio Isea

Mucho antes de "las comunidades imaginadas" de Benedict Anderson y "el concepto de la narración de la nación" de Hommi Bhabha, el estadista y novelista venezolano Rómulo Gallegos llegó a reflexionar, a su manera, sobre lo que era la nación o, mejor dicho, la nación venezolana. De hecho, resulta interesante indicar que Roberto González Echavarría, al referirse a Doña Bárbara, (1929) sugiere que Gallegos al escribir esa novela logró también escribir a Venezuela (Myth 243). Considero sumamente acertado el comentario de González Echevarría y añadiría que su observación puede muy bien extenderse a toda la narrativa galleguiana.

En 1937 Gallegos prosigue con ese deseo de escribir y construir la nación venezolana a través de otra novela, Pobre negro. Este ejercicio narrativo, al igual que Doña Bárbara, forma parte de ese rico y prolijo inventario discursivo que hemos llegado a conocer como novela de la tierra o regionalista. Bien puede decirse que este tipo novelístico, que proliferó durante las tres primeras décadas del siglo XX, fue concebido, según indica Carlos Alonso, como la cartografía a seguir en la construcción del estado-nación latinomericano. Novelas como La vorágine (1924) y Don Segundo Sombra (1926), por sólo nombrar algunas de las tantas novelas regionalistas, se convirtieron en recetas o especulaciones sociopolíticas centrales a la edificación de la nación latinoamericana.

En lo que respecta al Pobre negro de Gallegos cabe indicar que la novela aborda la figura del sujeto afrovenezolano para apreciar su ubicación dentro de la cartografía para la construcción de lo nacional venezolano. Al hacer mención al proceso del germen nacional es importante indicar que Pobre negro, más que cualquier novela de Gallegos, nos pone cara a cara con el momento genésico venezolano. Me refiero a un período que comprende de 1854 a 1864. Este es el momento histórico donde verdaderamente comienza a surgir una suerte de arquitectura de la nación en Venezuela. A decir verdad, el fin de las guerras de independencia, marcado por la capitulación de Morales en Maracaibo en 1823, sólo significó la precaria ruptura del cordón umbilical que nos unía a la que Bolívar llamó "La madrastra desnaturalizada", España. De hecho el historiador venezolano Germán Carrera Damas, al referirse a la sociedad posindependentista, comenta que:

    La sociedad implantada rechaza el planteamiento revolucionario francés y lo hace en sus tres versiones: en la versión directa, por tratarse de una fórmula ideológica que rápidamente toma carácter antimonárquico y antirreligioso, y esta era una sociedad monárquica y católica. Rechaza esa influencia en su vertiente antillana, sobre todo en lo que a Haití respecta, porque tiene un peligrosísimo contenido de igualdad social y racial y de libertad de los esclavos, y esta es una sociedad esclavista y discriminatoria (Una nación, 46).

De allí que habrá que esperar hasta 1854, momento en que el presidente de Venezuela, el general José Gregorio Monagas, ejecuta la Ley de Abolición y con ello se desencadena en Venezuela una cruenta guerra civil que durará hasta 1864 (Una nación llamada Venezuela, 100-105). Es en ese intersticio histórico donde se arma el tejido narrativo de Pobre negro. La novela, al abordar la también llamada guerra federal, se ubica sin dudas en un óptimo ángulo de apreciación para especular y reflexionar sobre la posibilidad de amar y construir la nación venezolana.

