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Cagua
Y otros nombres que eran de la madera
de tus bosques
De la argamasa de tus tapias
Y de las recolectas de tus plantíos:
José Helímenas Barrios
—Brevísimo celaje de véspero muy brumoso
sobre el camino rural de la poesía—
Para su huella una musa funeraria
Representando la armonía de las esferas.
Alcibíades Matute Sojo:
Ramaje en dulce ofrenda de poemas
cual frutos amatorios
magullados en el cesto de lo convencional.
Para su cuerpo de Eros
un pie alado.
José Ángel Sequera que pintaba
La acequia con su lumbre vespertina
El malojo tendido en la carreta
Y la fatiga a cuestas y el silencio
Que parecía tristeza en el labriego.
Sótero Arteaga Miguelena:
Con un faro en la boca
sustentaba
Regurgitando luminosa entrega
—Como la luz mantiene a los rosales
Y el viento sostiene a las palomas—
Muerto el jardín de sus pinceles
pudo
Cultivar aulas como girasoles.
Y otros nombres levantados de la herrumbre
—De los baúles—
—De los planos rotos—
—De las violetas secas—
—De la lluvia encerrada en una caja—
Son como remolinos amarillos
De hoja en el viento
Y cuarzo en la corriente de las aguas
—Que pasaron y pasan sin volver,
Sin padecer las ansias del retorno.
La tierra decidió sobre sus suertes
Ella una ola amarga
O un boleto de ida para siempre.
No es por menoscabarles si no nombro
A alguien de ilustre claridad
U oscura fama:
Es muy pequeño el cielo de este canto
E ínfimos los mares de esta tinta.
Las horas son caballos desbocados
y el reloj es un frío vigilante
Pero en el huerto de mi corazón
Váis todos como pétalos y espinas.
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