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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

El vuelo de los pájaros azules: introducción

• Lunes 5 de noviembre de 2018

“El vuelo de los pájaros azules”, de Winston Morales Chavarro

Nota del editor

El presente texto es la introducción que la investigadora polaca Barbara Curzytek escribió para El vuelo de los pájaros azules, un volumen que reúne la poesía del escritor colombiano Winston Morales Chavarro en las últimas dos décadas.

La presente antología se publica en el vigésimo aniversario de la actividad literaria del poeta huilense Winston Morales Chavarro; de ahí que constituya un recorrido por la totalidad de su obra poética. A partir del año 1998, en el que debutó como poeta con el libro La dulce Aniquirona, además de numerosas antologías y textos de varios otros géneros, ha publicado ocho libros de poesía. Entre ellos cuenta la más reciente, Lámpara cifrada, publicada en junio de 2018 en versión bilingüe español-rumana.

Tras adentrarnos en la vastísima obra de Winston Morales podemos decir que es un poeta universal en dos sentidos. En primer lugar, por el tema central que envuelve la totalidad de su creación poética: la eterna constante filosófica y esotérica de indagar por la naturaleza de las cosas, de la realidad, del mundo o de diversos mundos y sus posibles dimensiones; por la persistencia en la búsqueda de una sabiduría impalpable, de aquello que se escapa a la realidad material o es imposible de captar sin trascenderla. Como afirma el propio poeta en su ensayo Poéticas del ocultismo, del año 2008:

La poesía nace como una forma de explicar el mundo, como una manera de interpelar al otro, así este otro sea invisible o divino —la poética significaba una comunión con fuerzas extraterrenales y extracorporales—, un apelar a la escritura para narrar no sólo las cosas de la lógica humana, sino aquellas que se escapaban a toda explicación racional o simbólica.

Así, el autor huilense le devuelve a la poesía el papel que ésta posiblemente haya perdido parcialmente en un mundo tecnificado: el de explicar el mundo. En el año 1922 el investigador de literatura anglosajona Frederick Clarke Prescott observó en su libro Poetry and Myth una fuerte relación entre la poesía y el mito:

El mito antiguo, se ha dicho, constituye la “masa” de donde ha ido emergiendo poco a poco la poesía moderna mediante el proceso que los evolucionistas denominan diferenciación y especialización. La mente mitopoyética es el prototipo; y la mente del poeta… sigue siendo esencialmente mitopoyética.

“Mitopoyética” significa “creadora de mitos”. Y como señaló el filósofo alemán Ernst Cassirer, el mito es una de las posibles formas de explicar el mundo; de ahí que también lo sea la poesía. La poesía de Winston Morales, con su fuerte interés por la espiritualidad, constituye una contrapropuesta frente a la manera científica o racional de explicar el mundo. Se trata de una búsqueda que diversas culturas, incluyendo las europeas en los orígenes de su existencia, han realizado desde la visión global, totalizadora, no carente del raciocinio, sino marcada por un grado más alto de emocionalidad y sentimiento, en las palabras de Cassirer. De este modo se nos devela el segundo sentido en el que la poesía de Winston Morales es universal: el poeta explora conscientemente las mitologías de diversas culturas, reelaborando sus personajes y motivos. Partiendo de las mitologías cristiana y griega hasta la mitología maya y la tradición del Cábala, inspirado, según lo que ha afirmado múltiples veces, en sus visiones oníricas, elabora poemas llenos de musicalidad y sensualidad de los que algunos llegan a ser trances proféticos.

La dulce Aniquirona es un libro marcado por un erotismo que puede relacionarse con la tradición mística cristiana.

Entre los versos de Winston Morales aletean constantemente los pájaros azules, mensajeros simbólicos entre la tierra y el aire, habitantes de ambas dimensiones o elementos a la vez, recordando el lazo entre la dimensión cercana, conocida, y la más lejana, acaso el más allá. Aletean como las tijeretas en el antiguo mito del pueblo indígena U’wa, cuyo eco parece resonar subconscientemente en Schuaima, la dimensión soñada por el poeta, habitada por los seres oníricos: Aniquirona, “mujer de reinos luminosos” (La dulce Aniquirona, poema XVI) y Yhoma, un mago y chamán que aparece en el segundo libro del poeta, De regreso a Schuaima. Schuaima se construye de una manera similar a la que se describen las regiones en el mito de los U’wa El vuelo de las tijeretas, en el que cada nombre propio no sólo designa una parte del territorio, sino que también se relaciona con una divinidad que lo habita. “Schuaima es la nación / Donde todos los que se fueron han llegado” (La dulce Aniquirona, poema XXII). Winston Morales soñó con Schuaima y Aniquirona sin conocer el mito en mención; tal vez sea un eco subconsciente de algún lejano pasado chamánico o tal vez simplemente demuestre la universalidad del mito y de la mente poética.