La novela, en su deseo por llevar a cabo el antedicho proceso de reflexión sobre lo nacional-venezolano, se centra la figura protagónica del texto, Pedro Miguel Candelas. Este personaje se convierte en el depósito de las esperanzas para la construcción de la nación venezolana: "En Pedro Miguel había todo un mundo por crear. La materia prima era de calidad excelente" (558). Candelas es el producto de un sincretismo racial, la unión de un mulato cimarrón, llamado Negro Malo, con Ana Luisa Alcorta, hija de un oligarca cacaotero de la región centro-norte venezolana. Obligado a permanecer marginado por su condición de mulato en una Venezuela que se adhiere a los parámetros racistas del régimen colonial español, Pedro Miguel crece sintiendo un odio a su dimensión racial blanca y a la oligarquía blanca criolla que lo subyuga. Los detalles de la genealogía de Pedro Miguel son parte de un discurso al cual él no tiene acceso, ya que su madre, la cual muere durante el parto, es hermana del amo de la hacienda donde Pedro Miguel es esclavo. Candelas llega hasta su tardía adolescencia sin conocer a sus verdaderos padres debido al decreto de silencio que impone un hegemónico oligarca cacaotero.

Ahora bien, es durante esta época de tardía adolescencia de Candelas cuando se desata el conflicto armado de 1854. Candelas se une a la causa federalista para quemar, haciendo honor a su nombre, el status quo de una Venezuela premoderna. Curiosamente, Pedro Miguel Candelas, al involucrarse en la güerra civil, se convierte en lo que Jacques Derrida habría llamado el Pharmakos de la arquitectura nacional venezolana. Es decir, el mulato Candelas es, a la vez, el remedio y el veneno del proyecto nacional que los nuevos arquitectos de la nación venezolana, blancos liberales, estaban fraguando. Por un lado, Pedro Miguel, dada su condición de mulato, es un elemento altamente operante para derrumbar las bases racistas de una nación que se aferra al antiguo régimen. Sin embargo, ese mismo subject position, término acuñado por Paul Smith en Discerning the subject, se convierte también en el veneno para un proceso de homogeneización de la nación moderna. Candelas siente que debe llevarse a cabo un cambio radical, una suerte de exterminio de la población blanca en Venezuela.

De lo anteriormente señalado podemos colegir que en Pobre negro se manifiestan algunas de las ideas que sobre la problemática de nación han manejado pensadores como Homi Bhabha y Partha Chatterjee. Me refiero particularmente a la idea de Bhabha según la cual el concepto de nación como una entidad coherente y autónoma es particularmente cuestionable. Especialmente si adoptamos, tal como lo sugiere el mismo Bhabha, la perspectiva neocolonial de Chatterjee:

    Nationalism... seeks to represent itself in the image of Enlightment and fails to do so. For Enlightment itself, to assert its authority as the universal ideal, needs, its Other; if it could ever actualise itself in the real world as the truly universal, it would in fact destroy itself (Chatterjee 17).

Esa otredad que es necesaria para que exista la modernidad nacional está representada en Pobre negro por Pedro Miguel Candelas. Candelas se convierte en una rica metáfora a través de la cual se articula toda esta problemática de la ambigüedad o ambivalencia de lo nacional. A un nivel superficial, Candelas, debido a su estatuto de mulato, es cromáticamente ambiguo. También es importante indicar que su relación con el mundo blanco criollo, a pesar de su resentimiento racial, es igualmente ambivalente. Pedro Miguel Candelas adquiere su educación a través de un grupo de tutores o destinadores ideológicos, para usar terminología de Greimas, que son blancos criollos. Me refiero a los personajes del Padre Media Villa, Cecilio el viejo, Cecilio el joven y Luisana Alcorta. El padre Media Villa, figura que trae resonacias de un Fray Servando Teresa de Mier por sus posturas inconoclásticas, canaliza en Pedro Miguel un deseo de cambio socio-racial. Desde el púlpito de una iglesia rural Media Villa cambia la hegemonía de los evangelios por una narrativa de corte popular que causa en Candelas una suerte de anagnórisis. Los dos Cecilios, el viejo y el joven, son los encargados de la educación formal de Pedro Miguel, el cual hasta los doce años es analfabeto. Cecilio el viejo es un Rousseau del Caribe venezolano. Su conocimiento enciclopédico y sus ideas revolucionarias son depositadas, inicialmente, en Cecilio el joven, el cual se convierte, a su vez, en el guía inmediato de Candelas. Sobre Cecilio el joven es importante indicar que este personaje se encuentra escribiendo, en la novela, una suerte de Aleph sobre la civilización y la barbarie. Su texto se convierte en archivo de todos los planes civilizadores latinoamericanos desde Sarmiento a Gallegos: "Reflexiones sobre la estructura social y económica del país, con los males que de ella se derivaban y las posibles maneras de remediarlos" (448). Vale añadir que Cecilio el joven y su ur-text sobre la civilización y la barbarie son réplicas ficcionales del Gallegos estadista y literato. Igualmente es importante indicar que Cecilio el joven se convierte en surtidor del discurso ancestral de Pedro Miguel. El joven humanista, en un capítulo titulado adecuadamente "La revelación", siembra en Candelas parte de su árbol genealógico: "Ya es hora de que conozcas la verdad. Tú eres hijo de Ana Julia Alcorta, hermana de mi padre" (473). Con tal "revelación" se ha completado, parcialmente, el mapa ancestral y cultural del protagonista de Pobre Negro.

