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Tiempo de palomas, el artefacto poético de la antipoeta ariqueña Nana Gutiérrez

sábado 10 de julio de 2021
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“Tiempo de palomas”, de Nana Gutiérrez
Tiempo de palomas, de Nana Gutiérrez (1975).

Tiempo de palomas es un libro de 1975 de la escritora ariqueña Yolanda Gutiérrez Bonelli, mejor conocida como Nana Gutiérrez. Una autora invisibilizada de manera injusta.

Es muy poco lo que se conoce de su obra en Chile y de su destacada presencia en la escena cultural latinoamericana por más de tres décadas. Con una obra extensa, escrita en colaboración con autores como el argentino Marco Denevi y el peruano Winston Orrillo, Nana ha sido traducida a varias lenguas y reconocida por sus pares, incluso por importantes figuras de la poesía chilena como Pablo Neruda y Nicanor Parra, quien le regala a la poeta el nombre que llevará su poemario Manos arriba, del año 1968.

En el norte de Chile, Nana entabla relaciones literarias con Andrés Sabella, que prologa su obra, y el grupo Tebaida, que llegó a publicarla en su revista de culto.

Hay que hacer un verdadero trabajo de arqueología poética para ir recuperando no sólo la prensa referida a las diversas publicaciones de Nana, sino también su participación en libros que la ubican como testigo y figura protagónica de diversos momentos esenciales de la literatura nacional. Por ejemplo su presencia en la Antología del nuevo cuento chileno en que Enrique Lafourcade ofició como curador. Nana aparece con el relato “Margarita María”, un hermoso y sencillo texto que expone la construcción de la mente de una niña disipada, indiferente y espontánea. La joven no teme a las expectativas de los otros. En su tránsito contempla la rutina brutal y el torpe día a día de la normalidad. Confronta las miradas y prejuicios que existen sobre el comportamiento de las niñas, las esposas y lo que se espera de una mujer en una sociedad que parece petrificada, mientras ella, a sus nueve años, pasea libre como la brisa.

 

En este poemario se amalgaman texto e imagen; materialidad a través del papel y una actitud lúdica que propone la cooperación del lector.

En cuanto a Tiempo de palomas, estamos ante un libro objeto, un artefacto que opera como un simulacro de casa, puerta y a la vez artilugio volador con forma de volantín. Tanto por la forma de la publicación como la invitación que representa, al hacer que el lector interactúe o, como diría Wolfgang Luchting: “Un libro para ver, tocar y oír y gustar. Escrito con todos los signos, un libro donde el mundo ensaye su proyecto, dé una imagen del mundo por alcanzar, y que desencadena ese deseo de lograrlo”.

En este poemario se amalgaman texto e imagen; materialidad a través del papel y una actitud lúdica que propone la cooperación del lector, sumada a la textualidad presente en breves poemas con un rico potencial de significación.

La portada de Tiempo de palomas se encuentra ilustrada por Emilio Fuentes, y el libro está dedicado a René Lara. El anverso contiene tres textos vinculados por su centro temático, las palomas que aparecen en el título, y que a mi parecer en su conjunto se interrelacionan para dar un sentido mayor al texto y marcar el espíritu del poemario.

 

En “Paloma 1” existe un contraste entre el día, lo exterior como prolongación de la violencia del medio y la paloma como elemento simbólico de paz y esperanza. Considero que la voz del poemario nos está mostrando cómo se abre el poema y a la vez el libro. Reitero, es un texto que sirve de umbral para el resto del libro y a la vez un paso al mundo interior del hablante, lo cual se condice en la relación intertextual que hay entre el título del libro y uno de los poemas interiores, llamado “Estado del tiempo”. En conjunto entablan una tensión entre afuera y adentro, gris y cálido. No hay que olvidar que es un libro publicado en 1975, en medio de la compleja escena cultural de Chile, sitiada por el horror dictatorial y la censura. Lo cual da también al libro, y a su difusión, un marco de producción adverso que los poemas consignan de manera sutil e irónica.

