
El retrato del escritor español Álvaro Pombo, Premio Cervantes 2024 —obra del artista Hernán Cortés que muestra al autor con sus herramientas de trabajo—, fue develado el jueves 9 de julio en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, en un acto en el que estuvieron presentes el director de la institución, Óscar Arroyo, y la subdirectora adjunta de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas, Almudena Hernández de la Torre.
Nacido en Santander y formado en Madrid y Londres, Pombo fue distinguido con el Premio Cervantes por su obra narrativa, en la que se condensan la emoción y el humor, caracterizada por el tándem que forman la ironía y los sentimientos. Entre sus obras se encuentran los poemarios Protocolos (1973) y Variaciones (1977; premio Bardo), o su primera novela, El héroe de las mansardas de Mansard (1983; Premio Herralde). Es miembro de la Real Academia de la Lengua, donde ocupa la silla j.
La BNE ha venido componiendo desde finales de los años 90 su galería de retratos de los galardonados con el Premio Miguel de Cervantes, que ya consta de 48 obras en diferentes técnicas y soportes artísticos contemporáneos. Cada premiado suele elegir al artista que le va a retratar y en este caso Pombo se decantó por Hernán Cortés, reconocido pintor que ha documentado la sociedad española contemporánea.
Nacido en Cádiz y formado en Sevilla y Madrid, Cortés forma parte de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, de Bellas Artes de Cádiz y de la Hispanoamericana, y se caracteriza por la sobriedad de sus retratos, en los que sitúa al retratado en un espacio casi vacío, acompañándole de algunos elementos claves. En sus obras se conjugan realismo y abstracción.
En el caso del retrato de Álvaro Pombo, se trata de una obra original de gran formato, realizada en impresión giclèe sobre papel de algodón. La BNE cuenta con dos retratos más de este artista, los de Dámaso Alonso y José Manuel Caballero Bonald, premios Cervantes 1978 y 2012, respectivamente.

El cuadro es un regalo al galardonado, que permanece para la posteridad formando parte de la Galería de retratos, ocupando durante un año el lugar preeminente en el Salón Italiano.
Cortés destacó en su intervención el desafío de plasmar la aguda y afilada personalidad de Pombo, su mirada analítica y ese aire de melancolía que se le antoja de un santanderino. También habló de la técnica utilizada y recalcó cómo la obligación de un pintor es mostrar a través de la apariencia sin olvidar lo que esconde la esencia del retratado.
Pombo, por su parte, hizo gala de su rasgo más distintivo, el humor, con el que desgranó su opinión sobre el cuadro. “Pasmado”, en sus palabras, ante la obra, incluyó a los asistentes en la metamorfosis producida, en la realidad paralela, en el realismo salvador del artista que prohíbe embellecer y, en su lugar, cambia esta belleza por la precisión de su pincel.
Destacó que su imagen otorga un poder rejuvenecedor, debido a esa postura recostada tan verosímil que, en realidad, hoy día, no es tan posible. Asimismo, el escritor habló del espacio, lleno de magia, que va más allá de la imagen reflejada en un espejo.
Fuente: BNE
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