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Genealogía de la sentisapiencia, de Juan José Vélez Peña
(primer capítulo)

jueves 15 de febrero de 2024
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Nota del editor

El filósofo puertorriqueño Juan José Vélez Peña obtuvo, con Genealogía de la sentisapiencia, el Premio de Ensayo “Pensar Nuestra América con Categorías Propias”, que entregaron en 2023 la Fundación Centro de Integración, Comunicación, Cultura y Sociedad (Ciccus) y la Asociación Filosofía Latinoamericana y Ciencias Sociales (Asofil). Se trata de una obra que, con un estilo particular, pues encierra densas reflexiones filosóficas dentro de piezas narrativas, intenta proyectar una crítica “nuestroamericana” al canon filosófico occidental. En palabras del prologuista, Raúl Fornet-Betancourt, el libro “constituye un manifiesto a favor del reencuentro y de la celebración de la pluralidad contextual en la que —y por la que— la vida se importa a sí misma como bien a cuidar para que en cada vida concreta se logre una vida buena”. Hoy presentamos a los ojos de la Tierra de Letras su primer capítulo.

 


“Genealogía de la sentisapiencia”, de Juan José Vélez Peña
Genealogía de la sentisapiencia, de Juan José Vélez Peña (Ciccus, 2023). Disponible en la web de la editorial

Genealogía de la sentisapiencia
Juan José Vélez Peña
Ensayo
Ediciones Ciccus
Buenos Aires (Argentina), 2023
ISBN: 978-987-693-955-3
184 páginas

I. Preludio: caminando con el hombre-hicotea hacia el horizonte de la sentisapiencia

Nosotros actuamos con el corazón, pero también empleamos la cabeza, y al combinar las dos cosas, somos sentipensantes. Así se expresó un pescador en San Benito Abab al compartir su sentisaber con el investigador y sociólogo barranquillero Orlando Fals Borda. Me lo contó Eduardo la noche del 19 de noviembre de 1990 en Augsburgo, Alemania, luego de presentar su texto Apuntes sobre la memoria y sobre el fuego,1 en el que tematiza su famosa y premiada trilogía,2 en una actividad organizada por el Departamento de Romanística de la universidad de la ciudad bávara. El texto, que ya había sido publicado en abril del mismo año en Montevideo en Brecha, fue presentado para luego ser traducido al alemán. Galeano se refería a los forjadores de la cultura anfibia colombiana, pluriverso vivencial que por mediación de Fals Borda conoció. Y se allegó a este con el profundo sentido filosófico que caracteriza toda su obra para inmortalizarlo en su escritura.

Desde luego, en la isla todxs lxs estudiantes de las facultades de humanidades y de ciencias sociales de mi generación leímos su clásico Las venas abiertas de América Latina3 y otras de sus obras posteriores. Sin embargo, esa noche se me hizo claro que compartíamos más preocupaciones de lo que me constaba. Al finalizar la presentación, concurrida mayormente por estudiantes y algunxs externxs interesadxs en la cultura y política latinoamericana, tuvo lugar la sección obligatoria posterior. Unx que otrx investigadorx joven —todxs un poco nerviosxs y ávidxs de re-conocimiento— le agradeció al ponente por haber presentado una conferencia tan excelente, alabó su claridad expositiva y, tras mostrar sus capacidades oratorias, cavilando largamente sobre su obra, formuló finalmente sus preguntas. El versado intelectual respondió a todas y cada una de ellas con elocuencia, mostrando nuevamente la elegancia, la creatividad, el humor y, sobre todo, la inteligencia sentiente que caracterizaban sus charlas, así como todo lo que llevaba al papel.

Al terminar la actividad, un profesor del departamento que me conocía nos presentó. Luego de compartir un buen rato con un grupo de asistentes, hablando con él sobre el hijo más ilustre de la ciudad y su personaje más famoso, me dijo que no disponía de mucho tiempo porque tenía que irse el próximo día temprano, por lo que me pidió que le mostrara un poco la ciudad y de paso nos dábamos unas copas. Nos movimos en tranvía al centro de la pequeña ciudad.