 

“Paloma 2” es un poema que da cuenta de un hábitat, parece remitirnos al hogar y su entrada. El verso final muestra cómo la puerta cruzada de palomas vuela. Es curioso, porque esto puede remitirnos a Vicente Huidobro, la idea detrás de Altazor y el poema volador y también a la escritura visual, el poema pintado y otras piezas del ingenio creacionista, lo cual puede servir para reafirmar, considerando que Nana Gutiérrez se denominaba antipoeta y adscribía a esta forma de escritura parriana, que existe en su libro un lazo entre dos momentos de la poesía nacional. Esto da sentido a la tesis de que fue Parra quien genuinamente entendió mejor el llamado de Huidobro a los poetas de dejar el canto y materializar los objetos poéticos, ser un verdadero dios creativo, pero, claro, bajo la óptica parriana, estaríamos ante un dios caído del Olimpo, atento a lo común, a las pequeñas pugnas diarias y a la épica mundana; en ese sentido, el texto que nos convoca busca desmitificar las palabras y apartarlas de su sentido tradicional, fijado por los lugares comunes de la poesía y sus practicantes, para hacer una poesía que a nivel de lenguaje, o sea la manera en que se construyen los versos, persevera en la intención de ser directo en el habla. En Tiempo de palomas vemos esto en la construcción del poema breve y en el uso de la sorna y en la ironía de los pequeños discursos que se despliegan.

La poética de Nana baraja símbolos de la cotidianidad y también descentra discursos inflamados de los operadores de medios de comunicación del momento, así como la dubitación del hablante frente a la preeminencia de instituciones que desacraliza junto a sus voceros legitimados, el meteorólogo y la OEA.

 

Por último, “Paloma 3” nos lleva al cuerpo que habitan las aves, a través de las heridas del hablante. Las palomas se encuentran conectadas a esta voz por las laceraciones de su cuerpo; sin embargo, el contenido que nos comunica, en lugar de tornarse sombrío, nos habla de un amanecer que se deja ver, que se vislumbra y nos lleva ante una sonrisa.

Quiero concluir esta primera parte de mi lectura refiriéndome a la conexión entre las tres palomas, pues ellas van desde lo exterior: la mañana, el funesto día a día hacia las marcas en el cuerpo de esa voz que habita un lugar, no presa, pero sí al parecer refugiada del mundo, al margen, hasta que atestigua cómo se abre la puerta de su hogar para acoger a las palomas, a las aves y, con ellas, el sentido más profundo del viaje, el desplazamiento como parte del cuerpo.

En definitiva, la primera parte del libro nos comunica cierta intención detrás de lo que se puede entender como tiempo de palomas: un tiempo de vuelo, de sonrisas y paz frente a la violencia del gris circundante.

 

Viaje al interior de Tiempo de palomas

Una vez abierto el libro, se despliega ante nosotros una sábana, un cuadrado que dispone ocho poemas y un centro que nos permite jugar con la ubicación de los textos, girar el artefacto y disponerse a la lectura desde cualquier ángulo. Insisto en la forma del volantín, objeto volador al cual la poesía y la narrativa nacional han dedicado poemas y relatos.

La voz se define como una mujer imposible que se asoma en las esquinas a ver pasar la vida. Estamos ante una observadora de su tiempo.

Resulta interesante iniciar una lectura de este libro desde su centro, en que se conjugan los términos “Integración” y “Prohibido” como títulos en rojo. Entre estas dos palabras se intercalan con mayúsculas y minúsculas diversas formas de escribir la prohibición, quizá como una manera de reiterar y anular el sentido de la palabra, o como diría Oquendo de Amat en su hermoso libro objeto, 5 metros de poemas: “Se prohíbe estar triste”. La mención que hago de Oquendo de Amat no es casual: el libro del peruano es del año 1927, es un pilar de nuestras vanguardias y, más aún, una obra que marca un antes y un después en nuestra idea sobre el libro, la escritura, el diseño y la creación poética. Un título de avanzada ineludible.

En ese sentido, no puedo afirmar que el libro de Nana Gutiérrez sea el primer intento en nuestra lengua por salir de los moldes tradicionales de la edición y de la escritura situada en una caja de texto; sin embargo, considero que es un ejercicio creativo original y valiente que procura establecer un quiebre en la llamada lógica de las colisiones, en la combinatoria de elementos, a fin de liberar a los objetos y sus significados de la trabazón que la realidad establece, el uso que fija y norma el sentido de las palabras, en una búsqueda por disociar los vocablos de su maridaje con las llamadas bellas artes, palabras con una carga semántica o imágenes prestigiadas, lugares comunes de la creación.

