“El amor fingido del comandante Antúnez”, de P. G. de la Cruz
Saltar al contenido

Tres razones para leer a Álvaro Díaz

miércoles 2 de marzo de 2022

Dueño de una prosa con un gran ritmo y de una mirada particular de la vida, Álvaro Díaz ha publicado las novelas El legado del Sofer: la identidad de Dios (2014) y Primitivo (2019), y el libro de cuentos Cuando cuanto cuento cuenta (2021). Se trata de tres obras atravesadas por el cuestionamiento constante de la realidad y de lo que por ella solemos dar por sentado.

Uruguayo nacido en 1962 en Montevideo, Díaz tiene una personalidad inquieta que se deja ver en las situaciones que describe en sus libros y en los parlamentos de sus personajes. Sus viajes por muchos países y las muchas experiencias que ha vivido aparecen reflejados igualmente en sus textos. Asimismo, su entusiasmo por el arte de narrar le condujo a crear la web Cuentos en Red, originalmente una revista digital y ahora una biblioteca que alberga cuentos de diversos autores.

Díaz vive desde el año 2000 en México, donde se ha desempeñado como desarrollador de software, inventor —creó un motor declarado de dominio público— y asesor en energías renovables. Son muchas las razones para leerlo, pero hoy hablaremos de estas tres.

 

“El legado del Sofer: la identidad de Dios”, de Álvaro Díaz
El legado del Sofer: la identidad de Dios, de Álvaro Díaz (Ediciones Nace, 2014). Disponible en Amazon

El legado del Sofer: la identidad de Dios

El legado del Sofer: la identidad de Dios
Álvaro Díaz
Novela
Ediciones Nace
México, 2014
266 páginas

La relación del Barba con su abuelo, El Viejo, un empresario que ha amasado una considerable fortuna, no puede ser más estrecha: fue el anciano quien cuidó de él desde siempre, no sólo en el aspecto material sino también en la formación del muchacho. Sin embargo, al morir, lo excluye de su testamento. En las primeras páginas de El legado del Sofer no tarda en explicarse la razón de este hecho: El Viejo sólo quiere proteger al muchacho de las previsibles disputas familiares. Pero además hay otra razón mucho más profunda.

Y es que nada en esta novela es fortuito. El Viejo tiene una importante misión que dejar a su descendencia. Pero, decepcionado de su hijo, decide enfocarse desde su infancia en su nieto, sin que éste sospeche ni el motivo ni tan siquiera que está siendo preparado para esa misión.

La revelación sobreviene a través de unas cajas de seguridad que El Viejo le deja al nieto y cuyas llaves, a su muerte, deberían serle entregadas por el abogado. Y, aunque en el contenido de esas cajas se encuentran bienes con los que el Barba no tendrá que preocuparse por dinero “durante varias generaciones” —una consignación material directa para evadir los inconvenientes familiares relacionados con el testamento—, hay también una carta que le dará al joven las claves para sus próximos movimientos.

El Viejo, como cuenta en esta misiva, es parte de un grupo de escribas que han mantenido durante más de tres mil años un oscuro secreto relacionado con textos sagrados anteriores a la Biblia. Cada uno de estos escribas es un sofer, y el muchacho debe decidir si acepta esta responsabilidad que llega en un momento crucial de la historia de la humanidad: “Durante el último siglo”, relata El Viejo, “los valores que rigen el mundo se han trastocado y nuestra especie se ha vuelto más vana y superficial que nunca antes. Los cambios se han acelerado exponencialmente durante los últimos años y el prójimo es cada vez más un instrumento al servicio de las ambiciones personales que un ser fraternal”. Por supuesto, el Barba acepta, y a partir de aquí la novela narra la increíble aventura mística en la que se involucra.

El legado del Sofer tiene, entre sus muchos méritos, el de presentar un adecuado manejo del suspenso que lleva de la mano al lector y lo impulsa a seguir leyendo para descubrir, junto con su protagonista, los misterios de un conocimiento inimaginable. Su escritura encierra, por otro lado, un origen igual de interesante, pues Álvaro Díaz le dio forma a la obra tomando como base los estudios que hizo sobre el tema mientras se encontraba preso, fuera de su país, en los años 90. Pero eso es otra historia.

 

“Primitivo”, de Álvaro Díaz
Primitivo, de Álvaro Díaz (Ediciones Nace, 2019). Disponible en Amazon

Primitivo

Primitivo
Álvaro Díaz
Novela
Ediciones Nace
México, 2019
398 páginas

Hugo y Gladys son una pareja normal que acaba de ser bendecida con la llegada de su hijo. Pero en este recién nacido hay algo que no es tan normal: fija la mirada en las personas a su alrededor y se ríe a carcajadas como un chico de más edad, y cuando casi orina al médico en la cara pareciera estar consciente de lo que hace. Tres días después de nacer, ya demuestra un desarrollo equivalente al de un pequeño de cuatro a ocho meses. Antes de cumplir dos años, ya sabe leer.