En lo que se refiere a Luisana Alcorta, ésta no sólo alimenta en Candelas un deseo de superación sino que también se convierte en objeto del deseo del protagonista mulato de Pobre negro. Ese deseo, vale indicar, es bilateral ya que Luisana Alcorta, hermana de Cecilio el joven y prima hermana de Candelas, es una mujer que está más allá de las barreras y los tabúes raciales de su época. En suma, podría decirse que Pedro Miguel Candelas, debido a la influencia de sus formadores blancos criollos liberales, se convierte en ese escamoteado sujeto del cual nos habla el siempre controvertido Franz Fannon en Piel negra, máscaras blancas. Es de recordar que Fannon sugiere que el sujeto afro lleva una máscara blanca la cual es síntoma de la interiorización que ese sujeto ha hecho de los valores del mundo blanco.

No obstante, una vez que Pedro Miguel se distancia de ese mundo lactificado de los Alcorta y entra de forma directa en el conflicto bélico de 1854, su máscara blanca comienza a tomar "otro" valor cromático. Candelas, al verse comandando un ejército de negros de la región de Capaya, nota cómo estos "otros" han sido víctimas, igual que él, de una subyugación bárbara que paradójicamente proviene del mundo blanco del cual él se ha nutrido: "¿Será verdad que yo he cambiado tanto..? ¿Hasta dónde les habré dado la espalda a los míos?" (543). Es allí, y en ese momento, donde se da cuenta de lo que ha significado ser negro en Venezuela para miles de sujetos que no tuvieron las oportunidades que él tuvo. En otras palabras, Candelas percibe lo que es ser un pobre negro. Es también en este segmento de la novela, la cuarta y última jornada, donde Pedro Miguel Candelas entra en contacto con su alter-ego. Me refiero al negro Mapanare. Este personaje, cuyo nombre apunta al de una de las serpientes más venenosas de la fauna venezolana, puede leerse como una suerte de Facundo Quiroga afro-venezolano. El Mapanare no sólo se presenta ante Pedro Miguel Candelas como agente familiarizador de la otredad afro-venezolana sino que también le permite accesar a Candelas las "otras" raíces de su árbol genealógico. En un papel análogo al de Cecilio, el joven, Mapanare le confiesa a Pedro Miguel que ambos comparten el mismo padre y éste es el mulato cimarrón mejor conocido como Negro Malo. Resulta preciso indicar que la relación entre Pedro Miguel y Mapanare está, al igual que todo en el texto, informada por una curiosa ambigüedad. El mulato Candelas, desde los vestigios de su máscara blanca, mira con cierto extrañamiento y preocupación a su medio hermano negro. De hecho, podría decirse que Pedro Miguel se siente superior a Mapanare. No obstante, esta postura de rechazo al "otro", a Mapanare, puede y debe leerse a la luz del postulado freudiano según el cual "lo extraño es aquello que nos aterra por su siniestra familiaridad". De hecho, puede decirse que "la inquietante extrañeza" del negro Mapanare llega a infiltrarse en Pedro Miguel como el veneno (o medicina-pharmakos al fin y al cabo) de una serpiente, una serpiente mapanare. Durante su campaña militar con Mapanare, Pedro Miguel Candelas, envenenado o curado, siembra el terror en toda la región centro-norte del Caribe venezolano. Este itinerario bélico cuyas dimensiones son apocalípticas llega a su destino final en la hacienda que vio nacer a Candelas. Este lugar, llamado adecuadamente La Fundación, es un espacio cargado de ambivalencia para Pedro Miguel. Por un lado, La Fundación, microcosmos de la nación a fundar en Venezuela, representa para el mulato su época de esclavo o, mejor dicho, su condición de pobre negro. Por otra parte, la hacienda es también el recinto educativo en el cual él fue el Emilio de los rousseaus venezolanos.

