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Hablemos, de Octavio Santana Suarez

Pique Esperanza, de Roberto Rosario Vidal

• Miércoles 28 de noviembre de 2018

“Pique Esperanza, Volcán de fuego”, de Roberto Rosario Vidal

Pique Esperanza, Volcán de fuego
Roberto Rosario Vidal
Novela
Editorial San Marcos
Lima (Perú), 2018
ISBN: 9786123155346
253 páginas

Es larga e intensa la experiencia laboral de Roberto Rosario Vidal en la minería. Desde el año 1989 trabajó en diversas empresas extractivas del Perú, lo cual le concedió el suficiente material para —en el terreno de la creación— publicar el año 2008 la novela minera Volcán de viento.

Actualmente, sin embargo, este trabajo ha sido replanteado, ampliándose y cobrando forma de trilogía, pues Rosario ha definido mejor su visión minera con los siguientes títulos: Pique Esperanza, Volcán de fuego; Quiruvilca, Volcán de viento, y Sinaycocha, Volcán de agua. Si bien es cierto las tres novelas están concluidas, acaba de aparecer recién Pique Esperanza, Volcán de fuego (San Marcos, 2018) y esperamos la pronta publicación de las dos restantes en su versión definitiva.

Casi la totalidad de capítulos de la novela que ahora nos convoca está diseñada en clave de alternancia, es decir que la historia de los protagonistas (el minero Teodoro Camayo y el jefe de mina Juan Moreno) se cuenta de forma intercalada; técnica que armoniza bien con la extensión cronológica y espacial del relato, pues éste recorre buenos años de la historia contemporánea del Perú y toca localidades diversas como Puno, Lima, Trujillo y el pueblo de Laraos (en la sierra de Cañete), donde se ubica la mina Satanás, núcleo espacial de los hechos.

Pero esta no es la única técnica; en uno de los cursos narrativos (la historia de Camayo), Rosario se ha servido de la voz interior (en primera persona) de aquél mientras cae accidentalmente por una perforación o pique (el pique Esperanza) para hacer un recuento de su larga experiencia como minero, aproximándonos a las desventuras de la actual actividad extractiva peruana desde Satanás, la misteriosa mina donde sufre el accidente.

El otro curso narrativo, el del jefe de mina Juan Moreno, está a cargo de un narrador omnisciente y se despliega en forma lineal desde la infancia del protagonista hasta momentos cruciales en la referida mina, donde terminan conectándose ambas vidas.

Rosario se ha encargado de enganchar al lector con dos recursos sencillos pero efectivos que constituyen las tramas principales y mantienen su expectativa.

El autor es hábil en enfocar el clima y la cuota emocional que merece cada episodio: el misterio que envuelve a la mina Satanás vista desde un recién llegado Camayo, el ambiente pastoril en la natal Yunguyo (Puno) de Moreno, la rudeza en la labor de recluta de éste tras ser levado por el Ejército, la persistencia de su madre y hermana al ir en su búsqueda, el tono festivo con que se narran leyendas tejidas alrededor del muki (el duende de la mina), la tensión vivida en Satanás producto de la arisca actitud de Moreno como jefe de mina, la indignación de los pobladores y autoridades de Laraos al ver su laguna contaminada. En resumen, el cambio de tiempos narrativos y las mudas espaciales no entorpecen, sino que se corresponden con el soporte psicológico y circunstancial propuesto, ganando el relato en fluidez.

Rosario se ha encargado de enganchar al lector con dos recursos sencillos pero efectivos que constituyen las tramas principales y mantienen su expectativa: el querer saber qué ocurrirá con Camayo tras su caída y cuál será el destino final de Moreno luego del injusto secuestro (leva) que sufre por parte del ejército, anulando sus planes de juventud. Junto a esto, el diseño de los personajes complementarios y el manejo del lenguaje aportan muy bien en la verosimilitud requerida por toda estructura ficcional. Tanto en los vaivenes cotidianos de la mina (narrados por Camayo en forma de evocación, tras el descubrimiento de su caída, o los ocurridos luego del derrame de relave en la laguna) como en la vorágine de Moreno, y de su madre y hermana, entran y salen actores secundarios que refuerzan la naturalidad de la historia; son personajes bien dispuestos y necesarios (no sobran ni faltan) cuyos diálogos precisos y medidos no entorpecen la estructura.

