“La historia es una galería de cuadros donde hay pocos originales y muchas copias”.
Alexis de Tocqueville.
La noche del viernes 2 de enero de 2026, a las 22:46 Hora Estándar del Este,1 el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Donald J. Trump impartió la orden presidencial que puso en marcha la misión Resolución Absoluta para capturar a Nicolás Maduro. Remató con un lapidario Good luck and Godspeed mientras los motores de cientos de aeronaves empezaban a rugir a miles de kilómetros.
Al mismo tiempo, en algún punto del mar Caribe, un pedazo de metal se disparó con la fuerza de un cañón mecánico sobre la cubierta de un portaviones. El pistón de la catapulta se desplegó bajo la cubierta y la barra de retención cedió en un instante. Un caza aceleró de cero a casi 180 nudos en un abrir y cerrar de ojos. El cuerpo del piloto se hundió contra el respaldo bajo varias g. La cubierta quedó atrás al instante; la aeronave atravesó la línea difusa donde el océano y el cielo se confunden. El portaaviones se convirtió en un punto diminuto sobre el mar. No quedaba marcha atrás.
Un aviador, que quizá vivió su infancia entre las espigas de maíz de un rancho en Ohio, ascendía hacia la noche rumbo a la tierra de Simón Bolívar, tierra marcada por más de cinco siglos de historia, pero en las últimas décadas arrastrada por un sufrimiento incalculable que aquella noche se reflejaba en cada hogar venezolano.
No es difícil imaginar, esa misma noche, a una familia venezolana en su cama pensando en cómo se las arreglaría al día siguiente para conseguir el pan para sus hijos. No sabían que, en minutos, varios Chinooks con dos motores turboeje Honeywell de 4.700 caballos de fuerza volarían sobre sus cabezas rumbo a cambiar la historia. La Operación Resolución Absoluta había comenzado.

Operación Resolución Absoluta
Edgard Marcano-Millán
Ensayo
Caligrama Editorial
Sevilla (España), 2026
ISBN: 979-1388254468
390 páginas
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I. Resolución absoluta
La incursión militar estadounidense del 3 de enero de 2026 sobre Caracas alteró el equilibrio político de la región, reordenando de golpe las reglas tácitas del hemisferio occidental. La capital venezolana despertó bajo el fuego de un bombardeo estratégico que inauguró una nueva era de política de fuerza.
Venezuela, que conoció por primera vez el sonido del bombardeo aéreo durante la intentona de 1992 liderada por Hugo Chávez, se enfrentó, esta vez, a una realidad distinta. Por primera vez en más de tres décadas —desde la invasión a Panamá en 1989—, fuerzas militares convencionales de Estados Unidos penetraban por la fuerza en el corazón urbano de una nación latinoamericana, con el objetivo explícito de deponer a un mandatario en ejercicio.
Los eventos de enero de 2026 obligaron a revisar supuestos sobre soberanía nacional y los límites del poder en el siglo XXI. Las operaciones Lanza del Sur y Resolución Absoluta no sólo implicaron un despliegue militar masivo, sino que evidenciaron el colapso del sistema represivo venezolano y el inicio de una doctrina hemisférica que dio el salto del asedio económico a la guerra cinética.2 En fin, esta obra recoge un hecho social total.3
II. Marco metodológico
Este libro no posee el aire académico tradicional que disecciona los hechos años después, cuando la sangre se ha secado y los tratados se han firmado. Está redactado desde la visión del observador persistente, a ratos obsesivo, del acontecer geopolítico y del mundo militar, pero, ante todo, desde la piel de un venezolano. Esa doble condición —analista y sujeto afectado— no es un adorno dramático, sino parte intrínseca del marco metodológico de esta obra y de sus límites. Aun así, el texto mantiene esa neutralidad académica que cualquier lector debe exigir a un análisis histórico, aunque posee las dificultades previsibles de este género: imprecisiones; dependencia de la inteligencia de fuentes abiertas (OSINT),4 de la prensa y de los testimonios; y esto, más que un defecto, es una condición asumida del método y el género.
Esas limitaciones se hicieron patentes desde el instante mismo en que los primeros reportes vía OSINT confirmaron que Estados Unidos destinaba el grueso de su Segunda Flota y de sus elementos expedicionarios a las aguas del Caribe. Resultó evidente que la historia se aceleraba. No se trató de maniobras habituales ni de ejercicios conjuntos de rutina. Que se posicionaran activos navales, que los canales diplomáticos guardaran silencio y que desde el Pentágono se elevara la retórica, indicaba que los discursos daban paso a la acción.
