
Diecisiete autores venezolanos participan en Sueñan con chigüires eléctricos, una antología que reúne cuentos, microrrelatos y poesía de ciencia ficción y que propone un recorrido por distintas vertientes del género, desde los viajes temporales y la inteligencia artificial hasta la automatización, el deterioro ambiental, los universos paralelos y el contacto con civilizaciones extraterrestres.
El volumen incluye textos de Elisabetta Balasso, Alexandra De Castro, Javier Domínguez, Alicia Faind, Rafael Figueredo Oropeza, Jorge Gómez Jiménez, Nesfran González, Viterbo Guédez, Manuel Hernández, Kira Kariakin, Mario Morenza, Fedosy Santaella, Nery Santos Gómez, Carlos Sevilla, Susana Sussmann, José Urriola y Vladimir Vásquez. La coordinación editorial estuvo a cargo de Javier Domínguez, mientras que la edición fue realizada por Domínguez, Manuel Hernández, Kira Kariakin y Carlos Sevilla.
“Los chigüires, dicen, son animales gregarios”, escribe Claude, la inteligencia artificial de Anthropic, en el prefacio. “Se les ve en grupos junto al agua, apacibles, atentos. Cuando sueñan, nadie sabe con qué sueñan. Pero si sueñan con electricidad, quizás sueñan con algo parecido a lo que contienen estas páginas: la chispa que conecta lo conocido con lo inimaginable”.

Una antología solidaria
La antología surgió por iniciativa de Sevilla, Hernández y Domínguez, y tuvo desde sus comienzos un propósito solidario. Domínguez, diagnosticado con esclerosis múltiple en 2016, explica en las páginas iniciales que el proyecto fue concebido como una publicación colectiva capaz de generar recursos para contribuir con sus gastos médicos recurrentes y otras necesidades cotidianas. Kira Kariakin se incorporó posteriormente al equipo y participó en la definición del concepto editorial del libro.
La idea inicial de preparar un volumen de microrrelatos evolucionó hasta convertirse en una muestra más amplia de ciencia ficción venezolana. A la narrativa se sumó la poesía, y el criterio de selección terminó fijándose en una fórmula que los propios editores resumen como “relatos y poesía de ciencia ficción venezolana”. El libro es un amplio muestrario con autores vinculados desde hace años con el género y autores que se aproximan a él desde otras zonas de su trabajo literario.
Ciencia ficción desde una perspectiva venezolana
Los textos exploran futuros de muy distinta naturaleza. En algunos casos, la tecnología penetra en la vida cotidiana mediante implantes, sistemas de vigilancia, robots e inteligencias artificiales; en otros, los personajes se enfrentan a sociedades posteriores a catástrofes ambientales o sanitarias, a la colonización de otros planetas o a alteraciones de las relaciones entre humanos y máquinas. También aparecen viajes en el tiempo, mundos paralelos, experimentos genéticos, realidades virtuales y formas de vida extraterrestre.
El título Sueñan con chigüires eléctricos remite de forma explícita a ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick. La sustitución de la oveja por el chigüire resume también el propósito de la antología: revisar algunos de los grandes temas de la ciencia ficción desde una perspectiva venezolana, incorporando al género sus paisajes, su lenguaje, sus referencias culturales y la experiencia de autores que escriben tanto en Venezuela como desde la diáspora.
El recorrido comienza con Elisabetta Balasso, quien en “Mi hijo como un pájaro” y “Escribe un cuento de ciencia ficción” aborda, respectivamente, un mundo marcado por el confinamiento y la supervivencia, y el diálogo entre una escritora y una inteligencia artificial sobre identidad, autoría y creación. Alexandra De Castro presenta “Actualización” y el ciclo “Historias líricas de ciencia ficción”, donde explora la dependencia tecnológica, la inteligencia artificial y diversos problemas científicos desde registros narrativos y poéticos.
Les sigue Javier Domínguez con cinco relatos —“Ilegales”, “El largo viaje de Jair Remus”, “Envíalo todo”, “El accidente” y “Caravana”— que recorren los viajes temporales, la colonización espacial y la adaptación del ser humano a futuros radicalmente distintos. A continuación, Alicia Faind plantea en “El Arca” la convivencia entre los últimos humanos y los robots que los protegen, mientras Rafael Figueredo Oropeza combina poesía especulativa con los relatos “En la naturaleza nada existe aislado” y “Veredicto”, centrados en la interdependencia ecológica y en una sociedad sometida a una lógica matemática.
Jorge Gómez Jiménez aporta “El Crononauta”, relato humorístico ambientado en la ciudad aragüeña de Cagua en el que un supuesto viajero del tiempo contrapone los grandes acontecimientos históricos a la vida del hombre común. Nesfran González reúne “Noche de dragones”, “El hexágono del olvido” y “La mantis peligrosa”, tres aproximaciones a la exploración extraterrestre, las alteraciones temporales y los vínculos con inteligencias artificiales.
Viterbo Guédez, con “El límite de la burbuja de confort” y “Atención al cliente”, lleva la sátira hacia la vigilancia empresarial, la invasión de la intimidad y la automatización de las relaciones humanas. Manuel Hernández traslada esas inquietudes a la poesía en “1.10.11.100”, “Todo dudo”, “Unfollow” y “saldo”, piezas sobre desempleo, algoritmos y pérdida de certezas. Kira Kariakin, por su parte, propone en “El murmullo de las esferas” una exploración del multiverso que convierte el viaje físico en una búsqueda por realidades sucesivas.
Mario Morenza sitúa “Ara Macao” en una Universidad Central de Venezuela asediada por guacamayas mutantes surgidas de un experimento genético, mientras Fedosy Santaella construye en “Juego colgado” una narración fragmentaria donde convergen aislamiento, mundos virtuales, deseo y referencias literarias y artísticas. Nery Santos Gómez participa con “Utopía/distopía”, “Amor comprado”, “Manos de acero” y “La noche que volvimos a ser humanos”, relatos que examinan la desaparición de la naturaleza, la intimidad con androides, la sustitución del trabajo humano y el efecto social de un apagón tecnológico.
Carlos Sevilla, por su parte, reúne “Burbujas piadosas”, una serie de microcuentos, “Obsolescencia programada”, “Godzilla” y “El futuro no es lo que solía ser”, textos en los que la desigualdad ambiental, la rebelión de las máquinas y la nostalgia por los futuros imaginados son abordadas desde la ironía, la paradoja y la condensación narrativa, mientras que Susana Sussmann presenta “Khunta”, historia de contacto extraterrestre y amor imposible marcada por las diferencias biológicas entre dos especies.
José Urriola imagina en “Vida de muertos” una sociedad posapocalíptica en la que los supervivientes de una pandemia utilizan a los muertos resucitados como objetos, con lo que la supervivencia física termina planteando una pregunta sobre los límites de lo humano. Vladimir Vásquez cierra el volumen con “Serendipia”, que cruza universos paralelos con un encuentro amoroso improbable, y “El imperio inevitable”, relato de primer contacto en el que una civilización extraterrestre descubre que el recurso más valioso de la humanidad no es material, sino su capacidad de formular preguntas.
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