Vale anotar, de otro lado, la alegoría del subtítulo del libro —Volcán de fuego—, directamente relacionada con las características de la mina, esta cantera que, pese a su altitud (cinco mil metros sobre el nivel del mar), parece una caverna ígnea, de una perenne y sobrecogedora lobreguez, y donde su propio nombre (“Satanás”) o el de personajes que lo habitan (como el Diablo) aluden a un infierno (a un volcán u hogar de fuego) hambriento por “tragarse” a los hombres en una suerte de obligado pago a la tierra; maldición que ha cobrado algunas vidas, pretendiendo que el accidente (la caída) del minero Teodoro Camayo sea un pago más.

El evidente conocimiento del universo minero y su tratamiento cuidadoso y natural, otorgan renovados bríos, conciben con mayor amplitud y conciencia la llamada novela minera en el Perú. Roberto Rosario ha entendido que ésta, la mina, tiene que instituirse en el punto culminante, en el centro de acciones, en el escenario vertebral de la propuesta narrativa para poder hablar de manera legítima de una novela minera; lo que no ocurre precisamente con acostumbrados referentes como El tungsteno de César Vallejo o El retoño de Julián Huanay, sólo por dar dos ejemplos, en los que la mina no cubre con su manto de permanencia todo el relato. Y lo contrario es lo que pretende, a lo largo de su trilogía, Rosario Vidal. He aquí los volcanes de fuego, agua y viento, aquellas bocaminas que dan acceso a centros de acción donde tres elementos naturales funcionan como alegoría no sólo del escenario o la geografía, sino también de la concepción del mundo por parte del peruano, principalmente desde aquella visión ancestral que ha quedado como elemento representativo de su tradición cultural.

Pique Esperanza, Volcán de fuego, es un libro ajustado a uno de los vértices laborales más importantes en la actualidad, el de la minería.

Vidas, desventuras, tiempos y acontecimientos sociales cobran importancia en la escena de la narrativa peruana cuando los mundos culturales propuestos (pienso, sí, en nuestra pluriculturalidad) armonizan con sujetos (personajes) que saben encarnarlos. Actualmente un campamento minero no es otra cosa que el mejor caldo de cultivo para analizar o captar el espíritu del peruano desde su idiosincrasia, traumas, esperanzas y creencias. Ingenieros, técnicos, personal de servicio, asesores, consultores, científicos, etc., sólo tienen que poner su cuota mental y anímica aquí, y tendremos al Perú prefigurado en una suerte de maqueta de la esencia nacional.

Pique Esperanza, Volcán de fuego, es un libro ajustado a uno de los vértices laborales más importantes en la actualidad, el de la minería, y debido a que ésta se ha constituido en punto crucial del desarrollo pero también del conflicto social en el país, aguardamos sinceramente que sea un libro (junto al resto de la trilogía) que llega para quedarse. Su espacio representado es vital para entender mejor la actual constitución social de esta parte del mundo.

Ricardo Ayllón

Ricardo Ayllón

Escritor, periodista y editor peruano. En poesía ha publicado Almacén de invierno, A la sombra de todos los espejos y Un poco de aire en una impura. En narrativa, es autor de los volúmenes Monólogos para Leonardo, Baladas del Ornitorrinco e Imberbes. Su poesía y narrativa aparecen en varias antologías nacionales. Participó en la redacción de revistas literarias de alcance nacional. Como periodista cultural, es autor del libro de entrevistas Las preguntas del Ornitorrinco. Diálogos con la literatura peruana. Dirige el sello Ornitorrinco Editores.
Ricardo Ayllón

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