La metodología empleada aquí es, por ello, la de la crónica analítica curada y contrastada. Durante los meses previos a Resolución Absoluta y las semanas críticas de Lanza del Sur, una revisión sistemática permitió compilar más de cuatrocientas fuentes. Entre ellas transcripciones de ruedas de prensa, comunicados oficiales, informes de organismos internacionales, cables de agencia, debates jurídicos en foros globales, documentos de centros de análisis y reportes de campo. Ahora bien, el juicio definitivo de estas informaciones corresponderá a quienes en el futuro escriban más cerca de los hechos, con mejor acceso a documentos oficiales, con más tiempo para vivir las consecuencias y, sobre todo, con menos urgencia.
III. El preámbulo del conflicto
Para entender el 3 de enero de 2026 es necesario retroceder y observar el entramado de presión que lo precedió. La intervención militar estadounidense no cayó como un rayo aleatorio en un cielo sereno; fue una tormenta alimentada por años de retóricas agresivas, corrupción, estrangulamiento económico y aislamiento político.
Esos primeros días de enero difuminaron la línea que separa la elección entre las sanciones económicas sobre un país y la guerra cinética. La historiografía futura debatirá en qué momento la capital estadounidense decidió que el soft power5 y la guerra híbrida6 eran insuficientes. ¿Fue la percepción de una amenaza inminente a la seguridad regional?, ¿se agotó la paciencia estratégica ante la tozudez del régimen?, ¿o fue, quizá, un cálculo de política interna estadounidense, proyectando fuerza hacia el exterior para cohesionar un frente doméstico fragmentado?
Al menos una de estas preguntas admite respuesta preliminar. La operación no fue concebida ni ejecutada como un conflicto convencional, pero tampoco puede reducirse a una acción policial transnacional. Se trató, más bien, de una forma híbrida de intervención, situada en una zona de ambigüedad jurídica y estratégica. Su diseño buscó maximizar la libertad de acción política y minimizar los costes formales asociados a una declaración de guerra. Esto representó la culminación de una política articulada desde la Casa Blanca bajo lo que algunos analistas presentaron como la “doctrina Donroe”: una actualización funcional de la doctrina Monroe7 en la que los intereses nacionales se imponen sobre las normas del orden multilateral de posguerra.
En esta obra se sostiene la tesis de que Resolución Absoluta respondió al colapso estratégico bilateral. Cada decisión adoptada desde el arranque del conflicto venezolano fue estrechando el margen de maniobra. Sanciones que reclamaban nuevas sanciones y discursos que hacían inviable la rectificación, alianzas que clausuraban canales de negociación. No se observó un plan maestro trazado de antemano, sino una lógica de encadenamiento en la que cada paso limitó el siguiente y redujo el espacio de repliegue. En ese marco, la incursión militar dejó de percibirse como una opción excepcional: acabó por presentarse como la única salida coherente dentro de una arquitectura política construida por acumulación.
Los eventos sobrevenidos no pueden leerse como un éxito unilateral ni como un mero acto de imposición de poder. Constituyen, más bien, el punto de intersección de dos procesos de agotamiento convergentes: el colapso funcional del Estado venezolano y la progresiva normalización, por parte del Gobierno estadounidense, de prácticas de excepción que tensan su propio marco jurídico y estratégico.
A diferencia de las intervenciones de la Guerra Fría justificadas por el anticomunismo o los fracasos de la tríada Tenet-Rumsfeld-Cheney en la Guerra contra el Terror y su nation-building,8 esta operación se envolvió en la narrativa de Restauración del Orden y Responsabilidad de Proteger.9 Aun así, se ejecutó con un grado de unilateralidad que alarmó incluso a los aliados tradicionales de la diplomacia estadounidense. Mientras, América Latina osciló entre la alegría y el temor —unos más que otros— ante el precedente. La pregunta que dejó el episodio no admite respuesta sencilla: si una fuerza expedicionaria podía extraer a un mandatario —al margen de su legitimidad— y tomar en menos de dos horas el mayor fuerte militar de un país latinoamericano, la noción de inviolabilidad territorial consagrada en la Carta de la Organización de Estados Americanos (OEA) quedaba disuelta.
IV. Plan del libro
La estructura de esta obra responde a una lógica deliberada. Los capítulos no están organizados como una crónica lineal que avanza desde el primer disparo hasta el último comunicado, sino como capas de análisis que se condicionan entre sí. El lector puede recorrerlos en orden o acudir a cada uno como pieza independiente, pero quien los lea en secuencia, encontrará que cada capítulo prepara el terreno del siguiente y que las preguntas formuladas al principio sólo se resuelven —cuando se resuelven— al final.