Conocida como Augusta Vindelicorum durante el periodo en que formó parte de la provincia romana de Recia, Augsburgo le sigue a Tréveris, una ciudad de Renania-Palatinado —ubicada en la ribera derecha del río Mosela—, como la segunda ciudad más antigua del país. Es la capital de la región administrativa de Suabia. Y está ubicada en el Estado federado de Baviera, en el sur de Alemania. Es una ciudad independiente y, al mismo tiempo, capital del distrito.4

Primero quise mostrarle la catedral, así que hacia allí nos dirigimos. Caminando por sus estrechas callejuelas forradas de adoquines, muchas de ellas bordeando los canales que amansan los dos ríos que cruzan la ciudad, comencé a contarle lo que de ella sabía. Uno de mis primeros trabajos como estudiante había sido acompañar turistas extranjerxs a través de esta, mostrándoles sus encantos. Los canales de Augsburgo son parte esencial de su sistema histórico de suministro y distribución de agua. Desde el siglo VIII han abastecido a la ciudad con las aguas de los ríos Lech y Wertach. El sistema de gestionamiento de agua figura en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, La Ciencia y la Cultura). Augsburgo, con un total de 500 puentes, supera incluso a Venecia.5

Lee también en Letralia: reseña de Genealogía de la sentisapiencia, de Juan José Vélez Peña, por Alberto Hernández.

La catedral de la ciudad es un templo católico construido en estilo románico y gótico y está situada dentro de las murallas de la antigua ciudad romana, cuyas ruinas yacen en la plaza frente a la iglesia. Su construcción se inició en el siglo XI. En el siglo XIV se hicieron ampliaciones en estilo gótico. Muchas de las reconstrucciones del edificio datan de la época en la que la ciudad era una de las más ricas de Europa, gracias a que era el centro operativo de dos familias enorme y decadentemente ricas: los Welser y los Fugger.6

El desarrollo moderno de la ciudad está íntimamente vinculado al destino de esas dos familias. Durante el siglo XVI, las familias Welser y Fugger dominaron varios sectores de la economía europea y mundial. La primera cofinanció el reinado de Carlos I de España, a su vez el rol de Carlos V de Alemania, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico de 1520 a 1558.7 A comienzos de ese siglo, en 1528, el emperador les arrendó temporalmente la provincia de Venezuela —localizada en los actuales territorios de Venezuela y parte de Colombia— a los Welser, para saldar las deudas que con ellos había contraído. Ese asentamiento vino a ser llamado Klein-Venedig —Pequeña Venecia—. Representa el mayor esfuerzo de colonización alemana en el siglo XVI.8 De forma similar a como sucedió con otros conquistadores y aventureros, no sorprende que también en este caso la principal motivación haya sido una entelequia: la búsqueda de la fabulosa ciudad de El Dorado.

El primer gobernador de Klein Venedig fue Ambrosius Ehinger. El conquistador alemán utilizó como base nuestra vecina isla, La Española, donde los Welser habían fundado dos ciudades y tres fortificaciones.9 En 1529 exploró la ribera del lago de Maracaibo y fundó la ciudad homónima. Se cuenta que el nombre le fue otorgado en honor a un valiente guerrero, el cacique Mara, un joven y aguerrido líder que desde una de las islas del lago resistió contra el avance de las tropas europeas. Según esta historia, después de Mara morir en batalla, los españoles gritaban “Mara cayó”. Y así se refirieron al lugar donde el mencionado cacique había sido derrotado; hoy en día Maracaibo. Ambrosius Ehinger fue ajusticiado cuatro años más tarde por un miembro de la etnia chimila.10

Por su parte, los Fugger, un clan familiar de empresarios y financieros, fueron uno de los más poderosos grupos durante los siglos XV y XVI. La familia era descendiente de campesinos, de ahí su apellido. Fucker, como se llamaban originalmente —término germánico anglosajón etimológicamente relacionado con la variante inglesa “to fuck”—,11 es la palabra que se utilizaba para denominar el oficio de batidor, es decir, trillador de heno. El clan comenzó a enriquecerse por medio del comercio de textiles, algodón, especias y gemas; productos y materias primas importados de territorios colonizados en ultramar. Más tarde, luego de a comienzos del siglo XVI haber sido elevados a la nobleza, afianzaron su poder vinculándose a las jerarquías religiosas.12

