
El sentido poético
¿De dónde emerge la poesía? Según Gabriel Celaya:
Crear poesía a fin de cuentas es fabricar un aparato verbal: componer de un modo líricamente coherente una serie de palabras para que recojan y transmitan eficazmente algo que el poeta piensa y siente pero no puede decir con el lenguaje común [...]. La poesía, desde luego, no es un decir bonito, ni un adorno: es una necesidad que, al hacerse consciente de sí misma, engendra una técnica: una técnica —insisto— que no es un lujo sino que viene perentoriamente demandada por todo lo que en el hombre hay y habrá siempre de inexpresado.
La poesía, entonces, podría ser huella manifiesta de la existencia humana. La manera fidedigna de transgresión de los sentidos. Grito al unísono invocando a la belleza perenne. La oración pertinente al iniciar la jornada habitual. Luz que permite transitar en medio de la desolación y la oscuridad. Alarido que anticipa la muerte. Lluvia pertinaz invocando al inevitable desamor. Las letras que se acopian para hacer más tolerable el olvido. Los poetas son alquimistas que ofrendan su invención con un ritual convocante a la ruptura de conceptos y a la propagación de códigos figurados. Son prestidigitadores del tiempo y de las cosas alucinantes. En su vocablo elegido recogen placeres; erotismo anhelante de siglos, la huella febril de los cuerpos tras el apogeo del verano o el esbozo de una geografía de piel henchida de aromas y humedales de perdición.
La poesía aflora deteniendo las horas y rumores, mientras las ciudades se cobijan de la madrugada con ese misterio que estremece hasta la médula del ser, no obstante, del ambiente mundano. Los versos son la consonancia del silbido de junio, en donde nuestros danzantes andinos le rinden tributo al sol, en un interminable baile que estremece las hondonadas de la Pachamama. Testaruda y frenética locución en el territorio sagrado de su excelso lenguaje universal.
Un encuentro de palabras y emociones
¿Cuáles son los objetivos de un encuentro de poesía? Difundir el trabajo escrito. Estrechar vínculos entre creadores. Acercar el texto fecundo a los públicos variados. Diversificar el alcance del signo lírico. Interrelacionar esta tarea íntima con la apreciación ciudadana. Generar escenarios de divulgación metafórica. Humanizar el poema.
De una manera persistente, metódica y hasta obsesiva, Xavier Oquendo Troncoso, poeta y gestor cultural, ha logrado, con apoyo interinstitucional, que el Encuentro Internacional de Poesía en Paralelo Cero se consolide como uno de los principales espacios de promoción poética en Ecuador y en América Latina. Del 17 al 23 de noviembre de 2024 se desarrolló su decimosexta versión en distintas ciudades de este país (Alóag, Machachi, Cutuglagua, Cotacachi, Cuenca, Latacunga y Loja), contando como sede principal a Quito. Macroevento en donde se rindió homenaje a José Luis Díaz Granados (Colombia) y Coral Bracho (México), y a los ecuatorianos Javier Ponce y Catalina Sojos, se presentaron una veintena de recientes títulos de El Ángel Editor (Ecuador) y de Llamarada Verde (Bolivia) y se realizaron conversatorios, además de las constantes mesas de lectura.
Cerca de setenta poetas de diversas nacionalidades de América, Europa y Asia, así como locales (reunidos en el libro antológico respectivo), compartieron —a través de recitales— su producción lírica, relievando sus particularidades que marcan el acento y el ritmo insondable del autor. Dieciséis años de este encuentro de decires y gestos que convocan a la fraternidad, de soledades regocijadas con el vuelo del tierno colibrí y apesadumbrados con la caída de la tarde mansa. Encuentro de caricias y saudades acompañado del verso eterno. Voces múltiples de la poética contemporánea se escucharon al unísono en un coro heterogéneo de arcángeles junto con duendecillos en el fragor de la medianoche.
Cada retórica estuvo entremezclada con la fragilidad de orquídeas y guayacanes que florecen en la patria ecuatorial, con paisajes naturales, con el frío de los Andes, con el resplandor celeste del mar, con el gozo púrpura en el declive nocturno, con la mano que estrecha la amistad, con el apremio por revelar formas estéticas de comunicación.
Paralelo Cero tiende a ampliar el interés por el fenómeno literario en varios estratos: maestros, estudiantes, profesionales, artistas, lectores, ciudadanía predispuesta a interactuar en esta loable iniciativa. Paralelo Cero desmitifica las cofradías y cenáculos, ya que la poesía y los poetas deben estar al alcance y en contacto con la gente, desde una correspondencia espontánea, multiplicando los modos diversos de fecundar la ternura en la hoja tenue.
Tantos nombres y abrazos derivados del verbo y el oficio cómplice de los juglares. Apenas cito unos pocos: Juan Felipe Robledo, Michael Waters, Paura Rodríguez, Nelson Simón, Harold Alva, Federico Díaz Granados, Amilkar Jaldín, Rubén Márquez, Liyanis González Padrón, Yhonaís Lemus, Rolando Kattan, Margarita Laso, Gabriel Cisneros, Miguel Ángel Rengifo, Pablo Meriguet, Lucía Orellana, Emilio Izquierdo, Carlos Garzón y muchos otros más. Cada estilo expuesto es el resultado de la búsqueda incansable del barro y la hogaza necesaria para sobrellevar el día. Catalina González Restrepo pregunta “cómo ser libres y ligeros / plumas en el viento”, en tanto que Gabriel Chávez Casazola advierte que “los poetas esta noche andan revueltos / y se descalzan / y entran al río / y se ponen / a atrapar / el resplandor / de las estrellas // a atraparlas / con las manos / en el agua”.
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