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En Sevilla, Valle del Cauca, un café con nombre de película: Casablanca

martes 17 de agosto de 2021
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Juan Bautista Marín Mejía
Juan Bautista Marín Mejía, un hombre que ama la música para compartirla, fue empleado del Casablanca por más de doce años y luego pasó a ser propietario.

El lugar es ante todo un santuario dedicado a la música. Un sitio tranquilo en el que uno viaja hacia los recuerdos cabalgando en las frases de alguna canción que le transporta a otros días, a otros momentos, a otras personas.

En sus paredes destacan fotografías y pinturas de ídolos de la canción de antaño; son fotos y pinturas que rinden culto a quienes han dejado huella en la música del ayer. Ya no cabe un cuadro más, una fotografía más, en las paredes de esta galería que celebra a los sobresalientes de la música de siempre.

Es un café con el nombre de una película que ha marcado la historia del cine y que, como el filme, es romántico, sentimental, clásico. El café se llama Casablanca, tiene más de cincuenta años de fundado y se ha consolidado como un sitio icónico de la ciudad llamada “el Balcón del Valle del Cauca”. Su primer propietario fue Jesús Hoyos Osorio.

Su dueño actual es Juan Bautista Marín Mejía, quien de empleado por más de doce años en el lugar pasó a ser propietario. De eso hace ya veintiún años.

 

El dueño

Juan Bautista Marín Mejía nació en Sevilla, Valle del Cauca. Es un hombre amable, acogedor, orgulloso de su establecimiento, al que llegan y del que salen constantemente hombres y mujeres que hacen un alto de la rutina cotidiana para irse hasta allí a saborear un excelente café o que, atraídos por la fama del lugar, toman la vía que de la Uribe conduce a Sevilla para hacer una parada que siempre cumple con las expectativas del visitante.

 

Café Casablanca
Las fotografías de Carlos Gardel son uno de los elementos que destacan en el café Casablanca.

Tenía muchas fotos de Gardel, pero pensé que se convertiría en un desaire desechar algunas de ellas que con tanto afecto me habían regalado.

El rey Carlitos Gardel

Uno se pregunta por qué tantas fotos de Carlitos Gardel en las paredes del Casablanca. La respuesta nos la da el señor Marín: “Muchos de mis amigos comenzaron a ir de paseo a Buenos Aires y todos me traían como obsequio al regreso de su viaje, coincidencialmente, un cuadro o una foto de Gardel. Alguna vez, un señor que tiene un restaurante en Cali, que se llama Gardel, me envió de regalo una foto de la película El día que me quieras en donde está el afamado cantor. Muchas de esas fotos yo las guardaba hasta que una vez decidí que había que enmarcarlas y colgarlas en mi café. El problema era que tenía muchas fotos de Gardel, pero pensé que se convertiría en un desaire desechar algunas de ellas que con tanto afecto me habían regalado. Opté por enmarcarlas todas y colgarlas, por eso es que hay tantas fotos de Carlos Gardel en Casablanca. La primera que me obsequiaron la trajeron de Tacuarembó, una ciudad uruguaya en la que, algunos dicen, nació Carlos Gardel”.

 

Los famosos

Le pregunto a Juan sobre los visitantes ilustres que ha tenido el local y me cuenta: “Yo trabajé en el Club de Caza y Pesca aquí en Sevilla cuando era muy joven y allí llevaban un registro de visitantes ilustres; siempre quise hacer eso aquí en el café pero continuamente lo pospuse, así que me perdí el haber podido registrar el paso por mi establecimiento de personas destacadas; sería ese libro el que respondiera a su inquietud, pero sí recuerdo algunos personajes como Jaime Betancur Cuartas, el hermano del presidente Belisario; William Ospina, el escritor; Héctor Abad Faciolince, también escritor; el general Naranjo y cantantes como Ricardo Fuentes, entre otros”.

 

Los momentos del Casablanca

Noto que el café Casablanca tiene dos instantes: uno es en el día en el que al sitio acude gente que desea tener un rato de descanso a su agite cotidiano con un buen tinto, un poco de tertulia y la música de fondo que a veces se vuelve tema de conversación. El otro es en la noche, en la que en el lugar se asientan la bohemia y la complicidad de la amistad.

