Poemas
Jorge García Usta
Crónica de Rulfo
1
En el temblor cosido de la noche
el pájaro que aletea sobre las mieles del fastidio
y el cuervo, en su parva notaría,
alientan la precisión de la muerte.
Las paredes, tocadas
por un orín romo,
serán cartas, después, cencerros,
sobras de la memoria.
Tristes lugares
esperando difuntos
que harán con sus plegarias,
sombras consoladas.
2
Veo,
veo siempre a Rulfo
oyendo las mudeces del mundo,
el vesánico corral de los marchantes
hacia la sal agorera,
oyendo, con un sombrero arriscado entre los ojos,
oyendo algo amarillo y apesarado,
una cosa de pájaro puesta en el aire,
la trompeta de ese río gobernado
por muchachos chamuscados,
y la mestiza que recoge
entre sus tetas redondas
sobras de un salitre moroso,
aprovechado.
3
Entre muelas de portales
veo también esa cosa fúnebre suya
sobre el pelo pensativo,
sentado entre mantas desdichadas,
oyéndole a Lunario Ramírez
cómo acuchilló por tantas veces
la sombra respirada
que acosaba sus aguas
para que descansara de una vez por todas
el buen hombre.
Bajo la luna y su manada de fulgores,
Rulfo, entre yacentes mestizas,
suda el agua de las vísperas.
Ya ruinosa la noche,
lo veo
humedecer un trozo de tierra seca
con su plática precisa.
Volverla hueso.
4
El hombre de ojos de enterrado
entiende la noche
como un largo viaje
por la purificación del viento.
Y aconseja a los muertos
sobre el uso de las fiestas,
el rubí de los gallinazos
y las razones de viejo de trapo usado
que merodea desde lentas orillas
el baño de las muchachas de río,
el fluido de cardo joven
que acampa entre sus muslos,
el fervor de sus costillas.
5
Había que ver esos caballos llorando
en Comala
detrás de las alfarerías de la soledad.
Rulfo avitualla
las dispensas del polvo
y su profesión agónica,
y enfrenta, muy serio, los testimonios animales.
Y el monte materno donde el hombre
abastece sus congojas
a partir del deleite de un silencio
más hondo y azul que la palabra.
Después de la revolución
sobre el cenizo inventario de difuntos
y en el mero resplandor
de las leyes desleídas,
la tierra que estaba más abajo,
a otros mundos del cielo,
siguió igual:
lo que cayó entre las manos
fue otra vez
la espera del grito
y la distancia huérfana.
6
la noche pasa sonando su violín remendado.
El viento y su brujería
tamboran los lugares más indios del alma.
Lejos de las planicies del amor
y sus virtuosos quetzales,
veo a Rulfo en la noche:
lo que sobra del mundo y sus terneros,
ni más ni menos,
sentado con tirantes a escribir,
sus ojos triturando la lejanía de un gesto,
el tránsito de un muerto
oscuramente triunfal,
y las ánimas sandungueras en procesión por la tierra.
Si se le pregunta dónde está Comala
Rulfo dirá que en su tristeza
y luego un dedo de su pie
hurgará, oficioso,
las encías de un corrido.
Crónica del beso y del besar
En el principio fue el beso.
El beso fue inventado un día de dioses arrechos,
a partir de la sombra sonora
y la precisión del sol
para originar escándalos.
En el principio fue el auge de la nariz
y el dedo purgatorial
revisando labios recientes
y luego el beso ocupó la noche
con sus patentes de lluvia desamarrada.
Crónicas de piedra viva
cuentan que el baile
no fue más que un simulacro de besadores
en época de prohibición
y que allí el beso alcanzó
la dignidad del agua bien usada.
El nuevo arte hizo de los perfiles,
un paisaje del éxtasis.
Y allí todo hombre suda y se purifica
y la muerte se aleja, esperando.
Más que escribir una historia,
hacer la crónica del beso
es documentar un fulgor.
Por eso,
besos galantes con límites
en frote y tiempo
no sirven a quienes saben
que mañana
la guerra romperá la casa,
el comisario reemplazará los atavíos del queso
y morirán muchos funcionarios de buen amor.
Por eso —lo manda la crónica original—
hay que besar con las normas del caballo:
con la peligrosa mansedumbre del loco,
las manos trabajando en la distancia
y el temblor enlunado de siempre.
Señales de vecino para Pessoa
1
No me importa si tenías más de una crisis tardía
un reloj de bolsillo
un canario en el párpado
o pensabas demoler
media docena de alguaciles
caminando tranquilo
como una imagen perfecta de la desdicha
trasquilado por el viento de los sepultureros
y tantos escritorios y cigarrillos
apagados al terminar la esquina
sólo esa declaratoria:
yo no miento
escudado en la limpia fiesta del poema.
2
Definitivamente, señor
de agrio estar, repentinamente
lo descubro:
debiste atrasar tu nacimiento
una media docena de mundos.
3
Una mujer pasó por aquí
Sola, con su flujo intenso
una carga de casa al hombro
respirando como una gran bestia irremplazable
y cuando pasó sentí
que el aire en torno mío
de repente
una mentira pública.
4
Ahora las doce de la noche
en todo el yodo
arrugado de la ciudad
los borrachos
gritan
que el mundo es de ellos
lo aseguran y ante el que duda
escupen, muestran el puño
o simplemente
lo invitan a orinar juntos.
(a jaime arturo martínez)
Casi nada: el buen Villon que aconseja en una tienda
Dame un diario de hojas sueltas
y trovaré tu sueño
Dame una hectárea de pezones
y conocerás el loco del viento
Dame un tercio de escuelas
y haré ríos regulares
Desaloja tu oro podrido
y habrá caldos frontales
Guarda los sentimientos puntuales
y podrás ser canción.
Canta para los que no te oyen
y la palabra se te volverá mazorca,
luz en el costado, suela de vals.
Ásperas muchachas
con mapas en las axilas
son el mejor auditorio
para las espléndidas baladas.
Reúne, además, ladrones y mensajeros
y alguien que sepa leer
y copias estos gozos semanales.
En fin, ahora verán mis meneos.
(Después, comenzó a flautar las bribonerías de su amor
y desmandó el contorno
con su azul tan putañero)
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Jorge García Usta, periodista y
poeta colombiano. Ganador de algunos premios regionales y nacionales de
periodismo, poesía y cuento. Autor de los poemarios Noticias desde otra
orilla, El reino errante (poemas de la migración y el mundo árabes) y
Monteadentro (poemas de la sinuanía), entre otros. Coautor del libro
de reportajes Diez juglares en su patio, en compañía con Alberto
Salcedo, y del libro de ensayo-reportaje Cómo aprendió a escribir García
Márquez, sobre los orígenes periodísticos y literarios del Nobel
colombiano.
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