La narración de lo racial-nacional en Pobre negro de Rómulo Gallegos
Antonio Isea
Mucho antes de "las comunidades imaginadas" de Benedict Anderson y "el
concepto de la narración de la nación" de Hommi Bhabha, el estadista y
novelista venezolano Rómulo Gallegos llegó a reflexionar, a su manera,
sobre lo que era la nación o, mejor dicho, la nación venezolana. De hecho,
resulta interesante indicar que Roberto González Echavarría, al referirse a
Doña Bárbara, (1929) sugiere que Gallegos al escribir esa novela
logró también escribir a Venezuela (Myth 243). Considero sumamente acertado
el comentario de González Echevarría y añadiría que su observación puede
muy bien extenderse a toda la narrativa galleguiana.
En 1937 Gallegos prosigue con ese deseo de escribir y construir la nación
venezolana a través de otra novela, Pobre negro. Este ejercicio
narrativo, al igual que Doña Bárbara, forma parte de ese rico y
prolijo inventario discursivo que hemos llegado a conocer como novela de la
tierra o regionalista. Bien puede decirse que este tipo novelístico, que
proliferó durante las tres primeras décadas del siglo XX, fue concebido,
según indica Carlos Alonso, como la cartografía a seguir en la construcción
del estado-nación latinomericano. Novelas como La vorágine (1924) y
Don Segundo Sombra (1926), por sólo nombrar algunas de las tantas
novelas regionalistas, se convirtieron en recetas o especulaciones
sociopolíticas centrales a la edificación de la nación latinoamericana.
En lo que respecta al Pobre negro de Gallegos cabe indicar que la
novela aborda la figura del sujeto afrovenezolano para apreciar su
ubicación dentro de la cartografía para la construcción de lo nacional
venezolano. Al hacer mención al proceso del germen nacional es importante
indicar que Pobre negro, más que cualquier novela de Gallegos, nos
pone cara a cara con el momento genésico venezolano. Me refiero a un
período que comprende de 1854 a 1864. Este es el momento histórico donde
verdaderamente comienza a surgir una suerte de arquitectura de la nación en
Venezuela. A decir verdad, el fin de las guerras de independencia, marcado
por la capitulación de Morales en Maracaibo en 1823, sólo significó la
precaria ruptura del cordón umbilical que nos unía a la que Bolívar llamó
"La madrastra desnaturalizada", España. De hecho el historiador venezolano
Germán Carrera Damas, al referirse a la sociedad posindependentista,
comenta que:
La sociedad implantada rechaza el planteamiento
revolucionario francés y lo hace en sus tres versiones: en la versión
directa, por tratarse de una fórmula ideológica que rápidamente toma
carácter antimonárquico y antirreligioso, y esta era una sociedad
monárquica y católica. Rechaza esa influencia en su vertiente antillana,
sobre todo en lo que a Haití respecta, porque tiene un peligrosísimo
contenido de igualdad social y racial y de libertad de los esclavos, y esta
es una sociedad esclavista y discriminatoria (Una nación,
46).
De allí que habrá que esperar hasta 1854, momento en que el presidente de
Venezuela, el general José Gregorio Monagas, ejecuta la Ley de Abolición y
con ello se desencadena en Venezuela una cruenta guerra civil que durará
hasta 1864 (Una nación llamada Venezuela, 100-105). Es en ese
intersticio histórico donde se arma el tejido narrativo de Pobre
negro. La novela, al abordar la también llamada guerra federal, se
ubica sin dudas en un óptimo ángulo de apreciación para especular y
reflexionar sobre la posibilidad de amar y construir la nación
venezolana.
