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Fo: sin aliento.
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Darío Fo, premio Nobel de literatura 1997, recibió el jueves 29 de julio el premio "Scaena"
del Festival de Teatro Clásico de Mérida, tributo a su persona y a su labor como el testigo "más
honrado y lúcido de nuestro tiempo", como lo definió el actor José Sacristán.
Fo recibió el galardón de manos de la ministra española de Cultura, Carmen Calvo, y del presidente
extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, como copresidentes del Patronato del Festival, el galardón
instituido este año con motivo del cincuentenario del certamen.
El Teatro Romano asistió casi lleno al "triunfo de la cultura" que tuvo lugar el jueves,
gritó el Nobel italiano sobre el escenario para corresponder a los incesantes aplausos del público
durante, y tras la representación de "Rosa fresca y aulentissima", el regalo que Fo quiso hacer a
Mérida por la distinción que se le ha otorgado.
Fiel a su estilo sarcástico, después de que le dieran el premio Fo sólo dijo: "Es una
reproducción del teatro, en bronce. No me la puedo llevar enseguida porque pesa más de 40 kilos".
Antes de eso aseguró sentir una "enorme emoción", y tuvo un recuerdo para su mujer, Franca Rame,
que está enferma desde hace más de un mes y no pudo acompañarlo en el homenaje, como estaba previsto.
En la obra que representó, que tradujo sobre el escenario Rosa Solá, trazó una caricatura de la
sociedad actual, del mercantilismo, de las guerras, del machismo, del teatro, de los políticos —entre los
que citó a Bush y a Berlusconi— de la justicia, de la iglesia católica... utilizando como hilo conductor
las peripecias de los juglares de la Comedia del Arte en su diáspora por Europa tras ser expulsados de
Italia en la Edad Media.
Entre episodio y episodio, se convirtió él mismo en juglar e interpretó piezas de la época en el
idioma que los comediantes inventaban, el "grammelot", y que asemejaba sólo en cadencia y acento
al del país por donde pasaban como nómadas que eran, y también relató recuerdos de su vida como actor.
En tono de burla, contó que cuando quería ir a Estados Unidos, cosa que cada cuatro años, al
solicitarlo, le era prohibido por "demasiado rojo", y que mientras esperaba, "por ver si me
desteñía un poco", sucedió que Ronald Reagan decidió dejarle pasar a su país: "Son cómicos,
como yo, que pasen".
Con una fuerza admirable, a sus 78 años, desplegó su sabiduría y su mordaz ironía para atacar las
injusticias que se producían entonces y se "re-producen" hoy, y dio una lección magistral de
interpretación mostrando infinidad de recursos y registros vocales, solo sobre un escenario desnudo,
durante cerca de dos horas.
De los espectadores, dijo al terminar representación y acto, que habían sido muy generosos e
inteligentes, "incluso demasiado", y que el ritmo de sus risas y aplausos "me quitaba el
aliento".
"He calculado que es la decimoquinta vez que vengo a España y ha sido una noche para ponerla entre
las mejores de mis representaciones", subrayó, y dedicó un elogio a las ruinas cuando dijo que el
Teatro Romano es "un templo".
También se refirió, a preguntas de los periodistas, al director de cine estadounidense Michael Moore,
que recientemente ha ganado la Palma de Oro del Festival de Cannes con su película Fahrenheit 9/11,
y afirmó que es "una persona que aprecio y me gustaría conocerlo más de cerca, pero es
difícil".
Opinó finalmente que, después de las tropelías que se han cometido durante siglos y siglos por los
hombres, lo peor que puede suceder ya "es matar la Tierra", y demandó por ello más celo en la
conservación del medio ambiente, ya que "hay una falta de atención, incluso por parte de la
izquierda, hacia cómo estamos ahogando el planeta", lamentó.