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Bailar con las lunas al filo de la noche interminable
(sobre el tallo de Las Lunas, de Jetzy Reyes)

miércoles 15 de octubre de 2025
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Jetzy Reyes
En su poemario el tallo de Las Lunas, la ecuatoriana Jetzy Reyes construye un corpus de amplio entretejido, a partir de una voz poética profundamente íntima, cuyo desborde incluye las otredades. 📷 Pedro Herrera

“el tallo de Las Lunas”, de Jetzy Reyes
el tallo de Las Lunas, de Jetzy Reyes (El Conejo, 2011).

el tallo de Las Lunas
Jetzy Reyes
Poesía
Editorial El Conejo
Quito (Ecuador), 2011
ISBN: 978-958-49-7038-1
139 páginas

Trabajar con la palabra no es tarea fácil. Más aún si el abordaje se encauza dentro de la labor literaria. La composición de los textos será el resultado de una amalgama de colores y sentires, de sobresaltos y pulsaciones que rompen con la retórica cotidiana. En lo relativo al género poético, el decir con palabras estará expuesto a un sinnúmero de variables determinadas por esa mirada particular y experiencial del esteta. Artilugio impregnado en el papel, tras una necesidad interior asociada con el pulso indecible del fenómeno existencial que requiere dar luz artística. El secreto inefable traducido en cada rasgo versal.

En el tallo de Las Lunas (Editorial El Conejo, Ecuador, 2011), su autora, Jetzy Reyes (Quito, 1964), construye un corpus de amplio entretejido, a partir de una voz poética profundamente íntima, cuyo desborde incluye las otredades. Divide en: “I. la sangre del Gris” y “II. ax ax numen de La Carne”, que a su vez acoge una subdivisión poemática interna. No se circunscribe a un solo registro temático (aunque es bastante claro que la personificación femenina abunda en sus 114 páginas versales), alimentado de una vieja y rica mitología y del cabal conocimiento de la tonalidad musical, lo que permite la configuración de la sensualidad sugerida y de la alusión erótica: “Tú / sombreado hostil / que perturba mi ingle / en imperdonable placer”. O del fuego avivando la posesión de la carne: “clavándome en ti para sin mí / amatorio puñal tus costillas / alambres en mis mamas”. Más aún en lo explícito: “tus Pinceles me desfloran / con mi sangre trazas una vulva / falos supremos fecundan la matriz del Lienzo”. Sexualidad desnuda como mar interminable. Junto con una mirada cercana al tráfago de los días y las lluvias, al reconocimiento de paisajes entrañables, al reencuentro con el recuerdo y las pausas necesarias, luego de la vibración silábica. También consta la urbe y su arrebato gris. El pasillo como elemento contracultural. La danza lujuriosa de fonemas. El amor y la derrota: “han de salir de mis sienes / tus espadas”. Ejercicio evocador más allá de la taquicardia, que entremezcla esos otros códigos hermanados del arte como la ensoñación pictórica y la pasión musical. Porque si de algo están confeccionados los poemas de Reyes es de una recurrente fuerza rítmica que da fe de los orígenes de la poiesis, como máximo proceso creativo. Al igual que de un acompañamiento con otras voces fundamentales, en epígrafes o guiños intertextuales, razón de ser de la poética de siempre: el cúmulo de enunciados varios, que se mezclan en una reinterpretación semántica, con enfoque dialogante. Por ello se vincula a Arthur Rimbaud, Henry Miller, Hugo Mayo o César Dávila Andrade, apenas detallando pistas del ámbito escritural. A lo que se suman dos piezas sobresalientes de análisis crítico del libro, elaborados por Susana Cordero de Espinosa y Álvaro Alemán.

Hay una experimentación válida por medio del signo lingüístico, caracterizada por su compleja realización metafórica, con lo cual se asume una de las maneras reconocidas de acoger a la poesía, “látigo de seda”, desde una marcada estética tan afín a la modernidad. La instrumentalización del poemario comentado alcanza una alegoría cadenciosa, acompañada con una tipografía variable entre el uso indistinto de mayúsculas y minúsculas (empezando desde el título de la obra), la limpieza de signos de puntuación, la utilización de cursivas como trazos-guía para el lector atento. ¿Qué intenta anotar la poeta con estos quiebres evidentes de la estilística clásica? Un canto singular, “mi Máquina de Canciones”, cuyo pentagrama asume el intento de comprender el mundo, pese a las heridas y las ilusiones venidas a menos: “un poco más rota ahora / que pasan Ferrocarriles por mi espalda”. Tribulaciones que se asumen como ropaje de aquel hablante lírico.

En el tallo de Las Lunas la vida está simbolizada en el agua nutricia, dadora colosal del líquido componente que bebe del esplendor materno y la lactancia. Siglos transitados en donde la niña de “labios violáceos” se vuelve loba al acecho del cazador/verdugo. Mujer-madre, mujer-amante, mujer-artista. Dimensión performática del todo y de la nada, en una transición interminable entre el caos y el silencio. Arpegio que torna incesante la carnalidad: “desafinado maullido en las raíces de mi oído / tu risa desabotona la blusa delicada”.

Exclamación ante la rutina desgastante que fragmenta esa correspondencia vista con melancolía pretérita: “en un rictus lo dejo / y sigo lavando los platos / el chorro de Agua cae sobre la loza / y mis lágrimas tapan / los altos decibeles de La Radio // sé que fui dolor en su fondo más azul”.

Jetzy Reyes camina, o mejor aún, baila al borde del Vacío alumbrada por la luna de huesos blancos, dando golpes anafóricos, con “la pluma transparente en el charco / la pluma transparente disgregándose” sin perder el elemento vital de la memoria.

Aníbal Fernando Bonilla
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