La novela, en su deseo por llevar a cabo el antedicho proceso de reflexión
sobre lo nacional-venezolano, se centra la figura protagónica del texto,
Pedro Miguel Candelas. Este personaje se convierte en el depósito de las
esperanzas para la construcción de la nación venezolana: "En Pedro Miguel
había todo un mundo por crear. La materia prima era de calidad excelente"
(558). Candelas es el producto de un sincretismo racial, la unión de un
mulato cimarrón, llamado Negro Malo, con Ana Luisa Alcorta, hija de un
oligarca cacaotero de la región centro-norte venezolana. Obligado a
permanecer marginado por su condición de mulato en una Venezuela que se
adhiere a los parámetros racistas del régimen colonial español, Pedro
Miguel crece sintiendo un odio a su dimensión racial blanca y a la
oligarquía blanca criolla que lo subyuga. Los detalles de la genealogía de
Pedro Miguel son parte de un discurso al cual él no tiene acceso, ya que su
madre, la cual muere durante el parto, es hermana del amo de la hacienda
donde Pedro Miguel es esclavo. Candelas llega hasta su tardía adolescencia
sin conocer a sus verdaderos padres debido al decreto de silencio que
impone un hegemónico oligarca cacaotero.
Ahora bien, es durante esta época de tardía adolescencia de Candelas cuando
se desata el conflicto armado de 1854. Candelas se une a la causa
federalista para quemar, haciendo honor a su nombre, el status quo
de una Venezuela premoderna. Curiosamente, Pedro Miguel Candelas, al
involucrarse en la güerra civil, se convierte en lo que Jacques Derrida
habría llamado el Pharmakos de la arquitectura nacional venezolana.
Es decir, el mulato Candelas es, a la vez, el remedio y el veneno del
proyecto nacional que los nuevos arquitectos de la nación venezolana,
blancos liberales, estaban fraguando. Por un lado, Pedro Miguel, dada su
condición de mulato, es un elemento altamente operante para derrumbar las
bases racistas de una nación que se aferra al antiguo régimen. Sin embargo,
ese mismo subject position, término acuñado por Paul Smith en
Discerning the subject, se convierte también en el veneno para un
proceso de homogeneización de la nación moderna. Candelas siente que debe
llevarse a cabo un cambio radical, una suerte de exterminio de la población
blanca en Venezuela.
De lo anteriormente señalado podemos colegir que en Pobre negro se
manifiestan algunas de las ideas que sobre la problemática de nación han
manejado pensadores como Homi Bhabha y Partha Chatterjee. Me refiero
particularmente a la idea de Bhabha según la cual el concepto de nación
como una entidad coherente y autónoma es particularmente cuestionable.
Especialmente si adoptamos, tal como lo sugiere el mismo Bhabha, la
perspectiva neocolonial de Chatterjee:
Nationalism... seeks to represent itself in the image of
Enlightment and fails to do so. For Enlightment itself, to assert its
authority as the universal ideal, needs, its Other; if it could ever
actualise itself in the real world as the truly universal, it would in fact
destroy itself (Chatterjee 17).
Esa otredad que es necesaria para que exista la modernidad nacional está
representada en Pobre negro por Pedro Miguel Candelas. Candelas se
convierte en una rica metáfora a través de la cual se articula toda esta
problemática de la ambigüedad o ambivalencia de lo nacional. A un nivel
superficial, Candelas, debido a su estatuto de mulato, es cromáticamente
ambiguo. También es importante indicar que su relación con el mundo blanco
criollo, a pesar de su resentimiento racial, es igualmente ambivalente.