A Casablanca llegan tanto hombres como mujeres a disfrutar del ambiente que allí se vive entre el aroma del café y la música que le pone fondo a las conversaciones.

“No —me corrige Juan—. En el día, en la noche, el ambiente siempre es el mismo: tertuliadero, punto de encuentro. Después de las dos de la tarde se ve mucho muchacho, que viene a ‘tintiar’ y que poco a poco se van metiendo en el cuento de la música vieja. Escuchan con más atención, piden temas y uno piensa que se están encariñando con el descubrimiento de esta música que, a pesar de lo antigua, es nueva para ellos”.

El lugar es un continuo ir y venir de parroquianos locales, visitantes que van de paso, estudiantes o amigos, y aunque en otros lugares la designación de café tiene una relación muy masculina, en Casablanca llegan tanto hombres como mujeres a disfrutar del ambiente que allí se vive entre el aroma del café y la música que le pone fondo a las conversaciones.

 

Café Casablanca
El café Casablanca fue fundado hace más de cincuenta años y es un sitio icónico de la ciudad colombiana de Sevilla, en el Valle del Cauca.

¿Y el nombre?

Sobre el nombre, Juan cuenta: “El nombre se lo puso el propietario inicial, señor Jesús Hoyos Osorio, en homenaje a la película Casablanca, protagonizada por Humphrey Bogart e Ingrid Bergman y estrenada en Nueva York en 1942, la misma que se convirtió en un clásico del celuloide. La película está basada en una obra teatral, Todos vienen al café de Rick”.

Los habituales del Casablanca en Sevilla buscan en este sitio, sobre todo, la tranquilidad que el espacio ofrece, ya que allí se puede escuchar, como tamizada por las charlas, la mejor música, y aunque parecería para muchos uno de esos lugares que ya no se usan, allí llegan personas de todas las edades y de todos los gustos musicales. “Aquí nunca ha habido una pelea durante el tiempo que el café es de mi propiedad”, dice Juan para corroborar la tranquilidad en este santuario de la música.

 

La música

Otro atractivo de este lugar es la línea musical que allí se oye. La llamada música popular en Casablanca no se escucha. Sobre el particular Juan señala: “La línea musical aquí son los tangos, boleros, música colombiana, música clásica, ópera, en fin, aquí hay de todo un poco”.

Sobre cómo maneja su música, si “pasta” o computador, Juan dice: “Yo no tengo computador, aquí se maneja ‘pasta’ y algunos CD, porque algunas canciones raras que yo no tengo y alguien la tiene, me la comparte en CD, por eso los uso”.

Sobre la antigüedad de algunos discos Juan dice que “por ahí hay unos disquitos de 1908, es decir tienen la media bobadita de ciento diez años”, e inmediatamente se dirige a la estantería que contiene su música y me pasa dos discos que, no más de la fecha que me contó de su prensado, me da susto tocarlos.

 

También es especial que al frente del lugar haya un hombre que ama la música, y que la colecciona, no para acumularla sino para compartirla con quienes van hasta su café.

El café de todos

Definitivamente lo que hace un lugar especial a Casablanca es la tranquilidad; uno va a otros lugares y lo que resalta es la bulla, el escándalo que no permite escuchar la música o tener una charla sin verse obligado a gritar.

Uno se admira de que en este mundo tan agitado, que nos avienta ruidos sin compasión, que corre y se agita como endemoniado, allá, encaramado en la Cordillera Central, a unos 1.612 metros sobre el nivel del mar, exista un sitio tan especial como el café Casablanca, de Sevilla. Un espacio atiborrado de fotos de cantantes que han dejado huellas en el alma de quienes han sufrido desamores y canciones que han ayudado a unir afectos que han durado toda una vida.

También es especial que al frente del lugar haya un hombre que ama la música, y que la colecciona, no para acumularla sino para compartirla con quienes van hasta su café a tomarse un buen tinto o a dejarse llevar por la música hacia mejores recuerdos.

Otro aspecto que hace que uno sienta más admiración por Juan es que, de entre los cientos de discos que tiene en sus estantes, usted le dé el nombre de una canción y él vaya hasta el lugar exacto en donde se encuentra el disco para complacer su pedido.

“Casablanca existe —dice Juan— es porque a uno le gusta la música y sobre todo compartirla con quienes también se emocionan escuchando hermosas melodías”.

Manuel Tiberio Bermúdez