Al llevar a cabo esta suerte de viaje a la semilla carpenteriana, Candelas tiene como objetivo quemar La Fundación, acto que puede leerse como una metáfora de purificación de la nación venezolana. Sin embargo, la candela de Candelas se extingue cuando éste se pone cara a cara con Cecilio el viejo. Este encuentro entre maestro y discípulo conlleva a la típica estrategia ideológica inherente a la resolución de la anécdota de la narrativa galleguiana. Me refiero al control y reciclaje del "otro" a manos del intelectual liberal blanco. Cecilio el viejo disuade a Pedro Miguel y lo convence para que no siga su racha incendiaria. Ese momento en el cual se apaga la candela de Pedro Miguel queda simbólicamente representado por la llegada de las tropas de los conservadores, de las cuales sale un disparo de fusil que hiere gravemente al protagonista mulato. El texto concluye con la cura y regeneración de Candelas, adecuadamente en manos de la blanca criolla Luisana Alcorta. Esta última, al convertirse en enfermera de Pedro Miguel, pasa a ser ese personaje que, en las novelas de Gallegos, es emblemático del protectorado liberal blanco. Recordemos que en Doña Bárbara es Santos Luzardo quien, con su plan alfabetizador, logra civilizar a la impetuosa Marisela. Lo mismo ocurre en Sobre la misma tierra, donde la mestiza, Remota Montiel, termina neocolonizada al vestir la márcara blanca que le impone la pareja alemana de los Weimar. Una y otra vez los blancos criollos o extranjeros terminan siendo ese próspero padre lacaniano que hace que los herederos de Calibán (negros, mulatos, indígenas y mestizos) entren al orden simbólico del mundo novelístico de Rómulo Gallegos. Cabría indicar que la faceta del Gallegos pensador positivista latinoamericano es lo que se refleja en su obra literaria. Surge aquí un paralelo entre el mapa de lo nacional en la narrativa de Gallegos y el mapa del relato "El hacedor", de Jorge Luis Borges. Al parecer, Gallegos, al igual que el protagonista del cuento del escritor argentino, termina por hacer un mapa de su propia cara o su propia cosmovisión de lo que es la nación venezolana.

Sin embargo, y a pesar de todo lo anteriormente indicado, sería un tanto naïf concluir que Pobre negro ofrece únicamente una cartografía hegemónica para el proyecto del levantamiento de la nación venezolana. Propongo entonces una suerte de comentario suplementario de esta obra que, como sugiere Maurice Blanchot en El espacio literario, no quite y no añada nada al texto. Tal comentario nos debe poner a reflexionar sobre el destino anecdótico del personaje llamado Mapanare. El Mapanare sale victorioso del encuentro con las tropas del gobierno centralista para seguir sembrando el terror en la costa caribeña venezolana:

    Resonaba un grito: ¡Viva el Mapanare..! La victoria había quedado con el Mapanare y numerosas partidas junto con la suya se habían adueñado de todo Barlovento (637).