Pedro Miguel Candelas adquiere su educación a través de un grupo de tutores
o destinadores ideológicos, para usar terminología de Greimas, que son
blancos criollos. Me refiero a los personajes del Padre Media Villa,
Cecilio el viejo, Cecilio el joven y Luisana Alcorta. El padre Media Villa,
figura que trae resonacias de un Fray Servando Teresa de Mier por sus
posturas inconoclásticas, canaliza en Pedro Miguel un deseo de cambio
socio-racial. Desde el púlpito de una iglesia rural Media Villa cambia la
hegemonía de los evangelios por una narrativa de corte popular que causa en
Candelas una suerte de anagnórisis. Los dos Cecilios, el viejo y el joven,
son los encargados de la educación formal de Pedro Miguel, el cual hasta
los doce años es analfabeto. Cecilio el viejo es un Rousseau del Caribe
venezolano. Su conocimiento enciclopédico y sus ideas revolucionarias son
depositadas, inicialmente, en Cecilio el joven, el cual se convierte, a su
vez, en el guía inmediato de Candelas. Sobre Cecilio el joven es importante
indicar que este personaje se encuentra escribiendo, en la novela, una
suerte de Aleph sobre la civilización y la barbarie. Su texto se
convierte en archivo de todos los planes civilizadores latinoamericanos
desde Sarmiento a Gallegos: "Reflexiones sobre la estructura social y
económica del país, con los males que de ella se derivaban y las posibles
maneras de remediarlos" (448). Vale añadir que Cecilio el joven y su
ur-text sobre la civilización y la barbarie son réplicas ficcionales del
Gallegos estadista y literato. Igualmente es importante indicar que Cecilio
el joven se convierte en surtidor del discurso ancestral de Pedro Miguel.
El joven humanista, en un capítulo titulado adecuadamente "La revelación",
siembra en Candelas parte de su árbol genealógico: "Ya es hora de que
conozcas la verdad. Tú eres hijo de Ana Julia Alcorta, hermana de mi padre"
(473). Con tal "revelación" se ha completado, parcialmente, el mapa
ancestral y cultural del protagonista de Pobre Negro.
En lo que se refiere a Luisana Alcorta, ésta no sólo alimenta en Candelas
un deseo de superación sino que también se convierte en objeto del deseo
del protagonista mulato de Pobre negro. Ese deseo, vale indicar, es
bilateral ya que Luisana Alcorta, hermana de Cecilio el joven y prima
hermana de Candelas, es una mujer que está más allá de las barreras y los
tabúes raciales de su época. En suma, podría decirse que Pedro Miguel
Candelas, debido a la influencia de sus formadores blancos criollos
liberales, se convierte en ese escamoteado sujeto del cual nos habla el
siempre controvertido Franz Fannon en Piel negra, máscaras blancas.
Es de recordar que Fannon sugiere que el sujeto afro lleva una máscara
blanca la cual es síntoma de la interiorización que ese sujeto ha hecho de
los valores del mundo blanco.
No obstante, una vez que Pedro Miguel se distancia de ese mundo lactificado
de los Alcorta y entra de forma directa en el conflicto bélico de 1854, su
máscara blanca comienza a tomar "otro" valor cromático. Candelas, al verse
comandando un ejército de negros de la región de Capaya, nota cómo estos
"otros" han sido víctimas, igual que él, de una subyugación bárbara que
paradójicamente proviene del mundo blanco del cual él se ha nutrido: "¿Será
verdad que yo he cambiado tanto..? ¿Hasta dónde les habré dado la espalda a
los míos?" (543). Es allí, y en ese momento, donde se da cuenta de lo que
ha significado ser negro en Venezuela para miles de sujetos que no tuvieron
las oportunidades que él tuvo. En otras palabras, Candelas percibe lo que
es ser un pobre negro. Es también en este segmento de la novela, la cuarta
y última jornada, donde Pedro Miguel Candelas entra en contacto con su
alter-ego. Me refiero al negro Mapanare. Este personaje, cuyo nombre apunta
al de una de las serpientes más venenosas de la fauna venezolana, puede
leerse como una suerte de Facundo Quiroga afro-venezolano. El Mapanare no
sólo se presenta ante Pedro Miguel Candelas como agente familiarizador de
la otredad afro-venezolana sino que también le permite accesar a Candelas
las "otras" raíces de su árbol genealógico. En un papel análogo al de
Cecilio, el joven, Mapanare le confiesa a Pedro Miguel que ambos comparten
el mismo padre y éste es el mulato cimarrón mejor conocido como Negro Malo.
