
Con alas prestadas viajé a Bogotá para vivir la experiencia de mi primera Filbo. Regresé con nuevos amigos, conocimientos frescos y una renovada percepción del fascinante mundo de la literatura.
La Feria Internacional del Libro de Bogotá 2025 desbordó expectativas con su propuesta. Libros de todas las temáticas cautivaron a 570 mil almas curiosas que caminaron los pabellones de norte a sur con ojos atentos a los stands para descubrir la propuesta de este año: El cuerpo y la palabra. Editoriales grandes, pequeñas, conocidas y otras apenas por descubrir exhibían montañas de papel y pensamiento convertidas en libros que los lectores se llevaban con entusiasmo.
La Filbo es el evento literario y cultural más importante de Colombia. Asombra la presencia de quinientos autores invitados, tanto nacionales como internacionales, junto a 570 expositores y 2.300 actividades que llenaron los 60 mil metros cuadrados del recinto. Allí practiqué el “deporte” de los bogotanos: hacer filas.
El Pabellón Colombia reunió a las distintas regiones del país. Destacó La Guajira, departamento homenajeado, que presentó a 70 autores y artesanos con obras como Antología de cuentos de la Guajira, de Víctor Bravo, o La disputa y la palabra, de Weildler Guerra.
Cientos de estudiantes recorrían los pabellones capturando su asombro en celulares para compartirlo en redes y provocar a quienes no asistieron.
Por su parte, el Pabellón de España, país invitado bajo el lema “Una cultura para la paz, con los otros y con el planeta”, presentó al público una variada propuesta de cómics, fotografías y actividades que cosecharon elogios de los asistentes.
Libros de temas tan diversos como fascinantes atraían a lectores de todos los perfiles. Según la organización, los libros más vendidos incluyeron El loco de Dios en el fin del mundo, de Javier Cercas; Cómo mandar a la mierda de forma educada, de Alba Cardalda —un título que resonó con el humor colombiano—, y Vírgenes y toxicómanos, de Mario Mendoza, quien sigue siendo uno de los escritores más leídos y taquilleros.
Héctor Abad Faciolince impactó a los oyentes con la historia que dio vida al libro Ahora y en la hora. Una charla que despertó diversas emociones entre el público por lo dramático de la narración.
La Filbo 2025 fue un espacio de voces plurales, donde el conocimiento se puso al servicio de los curiosos, y de propuestas para todo tipo de lectores.
La masiva afluencia de personas de todas las edades desmiente el mito de que los colombianos no leemos. La proliferación de nuevos títulos también refleja que somos un país de escritores que no cesan de plasmar sus sentires y pensares.
Montañero como soy, la ciudad me castigó con su frío. Por cinco días olvidé el calor y redescubrí el significado de tiritar.
Bogotá exige, pide, obliga. Las distancias, a veces angustiosas, y los viajes interminables, desafían el alma. Pero así es la capital: vive, vibra, ruge, corre, nunca se detiene, como un gran insecto en vuelo que no cesa de zumbar.
Regresé a mi calor, a mi espacio. Me despedí de Bogotá y de un espejismo fugaz con nombre de mujer.
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