El capítulo 1, “El contexto geopolítico”, sitúa la crisis venezolana en el tablero internacional. Antes de que la primera aeronave despegara del USS Gerald R. Ford, Venezuela ya era un campo de fricción entre potencias. Se recorre el arco que va desde el reconocimiento de Juan Guaidó en 2019 hasta la consolidación del eje Rusia-Irán-China-Cuba como sostén del chavismo, pasando por el fracaso de las negociaciones, la escalada de sanciones y la crisis migratoria que desbordó las fronteras del hemisferio. El propósito no es enumerar hechos conocidos, sino demostrar cómo cada decisión diplomática —desde Washington, desde Caracas y desde otras capitales— fue estrechando el margen de maniobra hasta que la intervención militar dejó de ser una hipótesis y se convirtió en cálculo.
El capítulo 2, “El colapso interno venezolano”, desplaza la mirada hacia el interior de Venezuela. La incursión estadounidense no se explica sólo por la voluntad de Washington; requirió una Venezuela incapaz de resistirla o de negociar. Se documenta el colapso del Estado: la hiperinflación, las Fuerzas Armadas corroídas por la corrupción, la oposición que recorrió todas las rutas democráticas sin resultado y el aparato de seguridad interna opresivo. También se analiza cómo el fraude electoral de julio de 2024 clausuró la última vía pacífica creíble para un cambio de gobierno y cómo el control social del régimen aceleró la descomposición que facilitó el colapso bilateral.
El capítulo 3, “Construyendo un casus belli”, entra en el terreno donde la nomenclatura precede a la balística. Antes de que un misil abandone su silo, una palabra debe haber convertido al objetivo en un blanco legítimo. Se disecciona la ingeniería jurídica, narrativa y moral que Washington tejió alrededor de Venezuela: la designación de la cúpula chavista como Organización Criminal Transnacional, la imputación de Maduro por narcoterrorismo, la invocación de la Responsabilidad de Proteger y la doctrina de autodefensa preventiva.
Además, reconstruye los debates internos que precedieron la decisión, las tensiones entre los halcones y las palomas dentro del aparato de seguridad nacional, los cálculos electorales de una Casa Blanca que necesitaba proyectar fuerza y las condiciones que convirtieron una opción extrema en la única coherente con la arquitectura discursiva acumulada durante años.
El capítulo 4, “El cerco: Operación Lanza del Sur”, narra el despliegue naval y aéreo que precedió a Resolución Absoluta. La Operación Lanza del Sur, anunciada en 2025 como cruzada antinarcóticos, se utilizó también como un ejercicio clásico de compellence: coerción militar diseñada para forzar un cambio de conducta mediante la amenaza creíble del uso de la fuerza. Se detallan la concentración de la Segunda Flota en el Caribe, el bloqueo petrolero, los ataques cinéticos selectivos y las reacciones hemisféricas, que oscilaron entre el alivio cauteloso y el temblor ante el precedente.
El capítulo 5, “Precedentes: un siglo de operaciones y doctrinas”, retrocede más de cien años para situar Resolución Absoluta en la genealogía del intervencionismo estadounidense. Desde la doctrina Monroe hasta el Corolario Roosevelt, desde las Guerras del Banano hasta la Operación Causa Justa en Panamá, desde la captura de Noriega hasta la de Bin Laden; cada episodio aportó elementos al repertorio jurídico-político-militar que el Despacho Oval empleó en Venezuela. El capítulo también incorpora un análisis comparado de intervenciones rusas, francesas e israelíes para demostrar que el patrón de excepcionalidad no es exclusivo de ninguna potencia.
El capítulo 6, “Los preparativos para Resolución Absoluta”, desciende al nivel operativo. Con Lanza del Sur ya en marcha, se preparó el camino hacia una misión de captura que combinó actividades encubiertas con preparativos visibles. Se examina la campaña mediática que condicionó la opinión pública, la selección de las unidades de élite que ejecutarían la misión, la vigilancia de inteligencia sobre Fuerte Tiuna, la estrategia de supremacía aérea y guerra electrónica, el análisis de riesgos frente a las defensas antiaéreas venezolanas y, como pieza decisiva, la negociación secreta de la sucesión del poder.
