|
14
Mi madre
Con su corazón de joyel musical antiguo
Con su pensamiento de ala tibia y palomar solitario
Con su regazo de nido desolado
De reloj detenido.
Mi madre como la llegada del invierno
toda cántaros de transparencia
Mi madre con su soledad a cuestas como una cruz
Con los sueños destrenzados de un viejo canasto
Mi madre con su boca de pequeño palomar abandonado
Con su cara de espejo desvaído y su aliento
de rosa mustia
y desencanto
Y la voz de mi madre es hebra de campana
De campanilla de liturgia.
Mi madre de carácter de cáñamo
Y de caléndula junto a la casimba
Ahora con las manos de hoces amelladas
Colgadas de los amaneceres
Y las sienes de mi madre
De cabello de mazorcas tiernas y sardinas húmedas
Cuando fueron de flecha de trigo y caída fluvial
sobre arenas doradas
Y sus ojos de miel con abejas y cáscara de avellana
Y sus ojos de trago de agua en una excursión
Ahora son como de vidrio
Y mariposas clavadas aleteando.
Y el cuerpo de mi madre
Que era de guitarra con abolengo y túrgidos capachos
Está colgado ahora de un clavo en el tiempo
Y sus palabras: tijeras que buscaban el aire
y a veces piedras
Sus palabras de azogue volcado y amoníaco
Son ahora canarios atrapados y muérdago de fieltro
Todo en ella está de paseo
Por la tranquila casa de su cuerpo.
Mi madre
Como dibujada por un niño de tres años
Aparece en la puerta del invierno
—Una sombra lenta
callada y amarilla—
Mi madre con sus muñecas de trapo
Y su amor de yedra en un balcón deshabitado
Con su cabeza de porcelana en gris
en una calle de saltarines
Mi madre de manifestaciones elementales
como el ámbar
Tórnanse sus labios
luz de amatistas irisadas
Cuando los morados racimos del rezo
la sustentan.
Mi madre en la concha vacía de un molusco
todavía sacudida por la fe.
Mi madre de ciruela y pomalaca
—Rosa fúlgido en fondo nacarado—
Se oculta entre los pálidos jazmines
De su propia quietud como un remanso.
|