Resulta preciso indicar que la relación entre Pedro Miguel y Mapanare está,
al igual que todo en el texto, informada por una curiosa ambigüedad. El
mulato Candelas, desde los vestigios de su máscara blanca, mira con cierto
extrañamiento y preocupación a su medio hermano negro. De hecho, podría
decirse que Pedro Miguel se siente superior a Mapanare. No obstante, esta
postura de rechazo al "otro", a Mapanare, puede y debe leerse a la luz del
postulado freudiano según el cual "lo extraño es aquello que nos aterra por
su siniestra familiaridad". De hecho, puede decirse que "la inquietante
extrañeza" del negro Mapanare llega a infiltrarse en Pedro Miguel como el
veneno (o medicina-pharmakos al fin y al cabo) de una serpiente, una
serpiente mapanare. Durante su campaña militar con Mapanare, Pedro Miguel
Candelas, envenenado o curado, siembra el terror en toda la región
centro-norte del Caribe venezolano. Este itinerario bélico cuyas
dimensiones son apocalípticas llega a su destino final en la hacienda que
vio nacer a Candelas. Este lugar, llamado adecuadamente La Fundación, es un
espacio cargado de ambivalencia para Pedro Miguel. Por un lado, La
Fundación, microcosmos de la nación a fundar en Venezuela, representa para
el mulato su época de esclavo o, mejor dicho, su condición de pobre negro.
Por otra parte, la hacienda es también el recinto educativo en el cual él
fue el Emilio de los rousseaus venezolanos.
Al llevar a cabo esta suerte de viaje a la semilla carpenteriana, Candelas
tiene como objetivo quemar La Fundación, acto que puede leerse como una
metáfora de purificación de la nación venezolana. Sin embargo, la candela
de Candelas se extingue cuando éste se pone cara a cara con Cecilio el
viejo. Este encuentro entre maestro y discípulo conlleva a la típica
estrategia ideológica inherente a la resolución de la anécdota de la
narrativa galleguiana. Me refiero al control y reciclaje del "otro" a manos
del intelectual liberal blanco. Cecilio el viejo disuade a Pedro Miguel y
lo convence para que no siga su racha incendiaria. Ese momento en el cual
se apaga la candela de Pedro Miguel queda simbólicamente representado por
la llegada de las tropas de los conservadores, de las cuales sale un
disparo de fusil que hiere gravemente al protagonista mulato. El texto
concluye con la cura y regeneración de Candelas, adecuadamente en manos de
la blanca criolla Luisana Alcorta. Esta última, al convertirse en enfermera
de Pedro Miguel, pasa a ser ese personaje que, en las novelas de Gallegos,
es emblemático del protectorado liberal blanco. Recordemos que en Doña
Bárbara es Santos Luzardo quien, con su plan alfabetizador, logra
civilizar a la impetuosa Marisela. Lo mismo ocurre en Sobre la misma
tierra, donde la mestiza, Remota Montiel, termina neocolonizada al
vestir la márcara blanca que le impone la pareja alemana de los Weimar. Una
y otra vez los blancos criollos o extranjeros terminan siendo ese próspero
padre lacaniano que hace que los herederos de Calibán (negros, mulatos,
indígenas y mestizos) entren al orden simbólico del mundo novelístico de
Rómulo Gallegos. Cabría indicar que la faceta del Gallegos pensador
positivista latinoamericano es lo que se refleja en su obra literaria.
Surge aquí un paralelo entre el mapa de lo nacional en la narrativa de
Gallegos y el mapa del relato "El hacedor", de Jorge Luis Borges. Al
parecer, Gallegos, al igual que el protagonista del cuento del escritor
argentino, termina por hacer un mapa de su propia cara o su propia
cosmovisión de lo que es la nación venezolana.
Sin embargo, y a pesar de todo lo anteriormente indicado, sería un tanto
naïf concluir que Pobre negro ofrece únicamente una cartografía
hegemónica para el proyecto del levantamiento de la nación venezolana.