En 1519, tras la muerte de Maximiliano I, quedó vacante la corona del Sacro Imperio Romano Germánico, a la que aspiraban el rey de Francia Francisco I y el nieto de Maximiliano, Carlos de Austria. Con dinero suministrado por los Fugger para “comprar” el favor de los siete electores a cargo de la elección del nuevo emperador, Carlos fue elegido por unanimidad, convirtiéndose en el emperador Carlos V.13 En 1520 fue coronado como emperador en Alquitrán, cuatro meses después de la fecha planeada, a causa de un brote de la peste, fenómeno que se había convertido en recurrente en Europa. Otro de los miembros de la familia fue una de las fuentes de financiación de la Contrarreforma por él iniciada. A cambio, se benefició de los cargamentos de oro y plata procedentes de Abya Yala.14

Así fue como la familia alemana asumió un destacado papel en la historia colonial europea del siglo XVI. De forma similar a los Welser y los Médici, los Fugger ganaron renombre como mecenas y donantes. Por medio de sus fundaciones fue construida la llamada Fuggerei.15 Lograda gracias a un acuerdo con las autoridades en 1516 e inaugurada en 1521, es el más antiguo proyecto de viviendas sociales del mundo. Franz Mozart, el bisabuelo del compositor Wolfgang Amadeus Mozart, vivió en la Fuggerei desde 1681 hasta su muerte en 1694.16 No obstante, junto con las familias mencionadas, como usufructuarios del colonialismo europeo, la dinastía de los Fugger fue precursora del capitalismo moderno impulsado por la explotación de gentes y la expoliación de los territorios de Abya Yala.

Todas las ciudades alemanas grandes disponen de discotecas y escuelas de baile, donde se puede escuchar y bailar la música e incluso existen orquestas —como la mía— que tocan salsa y latín jazz.

Finalmente, luego de pasar por la casa alcaldía, uno de los monumentos culturales más importantes del Renacimiento alemán tardío, lo llevé a Pow Wow, un bar de estudiantes cuyo dueño conocía. Allí, entre tragos y humaredas de tabaco, justo antes de relatarme el encuentro de Fals Borda con el sentisabio pescador, notamos que habían puesto la canción La Libertad ¡lógico! de Eddie Palmieri.17 En Alemania no es inusual escuchar música de salsa en ciertos bares. Todas las ciudades alemanas grandes disponen de discotecas y escuelas de baile, donde se puede escuchar y bailar la música e incluso existen orquestas —como la mía— que tocan salsa y latín jazz. Le conté que la versión en vivo que escuchábamos había sido grabada en 1975 en un concierto en la Universidad de Puerto Rico, mi Alma Mater. Entonces me sorprendió, pues no esperaba que se interesara por nuestra música, al preguntarme, ¿sabes que existen fuertes e innegables vínculos entre el personaje de Bertolt Brecht y la historia de la canción Pedro Navaja, de Rubén Blades? Sí, siempre lo he sospechado, pero no conozco los detalles, respondí. Me dijo, todxs sabemos el lugar que ocupa Pedro Navaja en el imaginario popular latinoamericano. Hasta Gabriel García Márquez dijo lamentar no haberla escrito.18 ¡Claro!, exclamé, basta con escuchar el tumbao inicial de la canción, tocado por Milton Cardona, y todxs sentimos su afección calando nuestros cuerpos que vibran gozando su son, y entonces la bailamos y cantamos en voz alta, de memoria.

El conguero en esa ocasión fue Eddie Montalvo, me corrigió. ¿De veras?, reaccioné, juraba que había sido el conocido conguero de Willy Colón. Pues la canción fue grabada en 1978 con la orquesta del nuevayorquino en su sensacional LP Siembra. Por cierto, antes de que se diera el fenómeno de las superestrellas latinas, iniciado por Ricky Martin, permaneció por muchos años como el álbum más vendido en la historia de la salsa. Sí, es correcto, me interrumpió, y por poco no incluyen a Pedro Navaja, porque los productores, como siempre interesados mayormente por su valor de cambio, es decir, sus posibilidades de comercialización, consideraban que la canción era demasiado larga.