Llevado de la mano de sus padres, el niño no sólo desarrollará una inteligencia suprahumana, sino que además aprenderá a cultivar valores como el amor y el respeto. Su habilidad para adquirir nuevos conocimientos sólo se compara con su capacidad para relacionarlos. Su infancia podría ser la de cualquier chico común y corriente, pero sus juegos son complejos experimentos con los que intenta saciar su desbordada curiosidad.

Su breve paso por la escuela formal le obligará a lidiar, a los seis años, con un incidente de bullying del que sale bien parado gracias a la estructura analítica de su mente. Con todo, se decide continuar su educación en casa: tanto su vocabulario como su aprendizaje habrían superado a cualquier adulto. Además, el chico ha demostrado que su vasta inteligencia va aparejada de una percepción sin límites, mucho más refinada que la que proveen los cinco sentidos. “Entendía el amor como la expresión más pura de sabiduría, un estado natural y permanente, la esencia misma de la naturaleza”, se nos describe.

Un hecho doloroso en su vida lo lleva a viajar por el mundo con su madre. Tiene alrededor de diez años pero la mente de un hombre. En este viaje recorren varios países y se relacionan con personajes del pensamiento, el arte, la cultura y la ciencia del siglo XX. Así, desfilan ante los ojos del lector Ernesto Sábato, Juan García Ponce, Octavio Paz, Remedios Varo, Frida Kahlo, Diego Rivera, Boris Vian, Raymond Queneau, Albert Camus o Joan Miró, todos alternando con el peculiar chico que, al entrar en la adolescencia, conocerá —y para siempre— el amor.

Primitivo no es una novela fácil y así lo advierte Álvaro Díaz en un texto de contraportada que, según él, tiene el propósito de “desalentar” al lector: “Si usted es uno de esos tantos lectores que encuentran en los libros una alternativa a Netflix, quizás deba devolver este ejemplar al estante”. Vehículo para la exposición de sus ideas, la más reciente novela de Díaz rebosa de reflexiones y razonamientos sobre aspectos de la realidad que solemos dar por sentados; además, despliega un muy efectivo juego estilístico para evitar que el lector conozca el nombre real de su sabio protagonista.

 

“Cuando cuanto cuento cuenta”, de Álvaro Díaz
Cuando cuanto cuento cuenta, de Álvaro Díaz (Ediciones Nace, 2021). Disponible en Amazon

Cuando cuanto cuento cuenta

Cuando cuanto cuento cuenta
Álvaro Díaz
Cuentos
Ediciones Nace
México, 2021
136 páginas

Si las dos novelas de Díaz tienen puntos en común, como la profundidad filosófica y un regusto por la argumentación que impregna sus páginas sin disminuir un ápice el interés por la historia, su libro de cuentos nos presenta un amplio muestrario de la complejidad temática y la variedad estilística de las que es capaz el autor uruguayo.

Cuando cuanto cuento cuenta es un título que podría desorientar a cierto lector, pues parece enarbolar una bandera que advierte de la naturaleza lúdica de sus páginas. Y, aunque sí hay algo de eso en los veintitrés relatos que lo componen, la experimentación en este libro no va tanto de juegos de palabras y maniobras formales, sino de la habilidad de Díaz para identificar, de entre su muy diverso catálogo de registros, el que calza perfecto con lo que desea contar en cada caso.

Así, explicando sólo lo necesario y dosificando al máximo la información para que la trama se desenvuelva por sí misma ante los ojos del lector, el dominio de estos registros le permite a Díaz moldear un universo cerrado para cada uno de los cuentos: desde el más fantástico, en el que un escultor conduce su arte al estado superior de la creación de vida, o el más onírico, en el que varios amigos discuten sobre la realidad en un sueño común, hasta el más crudo, en el que un hombre urde una venganza contra quien en otro tiempo fuera su mejor amigo.

“Un lector marcado vale más que un millón de olvidos”, dice uno de los personajes en lo que parece ser la postura estética del escritor uruguayo. La verdadera cara de la realidad, el azar como fuerza creadora, la palabra y su poder inconmensurable, la justicia autoimpuesta por seres que sufren a causa de sus errores o de sus perfidias —que las hay—, la sabiduría infinita encerrada en la humildad y, cómo no, algunos destellos autobiográficos, pueblan este libro que, de seguro, dejará marcas en más de un lector.

La mayoría de los relatos son breves y es allí, en la síntesis, donde el buen hacer del autor se deja sentir con más fuerza: en plantear una realidad alternativa, única, y llevarla hasta sus últimas consecuencias en apenas unos párrafos. Quizás a eso se refería el destinatario de la dedicatoria del libro: “A Efraín, que con su honestidad sin doblez, tras leer unas páginas de mi novela, me dijo: ‘Deberías tratar de escribir cuentos’”.

Letralia
Últimas entradas de Letralia (ver todo)