Mi abuelo materno, Salvador Andrade, nacido en un pueblo de la provincia de
Málaga en 1881, a sus 17 años viajó a Cuba. Fue invitado por unos
familiares lejanos a pasar las navidades de 1897 junto a ellos. En su
estancia allí, que se prolongó hasta marzo del año siguiente, vivió en un
ambiente que supo retratar pasado el tiempo. Me habló del revuelo
organizado en La Habana ante la llegada improvisada de un enorme barco de
guerra americano. Cuando pudo acercarse al buque junto con los jóvenes con
quienes pasó esos meses, quedó prendado. Mencionaba la inquietud que se
vivía desde que atracó el barco. Conocieron a un marino del Maine; por esta
causa pidieron subir a visitar el barco pero se les prohibió. Poco antes,
en el atardecer que antecedía a la noche en la que explotó la proa del
acorazado habían estado recorriendo los parajes de la bahía.
Más o menos siendo ya un muchachito, les recuerdo estas narraciones que
amenizaba con su buen verbo. Mi abuelo falleció en 1966 a los 87 años. Yo
contaba entonces 15 y me estaba enfrentando con el bachiller superior. Lo
que he relatado me quedó como unas referencias que siempre estuvieron en mi
mente; como tantas y tantas cosas que a los abueletes de aquella época les
encantaba contar. Con más o menos exactitud, lo que nunca se me olvidó de
la estancia de mi abuelo en Cuba fue el apodo de un tripulante del Maine al
que tuvo ocasión de tratar. Por lo visto, este americano tendría que hablar
castellano, porque él no sabía nada de inglés. Llamaba a éste americano
"Blandín" y yo me reía porque pensaba que era una derivación de "Blando";
un nombre muy extraño para un americano. Con los años, cuando me dediqué a
estudiar algo de la guerra hispanoamericana y me enfrenté con el nombre del
teniente John J. Blandin, pude darme cuenta de la exactitud de los cuentos
de mi abuelo. Resultaron ser veraces como todas sus amenas narraciones.
Analizando el negativo de la panorámica, he estimado deducir unas
conclusiones históricas sobre la crisis del Maine, leyendo del revés los
renglones torcidos de la historia escrita por los vencedores para sacar
algo en claro. He procurado hacerlo con tanto tacto, respeto y veracidad
como lo hicieron las Comisiones Americanas de Investigación (1898 y 1911).
He parado también en atender al compendio de física histórica que los
profesores elegidos por Hyman G. Rickover les ofrecieron para componer un
perfecto guión cinematográfico; montado sobre una perspectiva en la que los
americanos siempre explican cómo se comete un crimen, pero nunca dicen
quién fue el asesino. Al respecto, Rickover salió al paso de un presunto
artículo que firmaba un tal "Taylor"... Pura invención americana o una fuga
de información que rayaría en lo negligente. El caso es que al Tío Sam le
convenía volver al lugar de los hechos y el judío polaco Rickover dio un
nuevo testimonio plasmando un nuevo mar de dudas, cuyos efectos pretenden
que duren otros ochenta y tantos años.
Preliminares
Conseguida la independencia por los Estados Unidos de Norteamérica, el
mando de las primeras juntas de gobernación tuvo una labor compleja.
Ejercer la dirección de una heterogénea población de remanentes humanos,
viéndose en la necesidad de transformarlos en ciudadanos de nuevo linaje
para la joven república. Esta enorme multitud había sido deportada a las
colonias como mano de obra rentable durante décadas; procedían de las
penumbras y sombras de cárceles, penitenciarias y penales europeos. La
justicia y audiencias del Viejo Mundo hacían conducir rumbo a las Américas
a todo un colectivo de fascinerosos, criminales o malhechores; todo un
recital de penados a los que se les condonaba morir a manos del verdugo si
aceptaban como alternativa el destierro eterno a las nuevas tierras
necesitadas de presencia humana. Así, los Estados Unidos conformaron sus
primeros censos con gentes desterradas en su mayor parte. La ascendencia de
muchos naturales de Estados Unidos podía encontrar sus rasgos genealógicos
en antiguas familias del solar europeo del que fueron alejados durante los
siglos XVII y XVIII principalmente. También merecen atención aparte los
negros importados como esclavos y el factor judío como peregrinos de
persecuciones injustas en cualquier tiempo y rincón del mundo.