Cuenta, ¿qué sabes sobre su origen?, le pregunté. Nietzsche, entre otros, nos mostró cuán inútil es la búsqueda tras los sacrosantos orígenes, respondió sin ánimos de polemizar. Los comienzos son banales. En ellos solo hallamos el despliegue de la lucha y el rejuego de las más diversas fuerzas intentando establecerse. Sentipensar la genealogía, o bien, historia de las fuentes del personaje Pedro Navaja me parece mucho más interesante, añadió. Soy todo oídos, le dije, y así lo invité a continuar.

El personaje recreado en Pedro Navaja es mucho más viejo de lo que se piensa, comenzó con cierto aire de misterio. Sus “raíces” se encuentran en la Inglaterra de comienzos del siglo XVIII, poco antes de que se creara el Reino Unido de Gran Bretaña. Si bien no me equivoco, lo interrumpí, surgió tras el acuerdo político entre el Reino de Gales y el de Escocia, consolidado en el Acta de Unión, creo que de 1706 o tal vez 1707. Sí, exacto, unos años antes del comienzo de la Revolución Industrial, a mediados de siglo, si bien impulsada por la aparición de la máquina de vapor ya en 1705, añadió mi interlocutor.

Bueno, pues el referente de la canción nació el 4 de marzo de 1702 en Londres, bajo el nombre Jack Sheppard, irónicamente llamado ‘Honest’ Jack.19 Pero, le pregunté, ¿qué diantres tiene que ver Pedro Navaja con Jack Sheppard? Te cuento, ya lo verás, me dijo con la misma serenidad que caracterizó su estado de ánimo durante toda la velada. Continuó; este individuo fue uno de los criminales más famosos de su tiempo. A pesar de haber tenido una breve carrera de solo dos años, le atribuyeron asaltos, robos y otras fechorías. No obstante, se hizo famoso por sus habilidades como escapista. Cada vez que caía preso lograba fugarse.20 Aparentemente un fuerte motivo que anima la imaginación popular, le dije y añadí, la rebelión triunfante frente al poder dominador, es decir, el transgresor que desafía las autoridades y logra vencerlos, aunque sea por un tiempo limitado.

Me acuerdo de un caso en Puerto Rico, el de Antonio García López, alias Toño Bicicleta.21 Un sátiro y asesino que, luego de matar a su mujer a machetazos, en 1968, fue arrestado y condenado a prisión. Poco después logró escaparse. Tras haber secuestrado y violado a otras mujeres, fue nuevamente arrestado y acusado, por lo que volvió a ser encarcelado. Pasado un tiempo se escapó por segunda vez de la prisión, lo arrestaron de nuevo, pero logró otra vez fugarse. Total, resulta que el campesino, proveniente de familia pobre, vivió 14 años como prófugo de la justicia, escondido en las montañas del centro de la isla. Durante un tiempo se le atribuyó haber violado simultáneamente mujeres en los más diversos y distantes pueblos del país. Finalmente fue rastreado por un contingente de unos 300 policías y abaleado en sus genitales. Se cuenta que poco antes había hecho público que quería entregarse y hacer declaraciones contra agentes corruptos de la policía. A su entierro fueron unxs tres mil ciudadanxs. Algunxs de ellxs lo celebraron como a un héroe nacional.22

Durante su tiempo como prófugo, la prensa amarilla del país contribuyó a elaborar todo un mito, a crear una percepción muy particular en torno a su persona. Y tan temprano como en 1978 el escritor francés Georges Londeix escribió una novela en francés, basada en su biografía, que tituló Tonio Bicicléta.23 En la misma lo estiliza y presenta como una especie de Don Quijote de la modernidad. En las décadas siguientes le sucedieron otras reapariciones en diversas canciones de grupos conocidos. Y el cineasta Vicente Castro escribió y dirigió La noche en que se apareció Toño Bicicleta, anunciada como la película que rompió todos los récords de audiencia en Puerto Rico.24

Los medios informativos de masas y —yo añadiría— las nuevas formas de conectarse en redes, actualmente en desarrollo —que probablemente en el futuro sustituirán los medios tradicionales—, sirven de herramienta idónea para moldear formas de percibir.