El capítulo 7, “Resolución Absoluta: tres horas sobre Caracas”, es el núcleo cinético de esta obra. Se reconstruye, con la información disponible y las extrapolaciones razonables que permiten operaciones comparables, la secuencia completa de la misión: desde la orden presidencial del 2 de enero hasta la exfiltración de Maduro en custodia. El relato se organiza en cuatro fases —preparación en los buques, ataque aéreo y supresión de defensas, asalto y captura en Fuerte Tiuna y retirada— y procura transmitir la atmósfera de aquellas horas: la tensión en los puentes de mando, la coreografía mecánica en la cubierta del portaaviones, la precisión del bombardeo y la velocidad de un operativo que tardó menos en ejecutarse que en narrarse.
El capítulo 8, “El día después”, narra las horas y las semanas que siguieron a la captura. Venezuela amaneció sin su comandante en jefe, con la cadena de mando descabezada y las calles oscilando entre la euforia, la confusión y el miedo. Se analiza la sucesión de Delcy Rodríguez como primera mujer presidenta de la historia venezolana, las fracturas internas del chavismo, las narrativas contrapuestas que disputaron el sentido de lo ocurrido, el lenguaje visual que construyó la memoria colectiva del evento y el escenario judicial que se abrió en Nueva York con la comparecencia de Maduro ante un tribunal federal.
Por último, el capítulo 9, “Las consecuencias”, se propone desmontar la ilusión de causalidad lineal. Las consecuencias de una extracción forzosa de un jefe de Estado no se despliegan en secuencia ordenada; se manifiestan como procesos simultáneos y contradictorios. Para ello, se aplica una metodología híbrida: primero, una aproximación clausewitziana que evalúa la coherencia entre el objetivo político y el fin militar; después, un análisis de efectos escalonados —de primer, segundo y tercer orden— que recorre desde el vacío inmediato de poder hasta las mutaciones normativas y geopolíticas de largo alcance.
Tal es el recorrido. Los tres primeros capítulos componen la primera parte de la obra, “Caracas, allá donde no salen los soles”, y construyen el andamiaje que hizo posible la intervención: el contexto geopolítico, el colapso interno, la jaula legal y las vacilaciones de Washington. Los capítulos restantes integran la segunda parte, “El día después de mañana”, y abarcan desde el cerco naval hasta las consecuencias políticas, jurídicas y humanas de una operación que duró tres horas, pero cuyos efectos se medirán en décadas. Quien busque una celebración o una condena anticipada no las encontrará en estas páginas. Quien busque un intento honesto de ordenar los hechos, contrastar las narrativas y fijar una primera capa de interpretación, quizá encuentre lo que busca.
Esta obra no aspira a la neutralidad imposible, sino a la honestidad intelectual. Que este texto sirva pues, como testimonio, advertencia y registro de los días en que el Caribe dejó de ser un mar de tranquilidad para volver a ser un teatro de operaciones. Porque, si algo resultó evidente, es que cuando un país irrespeta durante más de dos décadas el Estado de derecho se rompe un dique, y lo que entra después rara vez pregunta a quién arrastra.
- Operación Resolución Absoluta, de Edgard Marcano-Millán
(introducción) - martes 29 de septiembre de 2026
Notas
- Venezuela se encuentra una hora por delante de la Hora Estándar del Este (VET = ET + 1 hora).
- Término que designa operaciones militares basadas en la aplicación directa de fuerza física y destrucción tangible como bombardeos, combates terrestres o ataques con misiles.
- Concepto formulado por Marcel Mauss para describir fenómenos que atraviesan simultáneamente dimensiones políticas, económicas, simbólicas y sociales. Véase: Marcel Mauss, Essai sur le don (París: PUF, 1925).
- Open Source Intelligence (OSINT) designa el uso sistemático de información obtenida de fuentes públicas —medios, bases de datos, imágenes satelitales comerciales, redes sociales— con fines analíticos y de inteligencia.
- Capacidad de un actor político de influir en otros mediante atracción cultural, valores e instituciones, más que por coerción. Popularizado por Joseph Nye en la teoría de relaciones internacionales.
- Enfoque estratégico que combina medios convencionales y no convencionales con el fin de influenciar o desestabilizar sin recurrir únicamente a la fuerza tradicional.
- Política de Estados Unidos formulada por James Monroe (1823) que declaraba que cualquier intento de las potencias europeas de extender su influencia en el continente americano sería considerado como una amenaza a la paz y seguridad.
- Intervenciones militares prolongadas orientadas a la reconstrucción institucional y estatal, particularmente asociadas a Irak y Afganistán tras 2001. Véase: Francis Fukuyama, Nation-Building (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2006).
- Principio adoptado por la ONU en 2005 que establece la responsabilidad de la comunidad internacional de actuar cuando un Estado no protege a su población frente a crímenes atroces, aunque su aplicación sigue siendo jurídicamente controvertida.



