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El deber de asesinar: interpretación estoica del crimen de lord Arthur Savile

martes 26 de agosto de 2025
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Oscar Wilde
Para sentenciar, Oscar Wilde se posiciona del lado determinista, como si creer y aceptar el destino fuera lo correcto. 📷 Napoleon Sarony (1882)

El crimen de lord Arthur Savile, de Oscar Wilde, es un relato mundialmente conocido y, además, elogiado por críticos debido a su tono satírico y burlesco hacia la superstición y creencias aristócratas. Ha sido habitualmente interpretado como una denuncia de la necedad de los creyentes en el destino y la credulidad imperante en las altas esferas victorianas.

El dilema se presenta a través de un quiromante que confiesa un destino perturbador para lord Arthur: realizar un crimen. Tras esto el protagonista, si bien al principio se muestra aversivo al asesinato, finalmente se aferra al deber como escudo para realizar tal acto perverso. Tras dos intentos fallidos de asesinato desiste de acelerar su destino, hasta que por una forzada casualidad se encuentra con su víctima: el quiromante, en el lugar y circunstancias idóneas para perpetrar el homicidio.

Por ende, ¿nos hallamos delante de un escritor mediocre que necesita una forzada conveniencia o de un ferviente creyente de que al abrazar el destino éste nos lo devolverá con las más tiernas caricias?

En primera instancia, el protagonista no parece más que un aristócrata influenciado de tal manera por las supersticiones que llega a perder hasta el control de su vida. Sin embargo, su comportamiento nos muestra que es plausible hallarnos ante un sujeto que es más que un acérrimo lector del estoicismo, nos encontramos ante un estoico victoriano.

La clave de la historia se encuentra en el hecho de que todas las predicciones dichas por el quiromante hacia lord Arthur son ciertas. En primer lugar menciona que se irá de viaje, tal y como descubrimos después cuando se va a Venecia. También afirma que perderá un pariente lejano y en el capítulo tres se presenta a lady Clementina Beauchamp, prima segunda por parte de madre, que fallece por causas naturales. Y, por último, se produce el crimen ya augurado. Por tanto, es verosímil estar ante un relato regido por la existencia de un destino ya preestablecido.

Lord Arthur se muestra sereno cuando asume que su deber es matar, es decir, que su destino es ser un homicida. Inevitablemente esa aceptación fatalista recuerda al estoicismo; Epicteto decía: “No pretendas que las cosas sucedan como tú quieres. Desea, más bien, que sucedan como suceden, y todo irá bien”. Y no hay mejor resumen del relato que estas palabras. En el momento en el cual el protagonista desiste de acelerar su destino y asume su aceptación, consigue su anhelo de casarse y, años más tarde, formar una familia feliz.

Oscar Wilde escribió: “Pero lord Arthur era demasiado concienzudo para poner el placer sobre los principios”; una renuncia emocional estoica, no cabe duda. El propio protagonista, en palabras del narrador, se sorprendió de haber estado tan estúpido para vociferar y delirar sobre lo que era inevitable, una forma wildiana de decir que el destino hay que aceptarlo tal y como es.

Para sentenciar, Oscar Wilde se posiciona del lado determinista, como si creer y aceptar el destino fuera lo correcto, ya que al final del relato se muestra la vida feliz de lord Arthur Savile, creyente en el destino, contra la infelicidad de lady Windermere, que catalogó al quiromante como terrible impostor.

¿Y si Wilde, dejando de lado su tono satírico, nos proporciona una historia nietzscheana del ideal amor fati? El protagonista, más que un lunático supersticioso, es una figura estoica que muestra la serenidad como respuesta al inexorable destino.

Wilde nos regala una historia basada en un estoicismo idealista, en cómo es menester aceptar el destino de una manera serena y con templanza para alcanzar la felicidad. De ese modo, sugiero una lectura e interpretación no convencional de El crimen de lord Arthur Savile, dejando de lado las características propias del autor para saborear el estoicismo victoriano como justificación extrema de la corriente moral. ¿Se debe asesinar si así lo dicta el destino?, para los estoicos y para lord Arthur no hay dudas. Y, quizá, para Oscar Wilde tampoco...

Andrei Lucian Vaida
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