Interesante, comentó Eduardo de forma sobria mi anécdota, realmente existen similitudes entre tu personaje y el inglés, añadió. En ambos casos su heroización estuvo decisivamente influenciada por su insistente e ininterrumpida aparición en la prensa local. Como bien dices, los medios informativos de masas y —yo añadiría— las nuevas formas de conectarse en redes, actualmente en desarrollo —que probablemente en el futuro sustituirán los medios tradicionales—, sirven de herramienta idónea para moldear formas de percibir, y así, sentipensar fenómenos, me dijo de forma cuasi profética, casi una década antes de que surgieran las plataformas sociales con su enorme poder influenciador, o bien creador de opinión pública.

Y continuó: muy probablemente el origen humilde de tu personaje también jugó un papel importante en su aceptación y veneración por los grupos que mencionaste. Sí, respondí, en efecto también son conocidos el caso de Robin Hood25 o la romantización de las sangrientas vidas de piratas y otros aventureros presentadas como sagas, es decir, leyendas ejemplares de prácticas supuestamente antiautoritarias, cuasi democráticas; supuestos héroes que desposeían a lxs ricxs y poderosxs para repartir igualitariamente sus bienes entre lxs pobres. Sin duda, la percepción sensorial de imágenes y símbolos cotidianos asume una función mucho más importante en nuestros procesos cognitivos, en la articulación de nuestras conductas y, sobre todo, en el desarrollo afectivo emocional constituyente de nuestras identidades, que el papel meramente secundario que le atribuyen muchxs defensorxs de una supuesta razón pura, incorporal, agregó.

Como se infiere de lo que mencionaste anteriormente, cuando dijiste que el tumbao afecta tu cuerpo y despierta sentimientos positivos en tu espíritu, efectivamente se trata de dos dimensiones diferenciables, pero íntimamente vinculadas entre sí, me dijo. Pues, para decirte la verdad, no lo veía así, le respondí. ¿Están íntimamente vinculadas o no serán, más bien, lo mismo?, le pregunté y añadí ¿no significa más o menos lo mismo decir “me siento muy alegre” que “me da mucha alegría”? Si bien a veces se usan indistintamente, por ser enunciados similares, seguramente no expresan lo mismo, aclaró. Lo primero expresa una emoción, mientras que lo segundo, un afecto. Al decir “me da mucha alegría” en realidad estamos designando el afecto recibido que notamos por la emoción particular que nos causa.

Y continuó: esta distinción es muy importante, pues con ella se hace claro el carácter individual, interno de las emociones que informan sobre el bienestar o malestar situativo-existencial de cada unx, en contraste con la cualidad de interacción social —no limitada a seres humanos— inherente a los procesos afectivos. Pues el afecto es un fluir-entre: se da y se recibe. Proporcionarlo requiere esfuerzo e intención, y es esencial para lograr la “convivencialidad” que caracteriza el buen vivir, concluyó. ¡Sin el impulso propiciado por los afectos no se da la empatía, la capacidad de identificarnos con alguien y compartir sus sentimientos!, recalcó. A lo que añadí: tienes razón, cuidar, ayudar, comprender a otra persona no puede realizarse sin esfuerzo e intencionalidad; aunque no lo notemos. Por ejemplo, al comenzar una nueva relación, la ceguera inicial no nos deja ver el esfuerzo que realizamos y las intenciones que nos mueven para agradar a la otra o al otro y para proporcionarle bienestar, haciendo que se sienta bien.

Bueno, retomó su relato, pues Sheppard nació en una familia pobre y a temprana edad perdió a su padre. Inició una formación como carpintero, siguiendo la tradición familiar. Pero dicen que se enamoró de una prostituta, con la que compartió el resto de su no muy larga vida. Casi a un año de terminar su formación, supuestamente influenciado por su “mala” compañía, la interrumpió y se dedicó a robar en casas de gente pudiente. Apenas a los 22 años lo capturaron por quinta vez y, desesperados, o bien desmoralizados por todas las veces que se había fugado, decidieron ponerle un fin al teatro llevándolo a la horca. No pudieron sospechar que Jack trascendería su muerte, convertido en inmortal por la memoria de la gente que tanto lo admiraba; incluso, algunxs lo idolatraban.26

