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Lucio Urtubia, el falsario genial

martes 17 de marzo de 2026
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Lucio Urtubia
Lucio Urtubia fue un anarquista español a quien siempre le persiguió una imagen de Robin Hood novelesco y mediático.

En los años 2000 solía vérsele con su inconfundible boina negra y su bastón en los estrenos de películas españolas en París. Nada en su aspecto de anciano encantador que saludaba a todo el mundo permitía adivinar que en realidad Lucio Urtubia Jiménez, anarquista, había sido uno de los mejores falsificadores del siglo XX. Nacido en 1921 en Cascante (Navarra), trabajó a partir de los once años y su infancia estuvo marcada por la pobreza y la enfermedad de su padre, que murió cuando él tenía diecinueve años.

Con veintidós años, en 1954, llegó a Francia como refugiado tras desertar el ejército franquista, en el que había hecho su servicio militar durante quince meses y en el que, junto con cómplices, robaba y contrabandeaba botas, relojes militares, camisas...

Al desertar, cruzó la frontera francesa y pronto encontró empleo como albañil. Coincidió en su trabajo con un grupo de anarquistas españoles que lo formaron en un anarquismo que reivindica buscar el dinero allí donde está: en los bancos.

En 1957, un grupo de camaradas le pide que albergue en su casa a uno de ellos que no tenía papeles: Quico Sabaté, máxima figura de la guerrilla urbana antifranquista en Cataluña, especialista de “las expropiaciones”, es decir los atracos, y buscado por las policías francesa y española. Lucio quedó fascinado con él, y, noche tras noche, Quico le cuenta sus aventuras y cómo invierte casi todo lo que obtiene de sus robos en defender la causa.

Con él Lucio atracó cinco bancos, aunque nunca le gustó hacerlo. Mientras, continúa trabajando como obrero de la construcción. Enfermo, Quico vuelve a España, donde es abatido a cien kilómetros de Barcelona.

A partir de entonces, Lucio abandona los atracos. Conoce a un imprentero que, a cambio de trabajos de albañilería y limpieza en su local, le facilita documentos españoles falsos y le enseña las técnicas offset para imprimir folletos y propaganda anarquista.

 

El rechazo del Che

Pronto formó una banda y empezó a falsificar documentación y billetes, aunque lo que de verdad les interesaba era el dólar... Pretendían imprimir millones de dólares falsos para desestabilizar y “arruinar” a Estados Unidos. En 1962 le mostró los primeros dólares falsos a la embajadora de Cuba en Francia, que, entusiasmada, le consiguió una cita con el Che Guevara para exponerle su plan de inundar el mundo de dólares falsificados. Pero al jefe guerrillero, a la sazón ministro de Industria de Cuba, no le interesó. O no se animó, comentó Lucio alguna vez.

Son los años sesenta, el turismo inunda España. Urtubia conoce a Anne Garnier, con quien se casa en 1969 y tienen una hija, Juliette. En 1974, ambos son detenidos tras secuestrar a un banquero español. Encarcelado durante cuatro meses, Lucio fue absuelto en el juicio y liberado.

Pese a la facilidad de falsificar dólares (“el dólar es la moneda más fácil de falsificar del mundo”, solía decir), si los descubrían corrían el riesgo de ser condenados a veinte años de prisión, por lo que pronto decidieron falsificar cheques de viaje (cinco años de condena en caso de ser descubiertos). Hicieron pruebas con los de varios bancos, hasta que eligieron su blanco definitivo: el First National City Bank (hoy Citibank), primer banco del mundo en esa época.

Tras hacer ensayos durante un año, consiguieron cheques casi perfectos.

Un grupo de revolucionarios empieza a canjearlos en diferentes ciudades por billetes verdaderos y en pocos meses el Citibank pierde así veinte millones de dólares. Mientras, Lucio sigue escrupulosamente con su trabajo de albañil de día, pese a las crecientes sospechas de la policía, los jueces y el Citibank. Le tienden una trampa y le descubren con una maleta de falsos cheques: de nuevo es detenido y encarcelado. Lucio se niega a reconocer su culpabilidad y, al mismo tiempo, tiene escondidos miles de cheques falsos que sus cómplices continúan utilizando. Es liberado por un error procesal y vuelto a detener poco después. En otoño de 1982 Lucio acepta reunirse con el director de seguridad del Citibank. Éste le ofrece abandonar todos los cargos a cambio de que entregue las placas de impresión, los cheques falsos y todo el material necesario para fabricarlos. Con la promesa de abandonar para siempre sus actividades de falsificador, Lucio pide y obtiene a cambio una importante suma de dinero, cuya cuantía exacta nunca reveló.

 

Cambiar el mundo

Temperamental, aventurero, Urtubia mantuvo a lo largo de toda su vida una suerte de rectitud ética y trató de participar en la construcción de un mundo mejor, a menudo, eso sí, por medios ilegales. Inculcó a su hija la idea de la igualdad entre los hombres, de que “somos nosotros, los pobres, quienes tenemos que cambiar el mundo”.

En 2008 publicó La revolución por el tejado, su autobiografía. En sus últimos años, sin desmentir nunca la imagen de Robin Hood novelesco y mediático que circulaba sobre él, Lucio daba charlas a estudiantes sobre la necesidad de ser anarquista y fundó en su casa del popular distrito XX de París el espacio cultural Louise Michel, cuyas puertas estaban abiertas a exposiciones, debates, conciertos y otros eventos de izquierda.

“Hay que plantear las cosas imposibles si queremos progresar”, dijo una vez. Con 89 años, Urtubia falleció en París en 2020, tras una vida de película. Además de un par de documentales, su vida ha sido objeto recientemente de un largometraje ficcionado que, con el título de Un hombre de acción, puede verse en Netflix. También, en vida de él, se publicó un cómic, El tesoro de Lucio, que cuenta sus aventuras.

Lucio nunca mostró arrepentimiento ni remordimiento alguno por sus acciones, al contrario: “Yo expropiaba bancos, no robaba. Robar es robar a un pobre. El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón. Es un honor robar a un banco”. Genio y figura.

(Incluido en el libro Masculino singular, de Lucía Iglesias Kuntz y Luisa Futoransky, de próxima aparición).

Lucía Iglesias Kuntz
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