Aniquirona, Schuaima y su río Rogitama, que es al mismo tiempo el río de conocimiento, como el árbol paradisíaco, y el río del olvido, acaso el Estigia (puesto que Camino a Rogitama es el título del libro que reinterpreta los personajes de la mitología griega), reaparecen constantemente en la obra de Winston Morales. Así, el río simboliza olvidarse (por un tiempo breve) de la dimensión conocida para adquirir en cambio una conciencia acerca de lo otro; la muerte metafórica en una vida para renacer en la otra. Aniquirona se muestra como una guía espiritual; la fuente del lenguaje, de la palabra poética, del entero acto de creación y así también de la comprensión de la sabiduría impalpable.

En el primer libro del huilense, aparte del mito indígena, resuenan los ecos del bíblico Cantar de los cantares. Aniquirona aparece y se va para volver a dejarse vislumbrar desde lejos, huye y rehuye, parece incaptable; tan sólo señala una sabiduría fragmentaria, destellos de luz, demostrando quizás las limitaciones de la racional mente humana. La dulce Aniquirona es un libro marcado por un erotismo que puede relacionarse con la tradición mística cristiana, pues no se trata de más que de la búsqueda de la luz (en este caso la luz de sabiduría acerca de otras dimensiones), a la que no se puede llegar de forma plena, total y satisfactoria, puesto que eso significaría la muerte (“La muerte […] no es otra cosa / Que exceso de luz”, afirma el sujeto lírico del poema XVIII de De regreso a Schuaima).

En las descripciones muy plásticas del paisaje tanto en La dulce Aniquirona como en De regreso a Schuaima predomina la sensualidad. De regreso a Schuaima es otro recorrido por la región soñada y continúa en él la exploración de la realidad mediante los cinco sentidos para indagar por la verdadera naturaleza de las cosas, “retornar al principio de las cosas” (poema XVI) lo cual inmediatamente nos remite a los intentos de dar vuelta hacia la luz en la cueva de Platón, aunque eso sólo será plenamente posible tras cruzar el Rogitama.

El tercer libro de Winston Morales, Memorias de Alexander de Brucco, tiene un carácter muy diferente a los anteriores, puesto que parte conscientemente de la mitología cristiana y reelabora los personajes bíblicos, que en la mayoría de los poemas se convierten en sujetos líricos. Se cuestionan aquí las interpretaciones y asociaciones acerca de los personajes considerados por la conciencia colectiva como negativos. Por ejemplo, el poeta reintepreta el mito de Caín y Abel no sólo para convertirlo en una metáfora de sus búsquedas, sino también, o quizás sobre todo, para revelar una de las leyes universales. Caín se presenta como un poeta que gracias a la expulsión del paraíso, es decir de la inconsciencia, hacia la dimensión en la que se vuelve mortal ha podido conocer otros caminos y así adquirir la sabiduría para crear. Al mismo tiempo, Abel le agradece a su hermano haberlo matado, puesto que gracias a él pudo conocer la dimensión contraria (“Amado Caín / Por tu golpe y tu palabra / He conocido el paraíso”, afirma Abel como sujeto en la conclusión del poema IV). Caín, al igual que Judás, se presentan como los únicos personajes que han comprendido verdaderamente que su acto del mal ha sido necesario para que se realizara y se siga realizando la gran regla del universo, que no es nada más que el hecho de que sin el mal no es posible la conciencia del bien. Tal vez la muerte, ya sea la física, ya sea la metafórica, sea para el poeta el mal necesario para adquirir la conciencia otra; y por lo tanto no la trata como algo hostil, sino como un tránsito natural hacia otro estado de conciencia.

El poeta predica la aparición de una verdadera Luz que permitirá a la humanidad adquirir la conciencia acerca de la existencia de otras dimensiones.

En el libro Camino a Rogitama, según ya se ha señalado, se aprovechan los motivos de la mitología griega, lo cual sirve para una reflexión en torno a otro gran tema universal: el amor. Los poemas llenos de un suave, lírico, hermoso erotismo muestran las dos caras del amor: el físico, el aquí y ahora, pero también el espiritual, trascendental y atemporal. “El amor y la muerte son como el río que no termina de fluir”, afirma el sujeto del poema XVIII. Frente a la realidad cambiante como el río de Heráclito, el amor se muestra como el único principio seguro, “la única razón suspendida en el aire de las cosas” (poema V), aunque nunca sea el mismo dos veces, pues “Nadie ama el mismo cabello; / Son otros besos, otras manos” (poema XVIII). Sin embargo, el poeta hace mucho más hincapié en el aspecto carnal del amor, lo cual, paradójicamente, sirve para desmitificar los personajes, que, al entregarse a la pasión terrenal, caminan inevitablemente hacia el Rogitama. Frente al amor carnal los dioses se mortalizan; la pasión los vuelve frágiles, dejándolos a su merced y debilitando sus poderes sobrenaturales. Sin embargo, paradójicamente, es el amor con su aspecto trascendental el que puede salvarlos de la muerte definitiva, destructora; que le da a la muerte el sentido en el que quiere entenderla el poeta: el de cambio (temporal) de conciencia.