Pues según la leyenda, el mismo día de su ejecución salió a la venta su autobiografía, en la que contaba con lujo de detalles su vida criminal y sus famosas fugas de la cárcel. Este libro inspiró varias obras de teatro que lograron ser muy populares en su tiempo, impactando el mundo emocional y afectivo de generaciones. Su éxito fue tan rotundo que las autoridades, temiendo sus repercusiones y una posible imitación por otrxs, prohibieron por 40 años que cualquier obra incluyera el nombre Jack o el apellido Sheppard.27

Bueno, me parece claro lo que cuentas. Se trata de otro ejemplo de lo que comentábamos, de la romantización de personajes provenientes de las capas inferiores y su heroización, gracias al impacto, más bien afectivo emocional que intelectual, de las narrativas que surgieron en su entorno, insistí. Y pregunté, pero, ¿qué tiene que ver Jack Sheppard con Pedro Navaja? Me consta que en el fondo recrea el mismo personaje, me dijo, algo incrédulo ante mi exhibida ingenuidad. Eso me lo tienes que aclarar, le increpé, insistente.

Pues mira, cuatro años después de Sheppard haber sido ejecutado, el escritor John Gay lo hizo reencarnar en The Beggars Opera o La ópera del pedigüeño.28 En esa obra se transformó un poco, convirtiéndose en un asaltante de caminos. Creyendo haberlo pillado contradiciéndose le pregunté, ¿no habías dicho que habían prohibido mencionar su nombre? Sí, me contestó sin ruborizarse, el tipo fue muy listo. Para evitarse problemas con la ley, sencillamente le cambió el nombre. Lo llamó Capitán Mackheath. Mackheath continuó siendo un criminal, volvió a gozar del afecto de una prostituta y también lo metieron preso. Y, claro, se escapó. Creo que te sigo, le dije, tomando un sorbo de la copa de vino tinto que había pedido.

Unos años más tarde, continuó el relato, el espíritu de Sheppard reapareció; esta vez bajo la piel de un pirata en el libro Polly, del mismo autor.29 Allí permaneció encerrado por unos doscientos años. En 1928 logró escaparse, cruzó el océano y reapareció en Alemania, en la Ópera de los tres centavos escrita por Bertolt Brecht (1898-1956), vecino de esta ciudad, con música de Kurt Weill.30 Ya libre de prohibiciones, esta vez surgió mucho más cruel y siniestro, bajo el nombre de Von Mackie Messer, o sea, en inglés Mack The Knife y en español Mack El Navaja, volviendo a impactar el pluriverso afectivo de millones de personas. Es el personaje central de esa ópera que se convirtió en la más exitosa en Alemania hasta la llegada de los nazis al poder en 1933. Hasta entonces había sido traducida a 18 idiomas y presentada en más de 10.000 ocasiones en los teatros de Europa.31 Y fíjate que la obra empieza y termina mostrando una imagen poderosa y desconcertante que apela directamente a los sentidos: un músico callejero cantando, describiendo a Mackie como un tiburón de dientes muy afilados y con un cuchillo en la mano que nadie puede ver. ¡Coño —exclamé—, los paralelos con la canción de Blades son claros!

El espectro literario de Jack Sheppard se mantuvo deambulando por mundos inefables hasta que, tres siglos más tarde, nos sorprende y reaparece “con zapatillas y sombrero de ala ancha de medio lao”.

Eso no es todo, espera que te cuente el resto y verás, me dijo entusiasmado. En 1956 la versión en inglés de la canción, cantada por Louis Armstrong, se convirtió en un hit en Gringolandia. Y es justo a través de su re-creación que el genial Rubén Blades, incluso usando los mismos acordes, logró que Jack Sheppard, alias Capitán Mackheath, alias Mackie Messer o Mack The Knife volviera a reencarnar; esta vez en un barrio latino en Nueva York, bajo el pseudónimo de Pedro Navaja. Es así como el espectro literario de Jack Sheppard se mantuvo deambulando por mundos inefables hasta que, tres siglos más tarde, nos sorprende y reaparece “con zapatillas y sombrero de ala ancha de medio lao”, como ícono musical afrocaribeño, gracias al talento poético del cantautor panameño.32

Quedé fascinado por el relato que acababa de escuchar. No obstante, lo que me contaría a continuación creo que cambió mi vida. Pues, aunque de alguna manera solo confirmó ciertas co-razonadas que desde hacía tiempo movilizaban mi pensar, intuiciones que me perseguían, relacionadas con una historia crítica e intercultural de la filosofía occidental que planeaba escribir; lo que entonces escuché esa noche me inspiró a caminar hacia nuevos horizontes, me llevó a investigar con profundidad formas otras de pensamiento, ignoradas por el canon de la filosofía institucional académica.

