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Tratado de lo interino
Santiago Aguaded Landero
I. Del amor interino
Los amantes quisieran
dilatar su caricia:
pero amar es destello
en la noche infinita.
(...)
Porque amor es el Dios
que trueca los caminos
los que con él se encuentran
han de darse a lo efímero.
J. A. Goytisolo
Era suicida
nuestra manera de besarnos,
la colección de besos púbicos
que guardábamos en la memoria.
Era suicida
la misión de centinelas de amor
que nos encomendamos
cuando nos encontrábamos
a escondidas.
Eran suicidas
nuestras citas
para contarnos
los enemigos abatidos
durante el día.
Es suicida
nuestra forma
de construir
arquitecturas con el polvo
para luego hacer arqueología.
En mi memoria guardo
el genuino almanaque
de nuestras breves citas
de los últimos tiempos.
Para remontarme años atrás
debo recurrir a las fotos
y a la agenda que cuenta
nuestros viajes y problemas.
La ficha técnica de ambos dice:
"Compuesto por placer de años
Impreso en papel ahuesado
Paginado por la fantasía
Encuadernado por la ilusión
Editado por el sentido de la vida
Expedido por la monotonía".
Por los diez mejores años de amor
no es posible pedir más
o haber recibido tanto.
Volviendo de nuevo
al repaso de nuestro calendario común
debo decirte que en estos últimos tres años
nuestras citas cada vez son más escasas
y sólo cuando nuestro reloj biológico
nos demanda no sé si cariño o sexo
nos ponemos de acuerdo para
llamarnos o vernos.
Debemos estar
crónicamente enfermos.
Mujer: te envidian las rosas y no precisamente
porque le hayas robado la poesía del nombre
sino porque ellas no saben extraer de la tierra
—tan bien como tú— las volcánicas emociones de la lava.
Mientras el mundo se derrumba
una luz desafía la noche en Kosovo:
dos amantes se abrazan con miedo
a las bombas, a sus cuerpos
desconocidos.
Mientras el mundo se derrumba
les queda la estrategia de la risa,
de las manos, de los ojos abiertos
acariciando misiles
homicidas en Huelva.
Mientras el mundo se derrumba
dos amantes redimen de la tierra
el odio a la diferencia.
A Coral
Puedo decir que soy afortunado,
a pesar de mis soledades:
mis amigos están locos
porque a sus mujeres
les da por limpiar la casa
y ver fantasmas
Mientras, yo
pensando en la magia
de tus caricias al aire
al mover el trasero
y no desear follarte
sólo amarte.
Mis amigos me dicen:
"nunca descubras tus cartas
sobre todo
si ella es más joven que tú".
Yo, pensando en ti,
en que me gusta ser,
hablarte y escribirte así
como en este poema
a pesar de que pudiera
estar "equivocándome".
II. De la vida interina
Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.
A. Machado
Después de todo, todo ha sido nada,
a pesar de que un día lo fue todo.
Después de nada, o después de todo
supe que todo no era más que nada.
José Hierro
Una foto en el laboratorio
Para Ana
El rostro humano de la ciencia
no está en la fría cadena de los nucleótidos
citosina, guanina, adenina y timina
que intentas secuenciar.
El rostro humano de la ciencia
no está en la rigurosidad
del método que intenta descifrar
el misterio prohibido de la vida.
El rostro humano de la ciencia
está —por ejemplo— en la impregnación
de plata que hizo posible
fijar para siempre tu sonrisa
tras el cristal aséptico y frío.
El rostro humano de la ciencia
está precisamente en las personas
que creen en las otras formas del saber
y que como tú piensan que la biotecnología
—aun siendo nuestra vida—
es un instrumento de poder.
La risa de los sabios
La ciencia de hoy ya no es lo que era
(aunque la verdad no sé muy bien cómo era antes).
Los científicos de antaño
eran señoritos ricos como Darwin,
o recaudadores de impuestos como Lavoisier,
o acomodados empresarios como Leewenhoek,
que solían pagarse sus experimentos.
Nunca necesitaron de la ciencia
para comer,
aunque muy a menudo,
como en el caso del azogue,
la aplicaron para sacar el mejor oro del mundo.
La ciencia de hoy
emplea multitud de sicarios,
con jefes de gran prestigio científico,
que bajo el manto de saber
reproducen un sistema
que como mal menor
produce
suicidios tanto en Harvard, en Pisa
en la Escuela de Agrónomos o el CBM.
La ciencia de hoy:
no tan diferente a la de antes:
servidumbre, conocimiento y poder.
La expoliación de la memoria
Los que pretenden la exfoliación
de la memoria
nos dicen —por ejemplo—
que ha llegado el final de la historia
que las luchas del pasado carecen
de sentido.
Lo que pretenden, además,
es algo mucho más grave:
la apropiación del futuro,
la expoliación de la memoria.
...há trinta e seis anos um outro auxiliar de escrita
escreveu as palavras que aqui se podem ler, o nome da menina, os nomes dos
pais e dos padrinhos (...) e o andar onde ela viu a primeira luz e sentiu a
primeira dor, um princípio como o de toda a gente, a grandes e pequenas
diferenças vêm depois, alguns dos que nascem entram nas enciclopédias, nas
histórias, nas biografias, nos catálogos, nos manuais, nas colecções de
recortes, os outros, mal comparando, são como a nuvem que passou sem deixar
sinal de ter passado, se choveu nao chegou para molhar a terra.