Con semejantes vecinos y habitantes emprendieron sus aventuras históricas
los Estados Unidos de Norteamérica: la incultura iletrada de una vasta masa
popular competía paradójicamente con las rápidas fortunas que elevaron a
simples aventureros al nivel de poderosos señores. A todos aquellos que de
una forma evidente levantaron verdaderos imperios económicos a golpe de
riesgos, hazañas increíbles y episodios heroicos. Estados Unidos se lanza
hacia el futuro con su particular demografía de etnias bien conjugadas y
complejas. El Imperio de España aún permanecía junto a las costas de la
nueva nacionalidad, perpetuando su incómoda presencia en el Caribe.
En el planteamiento de la política interior como exterior, Estados Unidos
volcó sus pretensiones sobre las disciplinas económicas del capitalismo. La
política de colonización expansionista interior avanzó en principio hacia
el interior del continente. En la política exterior practican una postura
aislacionista, limitada al continente americano.
Principios históricos
Los círculos y centros financieros e industriales influyen en la política
exterior y conjugan el expansionismo económico —"imperialismo del dólar"—,
con la intervención directa en Latinoamérica. Al surgir los trusts y los
grandes complejos industriales, los reyes del big bussines se convirtieron
en los dueños de la nación. El sistema propugnado por los Notables
acomodados convertidos prontamente en magnates acaudalados, escribió sus
órdenes particulares con el lenguaje de la francmasonería. Se le tuvo que
dar a sus ordenanzas místicas estructuradas detallado rango de ley;
emergiendo la clase política desde los aforos y venerables asientos de los
tabernáculos.
Terminada la guerra con México, la configuración de la república USA
desplegaba sus Estados federales al este y oeste con el inconveniente de
incomunicación naval por Centroamérica; gigantesco obstáculo que
perjudicaba los intereses económicos y estratégicos. La costa del Pacífico
quedaba en otra dimensión respecto de la atlántica y viceversa. La solución
pasaba por descomponer a la Gran Colombia; premeditaron la independencia de
Panamá, Venezuela y Ecuador y las inversiones del gobierno de los trusts
rememoraron viejos proyectos para la apertura de un canal por Panamá. El
corte del istmo de Suez estaba siendo una realidad. La apertura del canal
Erie en 1825 en New York dio bríos a los grandes inversionistas y la tarea
del acceso por Panamá era irremediable. Existía un enorme obstáculo para
que esa monumental obra se llevara a cabo: la presencia española en el
Caribe. España tenía que ser expulsada de sus posesiones coloniales.
La simpleza del Maine
La magnífica obra de canalización a través de Panamá estaba presupuestada.
La inversión realizada y los poderosos apresurando a sus políticos para que
el proyecto se llevara a término sin más dilaciones. Al suponer un riesgo
la actitud de España, los responsables de Exteriores y Defensa debían
ingeniar una simple maniobra bélica, para que la hazaña de ingeniería se
culminara.
Como el presidente McKinley con su diplomacia fue incapaz de conseguir el
dominio sobre Cuba mediante la adquisición de la isla a España, las logias
económicas lo apartaron por inepto de la tarea que perseguían, creando un
"grupo de predilectos" que, desde las oscuras sombras del anonimato, se
elevaron en el panorama político y militar de la época. Este equipo de
juramentados, a los que se les conoció como "jingoes", tenía tanta prisa en
acatar las órdenes que provenían de Wall Street que no tuvo tiempo de
recapacitar sobre una solución que no pasara por la guerra provocada.