En los siguientes dos libros de Winston Morales, La ciudad de las piedras que cantan y Temps era temps, tenemos que ver con visiones proféticas. Por los versos de ese primer libro circulan los personajes de la mitología maya, lo cual trae a la mente los trances y viajes chamánicos; visiones oscuras, misteriosas, entre las que destella la luz. El poeta predica la aparición de una verdadera Luz que permitirá a la humanidad adquirir la conciencia acerca de la existencia de otras dimensiones. Así, se devuelve la importancia a las culturas que recurren al pensamiento diferente al puramente racional, pues se muestran como las que poseen el verdadero conocimiento sobre la naturaleza de las cosas, no limitado a la dimensión material. Una vez más es preciso “Despojarse de tantas mezquitas y palacios, / De iglesias y de templos / Y dormir desnudo / Entre las piedras luminosas del orfebre” (poema XII), es decir, trascender los límites de lo conocido y acceder a Schuaima y otras realidades para adquirir un más completo estado de conciencia. Temps era temps, por su parte, recurre a la tradición del Cábala (la mayoría de los títulos de los poemas llevan nombres de las cartas del tarot) y en algunos momentos se asemeja a las visiones proféticas del gran poeta romántico polaco Adam Mickiewicz, uno de los más admirados por Winston Morales. Igual que en la poesía del poeta polaco nacional, en las profecías de Temps era temps aparecen unos números misteriosos y, al mismo tiempo, las referencias al país natal del poeta, aquejado, en el caso de la patria del poeta huilense, por años de guerra civil. Colombia se compara a la Emperatriz del tarot; se trata de una carta que se relaciona fuertemente con lo femenino en sus múltiples aspectos, de ahí que indique la madre patria herida por la violencia. “La tierra del Cóndor” (poema XI) se muestra como el lugar del duelo entre Dios y el diablo; de la lucha entre las fuerzas del bien y del mal en Apocalipsis.

El lector tiene en sus manos una antología de un poeta erudito y conocedor de diversas culturas y mitologías; un poeta universal que crea y deconstruye mitos.

¿A dónde van los días transcurridos? es el libro que más se relaciona con el plano cotidiano. Unas breves descripciones plásticas son como cuadros de las situaciones cotidianas, las observaciones de la vida diaria, acaso las reflejan como un espejo; y sirven para la reflexión en torno al paso del tiempo. Se nota una creciente preocupación existencial relacionada tal vez con la edad física del poeta. En el poema XXVII resuena el antiguo tópico exegi monumentum: el sujeto llega a la conclusión de que sólo puede salvarse del olvido mediante la poesía o de que la poesía —igual que el amor en Camino a Rogitama— es lo único seguro frente a la realidad cambiante, pues “La letra es lo único que queda / Todo lo demás es transitorio, / Irremediablemente pasajero”.

Con el libro más reciente del poeta, Lámpara cifrada, que se publica exactamente veinte años después de La dulce Aniquirona, el tiempo da la vuelta. Lámpara cifrada describe otra vez los encuentros con Aniquirona, la búsqueda incesante de la luz, que es el objetivo principal del autor huilense y ha estado presente a lo largo de toda su variada obra poética. Si bien el primer libro es más plástico y descriptivo, con la importancia del paisaje, este tiene un carácter más reflexivo. El sujeto se dirige a la mujer luminosa con mucho respeto y modestia, consciente de su imperfección ante ella, y, al mismo tiempo, con un enorme amor; tierno y tímido, pero transparente y sencillo. “La Lux tiene el rostro de una mujer”, dice el poeta en el poema III para cerrar con las mismas palabras el último poema del libro, con lo cual Aniquirona otra vez se muestra como el principio y el fin del todo, la vida y la muerte; la fuente de todo el conocimiento supraterrenal y del origen del lenguaje; de la verdadera naturaleza de las cosas. “Del territorio inefable de la muerte / Traigo este poema. / No es un sueño”, afirma el sujeto en el poema IX, rematando su certeza acerca de la existencia de otras realidades; el fruto de la búsqueda presente en toda su obra.

Así, el lector tiene en sus manos una antología de un poeta erudito y conocedor de diversas culturas y mitologías; un poeta universal que crea y deconstruye mitos; universal en sus preocupaciones existenciales y su búsqueda del conocimiento, que, como demuestra, no tiene que limitarse a lo racional, sino puede ser incluso más fructuosa tras recurrir a la palabra poética.

Barbara Curzytek

Barbara Curzytek

Investigadora polaca (Zielona Góra, 1993). Es candidata a doctora en filología española en la Universidad Adam Mickiewicz, de Poznan, Polonia. Trabaja en la traducción literaria de los idiomas español y catalán, estudios literarios hispanoamericanos, literatura, cultura y sociedad en Colombia, así como estudios de animales y derechos de los animales. Estudiosa de la obra de los colombianos Fernando Vallejo y Winston Morales Chavarro.
Barbara Curzytek

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