El espectro de la otredad y la barbarie, valgan o no las resonancias marxistas de tal imagen espectral, es dejado libre para que siga acechando la autonomía de la modernidad. Esto no es un fenómeno aislado en la narrativa galleguiana ni en la narrativa regionalista en general. Pensemos, por ejemplo, en la imagen final de Doña Bárbara, en la cual el tremedal espacio liminal y emblemático de la barbarie termina triunfando sobre los intentos civilizadores de una ganadería moderna y civilizadora. Pensemos también en La vorágine, texto en el cual la selva termina devorando cualquier intento civilizador. Ese tipo de imagen final en la anécdota de Pobre negro, el destino del Mapanare, debe tenerse en cuenta al tratar de articular otra lectura de este texto de Gallegos. Si nos fijamos bien, la libertad del Mapanare conjura ese elemento de "otredad" que sirve de suplemento para la supervivencia de la nación tal como lo sugiere Chaterjee. También es importante señalar que la ambivalencia, la coexistencia del "otro" con lo hegemónico, como principo estructurante de la nación, aspecto sobre el que también nos habla Bhabha en Dissemination, se encuentra presente en esta novela de Gallegos. Tengamos en mente que la novela termina uniendo, a través de la relación enfermo-enfermera, al mulato Pedro Miguel con su amada, la blanca criolla Luisana Alcorta. Sugiero entonces que lo ambiguo, lo inestable pueda considerarse como parte de la cartografía de levantamiento de la nación venezolana que nos presenta esta novela de Gallegos. Valdría concluir que lo que se percibe en este plan del levantamiento o fundación de la nación venezolana pertinente a Pobre negro no es un plan en sí sino más bien una reflexión sobre lo que es la nación. En suma, este texto de Gallegos termina dictaminando que la nación es una categoría de constante fluctuación, un lugar inestable y poroso que sirve de campo de batalla a múltiples discursos antagónicos.


Trabajos citados

  • Anderson, Benedict. Imagined Communities: reflections on the origin and spread of nationalism. London: Verse, 1991.
  • Alonso, Carlos. The Spanish-American regional novel: modernity and autochthony. Cambridge: Cambridge University Press, 1990.
  • Bhabha, Homi. Nation and narration. London: Routledge,1990.
  • Blanchot, Maurice. The space of literature. Lincoln, Nebraska: University of Nebraska Press, 1989.
  • Bolívar, Simón. Cartas del Libertador. Caracas: Lit. y Tip. del Comercio, 1929-1959.
  • Carrera-Damas, Germán. Una nación llamada Venezuela. Caracas: Monte Ávila, 1983.
  • Chatterjee, Partha. "Nationalism as a problem", in Nationalist thought and the colonial world: derivative discourse. Tokyo and London: Zed Books for United Nations University, 1986.
  • Derrida, Jacques. Dissemination. Trans. Barbara Johnson. Chicago: The Chicago University Press.
  • Fannon, Frantz. Piel negra, máscaras blancas. Buenos Aires: Schapire Editores, 1974.
  • Gallegos, Rómulo. Pobre negro. Valencia, España: Aguilar Ediciones, 1962.
  • Greimas, A. J. En torno al sentido. Madrid: Gredos, 1988.
  • González Echevarría, Roberto. Myth and archive: a theory of Latin American narrative. Durham, North Carolina: Duke University Press, 1998.
  • Smith, Paul. Discerning the subject. Minneapolis: University of Minnesota Press, 1988.

Antonio Isea, profesor venezolano de literatura hispanoamericana en Estados Unidos. Trabaja en Western Michigan University y ha publicado dos libros sobre la narrativa del desaparecido Denzil Romero.

       

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