
Índigo
arreamos las libélulas
mientras dure su vuelo
para que se empiecen a comer
unas a otras
parecen el destino de la humanidad
algo tan inaceptable en nosotros
como la ola de formol
tratando de preservar el cuerpo de alguna
a los ojos de los niños y los de una mosca azul
Ojo de helecho
ni el polvo ni la sal lograron cubrir mis ojos
el manto de la ceguera
consigue dar con su luz en el cuarzo
hay reptiles invasores de materos
librándose de la emoción
que les atribuía el afán de verme
reflejado en todo lo inmóvil
aunque al fisgonear entre las hojas
que comienzan a amarillear
hallo la grafía de las mismas visiones
en la piel que mudó alguna lagartija
Verdín
hay semillas explosivas
las atesorábamos de niños
soñando que al crecer
las oiríamos abrir juntas en el invierno
también hay plantas
cuyas hojas se cierran al tacto
como si durmieran
por miedo a que al hacernos adultos
las arranquemos de nuestro jardín
¿hace cuánto no acaricias a una
para recordar que debe estar
presente en todo esa magia?
¿hace cuánto no humedeces en tu boca
alguna de esas semillas que nombré al principio
para hacer volver a tu memoria
las desprendidas de la caoba
cayendo como hélices por encima del hoy?
Oyendo voces
me mira mi sombra y no es ella
la dueña de los ojos con que me mira
ahonda en mi oscuridad
sabe que hay arañas a contraluz
mordidas y medicamentos vencidos
ahora mismo siento sus pupilas de ámbar
colorearme y volverme un puma
obligado a contender con una pantera noctámbula
alimentada durante años dentro de su silueta
alguien que vive en mi sombra
me aguarda y tiene un inagotable bestiario
sabe que a veces logro verlo inclinando
sus reflejos sobre un cuchillo de cortar carne
yo sólo sé que me asusta su diente de oro
- Cuatro poemas de Leonardo Alezones Lau - viernes 23 de marzo de 2018


