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Novo: el optimismo de una época.
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Desafíos morales, literarios y políticos marcaron la conducta y la obra de Salvador Novo (1904-1974),
quien, dueño de un gran oficio y disciplina, fue homenajeado el viernes 30 de julio en el Palacio de Bellas
Artes de la capital mexicana, con motivo de su centenario.
La cancelación de la estampilla postal conmemorativa, la proyección de un video sobre Novo, la lectura
de El tercer Fausto
y las intervenciones de Saúl Juárez, director del Instituto Nacional de Bellas Artes (Inba); el titular de
la Sogem, Víctor Hugo Rascón Banda, y el escritor Carlos Monsiváis, constituyeron los actos de este
homenaje a una de las personalidades literarias mexicanas más singulares del siglo XX.
"La poesía de Novo mantiene su perdurabilidad y es enriquecedor acercarse a esa poesía amorosa de
resonancias tan profundas", señaló Carlos Monsiváis; "esas décimas o sonetos donde la
autoflagelación va revelando su calidad de autohomenaje a concretarse en las siguientes generaciones y
donde lo llamado grosería se disuelve en las renovaciones del habla cotidiana".
Durante la ceremonia, Monsiváis dijo que las crónicas de Novo "son el gran testimonio del
optimismo de una época; actitud triunfalista que alcanza su clímax, no tanto en la nueva grandeza
mexicana. El recuento de la ciudad de México de la etapa del escaparate y el paseo, de logros como la
estatua de sal, sus memorias sexuales, hoy el primer testimonio brillante y lúcido de la comunidad gay del
país".
En los textos del cronista, los lectores se pierden en su prosa divertida, que renovó el periodismo
mexicano. "Novo fue el primero en reconocer el tipo de prosa que permite ver hasta qué punto en el
lenguaje se localizan las claves de la modernidad de cada época", comentó Monsiváis, agregando que
"en sus escritos se da la unidad de los contrarios, la visión de los vencidos. Novo es el equilibrio
entre el nuevo amor y los que tenemos una mirada culpable y amarga y la estatua de sal y los secretos de esa
franqueza que en el siglo XXI ya nunca será descaro".
"Salvador Novo vive en sus páginas extraordinarias y en su mitología personal, a él ya nadie le
quita lo bailado ni lo escrito", concluyó el escritor y periodista.
Saúl Juárez consideró: "Novo es una de las miradas más reveladoras de la vida de esta ciudad y
su gente; un personaje que se multiplica para crearse una imagen de omnipresencia cultural. Es el poeta de
obra aguda y perdurable, maestro, publicista, director de escena, dramaturgo y empresario teatral, el gran
cronista del México del siglo pasado".
El homenaje nacional, que coincide con los setenta años del Palacio de Bellas Artes, finalizó con la
presentación de la Compañía Nacional de Teatro, dirigida por el dramaturgo mexicano Germán Castillo, que
realizó la lectura dramatizada de la obra El tercer Fausto,
del escritor y poeta mexicano. El acto formó parte de una serie de homenajes que realiza el Inba a autores
mexicanos de quienes este año se conmemora su centenario natal, como es el caso de Gilberto Owen y
Celestino Gorostiza.
Novo, quien nació en la capital mexicana el 30 de julio de 1904 y murió en 1974, fue fundador, junto con Xavier
Villaurrutia, de las revistas Ulises
(1927) y Contemporáneos
(1928). Se dice que Novo "nacionalizó" en México el humor de vanguardia: sus poemas manifiestan
la burla del sentimiento modernista y la apertura hacia el paisaje de la primera posguerra, urbano,
industrial y publicitario. Obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1967. Fue autor de XX poemas
(1925), Nuevo amor
(1933), Espejo
(1933), Seamen Rhymes
(1934), Décimas en el mar
(1934), Romance de Angelillo y Adela
(1934), Poemas proletarios
(1934), Never ever
(1934), Un poema
(1937), Poesías escogidas
(1938), Dueño mío. Cuatro sonetos inéditos
(1944), Decimos: "Nuestra tierra"
(1944), Florido laude
(1945), Dieciocho sonetos
(1955), Poesía 1915-1955
(incluye Poemas de infancia,
1955), Sátira
(1955) y Poesía
(1961).