Reaniman al viejo profeta del expansionismo americano, el capitán Alfred
Thaler Mahan. Encargado desde su retiro de educar y formar al Osito
Theodore Roosevelt como alternativa paralela al primer político de la
nación que quedaba en segundo plano. Teddy era adoctrinado por
correspondencia oficial y confidencial, con los argumentos necesarios para
demostrar a los congresistas que el control del Caribe, y por consiguiente
el proyectado canal por Panamá, dependía de la expulsión de España de Cuba.
Anulado McKinley para la maniobra, el frenético Roosevelt toma la
iniciativa en nombre de sus amos:
- Se designa a Fitzhugh Lee general de Caballería de la antigua
confederación como cónsul en La Habana. Aceptó el nombramiento
traicionando así los principios que le impulsaron a luchar en la guerra
civil; a matar y mandar morir a miles de hombres a sus órdenes. Llevó
consigo a Cuba un séquito de confederados derrotados que acataron la
bandera de la Unión a través de medidas económicas de reinserción.
Aceleró las maniobras para procurar que el Maine entrara en puerto
menospreciando a unas autoridades españolas corrompidas y temerosas de
Madrid. La bomba fue subida a bordo del barco desde un bote por agentes
contrarios a la autonomía para Cuba bajo las directrices del alférez
Powelson. F. Lee fue la primera persona que hizo llegar a Estados Unidos
la versión de que el Maine fue hundido por una mina española. Observó la
explosión desde los ventanales de sus aposentos.
- Charles D. Sigsbee, una calamidad como militar y como hombre. Una fiera
capaz de asesinar a su tripulación y hundir su propio barco. Fue elegido
para el cargo de capitán del Maine expresamente para el cumplimiento del
triste naufragio. Coincidió con Wilfred van Nest Powelson en el
extranjero por mandamiento de sus superiores. Cuando estalló el barco y
se produjo la tragedia, cursó un mensaje en el que se apresuró a
escribir: "Todos los oficiales se han salvado...". La tripulación le
trajo siempre sin cuidado. Lo mismo le ocurrió siendo capitán del
Kearsarge o del Texas. Un buen criminal para un bien planeado asesinato
en masa. Su papel en el barco no tenía nada que ver con el régimen de
gobierno del mismo; su cometido era el de "comisario político" encargado
de que se cumplieran las consignas de Roosevelt.
- Richard Wainwright, segundo oficial del Maine. Persona que se encargó de
nombrar el servicio la noche del naufragio. Él, junto con el teniente
Jungen, situó la bomba en uno de los pañoles situados debajo del
dormitorio de la tripulación. En la tarde-noche de la explosión los
oficiales Jenkins y Merrit se opusieron a que la bomba destrozara a la
tripulación; ellos habían prometido colaborar en la simple voladura del
barco. Se establece un altercado entre oficiales y Wainwright, Jungen y
Blandin disparan contra ambos quitándoles la vida y depositan los dos
cadáveres junto al artefacto explosivo en el pañol de proa.
- La tripulación no le importaba a nadie: las tres cuartas partes eran
extranjeros o negros americanos. Despojos para el Congreso y el Senado.
Para que murieran todos se dieron órdenes de no bajar a tierra. Esta
medida disciplinar provocó incipientes motines a bordo en una marinería
foránea, aborrecida por sus oficiales y mal pagada.
- Las comisiones de 1898 y 1911 fueron dos farsas que se tendrían que
haber suprimido. Estados Unidos invadió, mató, destruyó, venció y
expulsó a los españoles de sus posesiones, que era la providencia
adoptada por los magnates de la economía. Los tribunales de
investigación se instalaron en la hipocresía para disimular el crimen
monstruoso cometido por un país contra sus propios soldados. El Maine no
importaba en absoluto, desde su botadura el acorazado demostró ser un
mal engendro de la ingeniería naval norteamericana. A los siete años de
su entrada en servicio, apenas tenía utilidad para la marina.