Propongo entonces una suerte de comentario suplementario de esta obra que,
como sugiere Maurice Blanchot en El espacio literario, no quite y no
añada nada al texto. Tal comentario nos debe poner a reflexionar sobre el
destino anecdótico del personaje llamado Mapanare. El Mapanare sale
victorioso del encuentro con las tropas del gobierno centralista para
seguir sembrando el terror en la costa caribeña venezolana:
Resonaba un grito: ¡Viva el Mapanare..! La victoria había
quedado con el Mapanare y numerosas partidas junto con la suya se habían
adueñado de todo Barlovento (637).
El espectro de la otredad y la barbarie, valgan o no las resonancias
marxistas de tal imagen espectral, es dejado libre para que siga acechando
la autonomía de la modernidad. Esto no es un fenómeno aislado en la
narrativa galleguiana ni en la narrativa regionalista en general. Pensemos,
por ejemplo, en la imagen final de Doña Bárbara, en la cual el
tremedal espacio liminal y emblemático de la barbarie termina triunfando
sobre los intentos civilizadores de una ganadería moderna y civilizadora.
Pensemos también en La vorágine, texto en el cual la selva termina
devorando cualquier intento civilizador. Ese tipo de imagen final en la
anécdota de Pobre negro, el destino del Mapanare, debe tenerse en
cuenta al tratar de articular otra lectura de este texto de Gallegos. Si
nos fijamos bien, la libertad del Mapanare conjura ese elemento de
"otredad" que sirve de suplemento para la supervivencia de la nación tal
como lo sugiere Chaterjee. También es importante señalar que la
ambivalencia, la coexistencia del "otro" con lo hegemónico, como principo
estructurante de la nación, aspecto sobre el que también nos habla Bhabha
en Dissemination, se encuentra presente en esta novela de Gallegos.
Tengamos en mente que la novela termina uniendo, a través de la relación
enfermo-enfermera, al mulato Pedro Miguel con su amada, la blanca criolla
Luisana Alcorta. Sugiero entonces que lo ambiguo, lo inestable pueda
considerarse como parte de la cartografía de levantamiento de la nación
venezolana que nos presenta esta novela de Gallegos. Valdría concluir que
lo que se percibe en este plan del levantamiento o fundación de la nación
venezolana pertinente a Pobre negro no es un plan en sí sino más
bien una reflexión sobre lo que es la nación. En suma, este texto de
Gallegos termina dictaminando que la nación es una categoría de constante
fluctuación, un lugar inestable y poroso que sirve de campo de batalla a
múltiples discursos antagónicos.
Trabajos citados
- Anderson, Benedict. Imagined Communities: reflections on the
origin and spread of nationalism. London: Verse, 1991.
- Alonso, Carlos. The Spanish-American regional novel: modernity and
autochthony. Cambridge: Cambridge University Press, 1990.
- Bhabha, Homi. Nation and narration. London: Routledge,1990.
- Blanchot, Maurice. The space of literature. Lincoln, Nebraska:
University of Nebraska Press, 1989.
- Bolívar, Simón. Cartas del Libertador. Caracas: Lit. y Tip. del
Comercio, 1929-1959.
- Carrera-Damas, Germán. Una nación llamada Venezuela. Caracas:
Monte Ávila, 1983.
- Chatterjee, Partha. "Nationalism as a problem", in Nationalist
thought and the colonial world: derivative discourse. Tokyo and
London: Zed Books for United Nations University, 1986.
- Derrida, Jacques. Dissemination. Trans. Barbara Johnson. Chicago:
The Chicago University Press.
- Fannon, Frantz. Piel negra, máscaras blancas. Buenos Aires:
Schapire Editores, 1974.
- Gallegos, Rómulo. Pobre negro. Valencia, España: Aguilar
Ediciones, 1962.
- Greimas, A. J. En torno al sentido. Madrid: Gredos, 1988.
- González Echevarría, Roberto. Myth and archive: a theory of Latin
American narrative. Durham, North Carolina: Duke University Press,
1998.
- Smith, Paul. Discerning the subject. Minneapolis: University of
Minnesota Press, 1988.