 

Por último, no es casual mi alusión a Oquendo de Amat. Al leer a Nana uno puede percibir a una escritora formada, atenta a la escritura de sus pares, con una curiosidad voraz. En otras palabras, creo que no sólo por ubicarse en una zona fronteriza, sino también por sus nexos con autores de Tacna y Arequipa, ciudades en las cuales hay referencias a su trabajo; sumado a esto, su escritura a cuatro manos con Winston Orrillo y el hecho de que uno de los poemas de Tiempo de palomas esté dedicado a Carlos Germán Belli, resulta extraño pensar que la autora no llegó a tener un conocimiento de la tradición poética del Perú.

 

En cuanto a los otros poemas del libro, “SOS” evoca un llamado literal de auxilio; el giro está en que el pedido urgente es de una voz, pudiendo ser la necesidad de un interlocutor, un encuentro con la alteridad o el hallar la propia voz.

En el mismo apartado, el poema “Quien soy”, propone una especie de autorretrato, y la voz se define como una mujer imposible que se asoma en las esquinas a ver pasar la vida. Estamos ante una observadora de su tiempo. En el poema “Medida de la soledad”, del libro Manos arriba, señala en términos afines: “Quienes me lloren, llorarán / un metro setenta de silencio”, y en el poema “Vivir”, del mismo libro, alude a esa vocación de voyeur que denota su voz poética: “Al correr de los días, me paro / continuamente en las esquinas / para ver circular a los vivos. / ¡Qué espectáculo más absurdo!”.

Ese tedio ante lo cotidiano y quienes le rodean, que podemos observar en el último verso del poema de Manos arriba, también se aprecia en Tiempo de palomas de manera socarrona en el breve texto “Sibarita”, en el cual nos invita a cultivar el hastío y la desazón como una flor. De “Sibarita” creo que resulta importante destacar un elemento que es un sello en la escritura de Nana, el uso de interjecciones y construcciones que buscan llamar la atención del lector o interpelar a un destinatario ficticio. En el poema señala: “Le comunico / Señor se lo / confirmo / Yo”, mientras que en otros poemas de su autoría encontramos: “Escuchen” o “ILUSOS / ESCUCHAD / PREPARAOS”; en el poema “Las poetisas”, de Manos arriba, inicia con un: “OJO!”; en otros casos utiliza el “Consideren conmigo, Señores y Señoras” y el “Tomen nota, Señores”.

 

Quiero cerrar mi lectura refiriéndome a los textos “Organismos internacionales” y “Estado del tiempo”, pues sintetizan el desacato general de la obra. En el primer poema hay una manifiesta burla a la OEA, mostrando la poca importancia que puede tener esta institución para la voz del poemario, al punto de enviarlos al diablo. Vale la pena recordar que en Chile se realizó en el 76 la VI Asamblea con la visita de Henry Kissinger. Si bien el texto es de gran simpleza, hay que reconocer su valentía, debido al contexto de producción de la obra en el marco del llamado apagón cultural. El poema demuestra un rechazo a la limpieza de imagen que trataba de hacer ante el mundo la dictadura y el rol que jugaron numerosas entidades internacionales, incluida la Fifa y sus agentes, cuando visitaron el Estadio Nacional, para luego declarar un estado total de tranquilidad.

La visita del secretario de Estado norteamericano a Chile fue cubierta por los medios televisivos con frivolidad y generando una retórica propia del espectáculo, formas discursivas de la prensa que terminarán produciendo, con el correr de los años, una lectura kitsch y superficial de los hechos, despolitizando eventos, creando simulaciones y maquillajes ante la violencia política y de Estado. En última instancia, el libro, con su título Tiempo de palomas como una representación del viaje del sujeto, marcado por una sonrisa y matices de libertad y rebeldía, sostiene un diálogo directo con otro poema que nos habla de otro Estado del tiempo; no es menor en ese poema la presencia del meteorólogo, como una figura presente día a día en los hogares de las personas, comunicando una verdad sobre el afuera, dando cuenta del clima del país desde una palestra preferencial entregada por la televisión. El poema acusa al showman del tiempo de mentir, y frente a su pronóstico de un mañana nublado, siniestro y sin esperanza, Nana, desde su lírica, nos habla de una calidez y cobijo que reconforta.

Daniel Rojas Pachas