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Liturgia de la sed, de Miguel García Ascencio

miércoles 23 de marzo de 2016
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“Liturgia de la sed”, de Miguel García Ascencio

Liturgia de la sed
Miguel García Ascencio
Poesía
Mantis Editores
México, 1998
123 páginas

Con un negro que poco a poco se convierte en naranja, una fotografía céntrica cuyo significado llega a ser confuso, el nombre del escritor y el título del libro en letras blancas. Sin duda la portada no describe ni en lo más mínimo el contenido neto de la obra.

“Cada minuto es un tren”, así comienza la serie de poemas que Miguel García Ascencio irá relatando a lo largo del texto, y que, cinco años después, será traducida al francés por Françoise Roy. Justo como se describe el inicio, nuestra lectura irá consumiendo los trenes que cruzan por nuestra vida cada sesenta momentos. Con solo dos capítulos y dos poemas iniciales, completamos un cuadrado, en el que se dibujarán las imágenes directas del pensamiento de un poeta.

Miguel García Ascencio plasma un gusto especial por las aves en este volumen, colocadas a través de paisajes y situaciones cotidianas, sentimientos sedientos de ser leídos, de atravesar el umbral de la soledad para impregnarse por completo en el cotidiano colectivo del lector. Fusiona la naturaleza con el ser y con los elementos de la antigüedad.

Por principio, tenemos un tren que nos dirige a lugares inciertos, esperanzados, como niños que juegan en las playas, o flores que esperan por sonidos. Bajamos del tren y nos cruzamos con un arcoíris, un reflejo de luz a través del agua, con 26 colores, en lugar de 7, que se convertirán en estrofas.

Tras ese arcoíris vemos surgir a las piedras, que serán percibidas como el principio y el fin, de ellas nace y en ellas se muere, nos vemos atrapados entre muros, escuchando eternamente a piedras que cantan bajo nuestras almohadas, piedras que van y vienen, y que permanecen ahí, cerca.

Ascendemos la mirada y rezamos para que los sentimientos tristes no se instalen para siempre, decimos adiós, lloramos y nos sofocamos dentro de esos ojos, tan dulces como el mar, como esos besos de despedida y volamos para siempre.

Volvemos al título, la sed, constante durante todo nuestro viaje entre las letras, en busca de agua, de gotas, de saciedad de un mar infinito dibujado en todos nosotros, pero con el que no podemos dejar de estar sedientos. Indagando en los atriles bautismales, entre el vuelo de las aves, entre los higos, nacemos y después nos enamoramos y concluimos con esa unión eterna con la naturaleza, la que nos vio nacer, crecer y que nos guiará a la muerte.

Un libro cuya delgadez nos dejará hambrientos, y sobre todo, sedientos.

Jazmín Morales Guzmán
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