- Los componentes de la junta, cuyo papel consistía en desviar con su
decisión los ánimos de sus conciudadanos, recibieron toda clase de
recompensas. De los que sobrevivieron o quedaron mutilados o heridos
nadie se acordó. Fueron tratados de forma vil. John J. Blandin, que
resultó ser el oficial de cubierta la noche de los actos, no pudo
soportar el peso de su conciencia y quiso declarar ante la comisión; lo
quitaron urgentemente de la escena repatriándolo hacia Key West, a
continuación lo pusieron en manos de la medicina macabra para que a los
pocos días lo mataran bajo los efectos del veneno en un manicomio.
- Sigsbee entró con el Maine en La Habana con la plantilla de tripulación
al 20%. No llevaba a bordo apenas marinos americanos blancos, que habían
quedado en Key West. La cantidad de desaparecidos inexistentes se achacó
a la labor de los tiburones. Se explica por qué nadie supo jamás en el
gobierno español cuántos tripulantes traía el barco en realidad. Fue
razón esgrimida para no dejar bajar a los descontentos marineros
japoneses, irlandeses, noruegos, franceses, suecos, alemanes, rusos,
holandeses y negros norteamericanos que servían en aquel instante.
- La detonación consistió en una voladura controlada para evitar que la
oficialidad expectante en el otro extremo del buque resultara dañada. El
alférez Powelson, que subió a bordo con la bomba aquella noche, supo
indicar a Wainwright el lugar exacto dónde colocarla para evitar fallos
desagradables. A continuación, el oficial del Fern abandonaba por el
mismo procedimiento el lugar de la tragedia, junto con elementos cubanos
contrarios a la autonomía.
- Uno de los descendientes del matrimonio John J. Blandin y Corinne
Cherbonnier hizo publicar un artículo en la prensa firmado por un tal
Taylor. Era tan verdadera la información que se podía leer, y tan
comprometedora, que el Tío Sam encargó a un almirante judío polaco que
escribiera un guión cinematográfico que no negara pero que enmascarara
en su esencia las revelaciones del artículo referido. El almirante era
Hyman G. Rickover, que se rodeó de historiadores y científicos para
decorar los argumentos de Sigsbee; sembrando nuevos campos de dudas y
dar un repertorio de física teórica.
- En definitiva, España había sido expulsada de Cuba, se hundió en
situaciones desastrosas en las que secularmente se introduce a lo largo
de la historia. Y Roosevelt ya le había proporcionado al trust el
permiso de obras para comenzar a canalizar Panamá, de tal manera que la
flota comercial y de guerra norteamericana pudiera tener presencia en
los dos océanos sin encontrar la dificultad geográfica de doblar Hornos
forzosamente. La promesa a Teddy Roosevelt consistió en la Presidencia
de la nación, y como no podían coexistir dos presidentes a la vez,
McKinley salió perdiendo en todos los sentidos.
- En la próxima comisión que se acuerde integrar por los culpables ante
Dios y los hombres para regresar al lugar del crimen, acerca del Maine,
no sería mala idea que los americanos la animaran con dibujos de Walt
Disney.
Conclusión
Lo que pasó, pasó. En una situación similar, el verdugo haría lo mismo, y
la víctima perdería como perdió en 1898. De nada valen los añadidos
históricos y los gestos de apariencia estéril para tratar de disimular
desastres provocados en beneficio de la economía... como siempre. Flaco
favor le hizo Rickover a la posteridad y a su propia forma de pensar. ¡Si
es que pensó!
Se han manuscrito consideraciones acerca de la Guerra Hispanoamericana,
dejando de lado las versiones engañosas que a través de un siglo impusieron
los que provocaron el incidente bélico.
Dedicado a la memoria de los españoles que perdieron su
vida porque nacieron para estar presentes en aquellos momentos
desastrosos.