El estudio de las prácticas sentipensantes ejercidas por los pueblos originarios de Abya Yala, defensores del buen vivir —sumak kawasy, en quechua, o suma kamaña, en aymara— o de la forma en que el pensamiento abstracto y el imaginativo son entrelazados en los textos borgeanos, así como el análisis de las “ficciones filosóficas” practicadas por Nietzsche en Zaratustra o su lenguaje aforístico también desplegado en otros textos, al igual que el pensamiento meditativo esbozado por María Zambrano en su obra, por medio de lo que certeramente llamó razón poética; el influjo de todo esto provocó una transformación radical en mi forma de percibir el acto, práctica o ejercicio del sentipensar. Y lo que escuché aquella noche sirvió de detonante inicial.

Convencido de que quien no busca muere sin encontrar, me lancé a caminar, a buscar, para escudriñar aquello que se hallaba tras los confines que demarcaban lo hasta entonces conocido. Y mi memoria se desadormeció. Y —por medio de ella— así habló el hombre-hicotea:

Caminar
hacia un horizonte,
utópico o no,
¿para qué?
Si con cada paso
de tu búsqueda,
él dará uno hacia atrás
y así volverá a alejarse.
¡Pues para eso;
para andar, para moverse
hacia adelante!33

Juan José Vélez Peña
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Notas

  1. Galeano, Eduardo, 1990, p. 24.
  2. Nos referimos a la trilogía compuesta por los siguientes libros: Galeano, Eduardo, Memorias del fuego, tomo I: Los nacimientos, 1982, tomo II: Las caras y las máscaras, 1984, tomo III: El siglo del viento, 1986, Biblioteca Eduardo Galeano, Siglo XXI Editores, Madrid.
  3. Galeano, Eduardo [1971] 2010.
  4. Cf. Bakker, Lothar, 1998.
  5. Ibid. p. 45.
  6. Cf. Schumacher, Hermann, 1889.
  7. Ibid.
  8. Cf. Walter, 1985.
  9. Ibid.
  10. Ibid.
  11. Schumacher, Hermann, 1889, op. cit.
  12. Cf. Jansen, Max, 2013.
  13. Ibid.
  14. Ibid.
  15. Ibid.
  16. Ibid.
  17. Palmieri, Eddie, 1973.
  18. Cf. EFE, 2014.
  19. Cf. Defoe, Daniel [1724] 2004.
  20. Ibid.
  21. Cf. Méndez-Méndez, Serafín y Fernández, Ronald, 2015, p. 183.
  22. Criollo, Agustín, 2011.
  23. Londeix, Georges, [1978], 2017.
  24. Castro, Vicente, 1997.
  25. Baldwin, David, 2010.
  26. Cf. Defoe, Daniel [1724] 2004, op. cit.
  27. Cf. Moore, Lucy, 1997, p. 229.
  28. Gay, John, 1728.
  29. Gay, John, 1729. Debido a la censura, la ópera no fue presentada durante la vida del autor. Recién en 1777 fue estrenada en el Haymarket Theatre, en Londres.
  30. Cf. Hielscher, Hans, 2020.
  31. Ibid.
  32. Cf. Blades, Rubén, 1984.
  33. Reformulación nuestra de la siguiente cita de Eduardo Galeano: “Ella (la utopía) está en el horizonte, dice Fernando Birri. Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos, y el horizonte se desplaza diez pasos más allá. A pesar de que camine, no la alcanzaré nunca. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para esto: para caminar”. Palabras expresadas en una entrevista concedida a la revista italiana Una Città. Aparecen en: Galeano, Eduardo, [1993] 2001, p. 230. Por medio del siguiente enlace puede verse un video en donde Galeano repite la cita: https://www.youtube.com/watch?v=GaRpIBj5xho&t=70s [Consulta: 25 de marzo de 2023].
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