José Saramago (Todos os Nomes)
están en algún sitio/ nube o tumba
están en algún sitio/ estoy seguro
allá en el sur del alma
es posible que hayan extraviado la brújula
y hoy vaguen preguntando
dónde carajo queda el buen amor
porque vienen del odio.
M. Benedetti (Desaparecidos; 1984)
Friedhofe
La estética de los cementerios sin nombres
reside en el misterio de sus víctimas
civiles y soldados desconocidos
que forjaron la memoria del mundo
poblado —hoy— por viejos senadores vitalicios
que ni siquiera se dignaron en cavar tumbas
—usaron los mares australes—
para los desaparecidos
como lo están hoy los nuevos dictadores
—por supuesto de muy diferente manera—
bajo el manto de las redes digitales;
estos genocidas sin nombres
matan —por ejemplo— cientos de nigerianos
por un litro de petróleo.
El 17-10-98 A. Pinochet fue detenido en Londres.
El 20-10-98, al menos quinientos nigerianos anónimos murieron en una
explosión de petróleo, cuando intentaban recoger gasolina de un
oleoducto roto de la Popeline & Product Marketing Co. Los heridos no
querían ir a los hospitales por miedo a que el régimen militar —cuyo
presidente es el general Abdusalam Abubakar— les encarcelara por robar
petróleo.
Cautivos del tiempo... y del fútbol
Estamos cautivos del tiempo.
Aunque nos hagamos viejos y muramos
hay cosas que nunca cambian
—por ejemplo—
no tener casi para comer en un país rico
no ser más que un enemigo para tu hermano
matar al vecino porque es diferente
o porque no le entiendes
o cambiar metal por vidas y conciencia
Pero ¿quién paga?
La Mobil, La Shell y España.
Mientras que Saro Wiwa se mueve en su tumba
sus compatriotas dejaron desiertas las calles
para enfrentarse a uno de sus más tangibles enemigos
y tuvieron un efímero sueño de poder:
gritaron gol cuando deberían haber gritado libertad.
Estamos cautivos del fútbol.
El día 13 de Junio de 1998 España perdió (2-3) un partido de fútbol
contra Nigeria en el Mundial de Francia. Meses después sigue el comercio
con una dictadura sostenida por el petróleo. España es el segundo cliente
de Nigeria, detrás de los Estados Unidos. Fútbol a cambio de expolio. El
escritor nigeriano Ken Saro Wiwa fue ejecutado en su país el 10 de
noviembre de 1997. El consorcio petrolero Shell intenta cambiar el título
de su último libro porque le es molesto.
La jungla del poder
La conversación tiene lugar en la película de John Boorman La
selva esmeralda (1985), entre el ingeniero estadounidense que ha perdido
a su hijo en la selva y un jefe del pueblo invisible. El ingeniero ha
estado presionando al jefe para que ordene a uno de los jóvenes de su tribu
que haga una determinada exploración que nadie se había ofrecido a hacer
voluntariamente. El jefe se niega, diciendo: "Si mandara a un hombre hacer
algo que no quiere hacer, entonces ya no sería jefe".
Lo malo de este mundo
no es que tu mujer se fugue
con el vecino
o con tu mejor amigo
o que te roben el coche
que aún no has acabado de pagar.
Lo malo de este mundo
ni siquiera es el poder
que todo lo corrompe.
Lo malo de este mundo
es que te enseñan para alcanzar poder
y por eso te preparan/s para hacer
incluso lo que no quieres hacer.
Lo malo de este mundo
es que te acabas convenciendo
que es lo único que puedes hacer.
Créelo,
no quiero saña ni heridos,
sólo la huida.
Si lo consigo,
no te mientas
y creas que has ganado:
las victorias más amargas
son las que te dejan
en el mismo plano.
Hay alumnos de los que no sabrás nunca nada.
Hay alumnos de los que nunca aprenderás su nombre.
Hay alumnos a los que recordarás
con sus caras infantiles eternas
fijas en los quince o en los veinte años.
Hay alumnos que me asombraron
con su animosidad
con su expresividad
con su disgusto
o no se sabe qué
ante la deforestación de la Amazonia
y sin embargo nunca
quisieron decir nada
sobre las atrocidades del hombre.
Ahora
pasados los años
me los encuentro sonrientes
con las caras un poco más viejas
unas reconocibles otras no tanto
y pienso que tal vez
fui lo bastante bueno
como para que hayan crecido
libres de mi contaminación.
Progeria
La infancia regresa al presente
con una de tus miradas tristes:
preguntas sobre tu enfermedad
y la única respuesta posible
es decirte que todos los niños
del mundo padecen de progeria:
TODOS
aprenden a morir antes que a sumar.
El día que nací se citó la muerte
con mi llanto ahogado en sangre
para que no se izaran de nuevo manos
asesinas.
Pronto aprendí lo que es morir.
Mataron a mi madre recién parida.
Asesinaron la selva y su agonía.
Ahora soy mercenario de calaveras,
busco mamás con vientres prominentes
para que los nasciturus no sepan
su suerte.
Boy se murió sin nombre. Con nueve días. Era el herido más joven de
esta guerra. Nació en el barrio de Wellington el 20 de enero. Su madre,
embarazada de nueve meses, se hallaba en casa junto a tres parientes cuando
explotó la granada. La metralla segó las cuatro vidas. La de todos, menos
la de Boy. La mamá, muerta en el acto, quedó varada en medio de un gran
charco de sangre y con la barriga abierta de par en par. Un vecino, ayudado
de un cuchillo, practicó unos cortes, rompió la placenta con mimo y sacó el
niño a la vida.