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Secuencias, de Adriano de San Martín: fragmentos poéticos o poesía fractal

sábado 10 de febrero de 2024
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“Secuencias”, de Adriano de San Martín
Secuencias, de Adriano de San Martín (Ask Books, 2023). Disponible en el Facebook de la editorial

Secuencias
Adriano de San Martín
Poesía
Ask Books
San José (Costa Rica), 2023
ISBN: 978-9930-573-97-6
76 páginas

Si hay algo que disfruto, como filóloga y crítica, es presentar un libro. Si es de poesía es todavía más emocionante. Los lectores de poesía somos, dentro de la viña de bibliófilos, aves raras, porque los universos poéticos a veces se muestran arcanos y ajenos y tienden a ser laberínticos. Ya lo decía Octavio Paz: “La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior. La poesía revela este mundo; crea otro. Pan de los elegidos; alimento maldito. Aísla; une. Invitación al viaje; regreso a la tierra natal. Inspiración, respiración, ejercicio muscular. Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia: el tedio, la angustia y la desesperación la alimentan. Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia”. Todo eso van a encontrar en este nuevo poemario titulado Secuencias. Pero vamos por partes, porque el que se inventó el itinerario, el artífice detrás de este conjunto poético, es Adriano de San Martín, para nada desconocido en la escena literaria de nuestro país.

Adriano de San Martin es el alter ego, la máscara poética, del escritor Adriano Corrales Arias (San Carlos, Costa Rica, 1958), quien estudió Artes Dramáticas en San Petersburgo, Rusia. Posee un Doctorado Interdisciplinario en Letras y Artes de la América Central por la Universidad Nacional (UNA). Trabajó como profesor, investigador y extensionista en el Instituto Tecnológico de Costa Rica, donde dirigió la revista Fronteras, el Encuentro Internacional de Escritores, el programa Miércoles de Poesía y la Cátedra de Estudios Culturales Luis Ferrero Acosta. A lo largo de su amplia carrera como escritor ha visto sus obras publicadas dentro y fuera del país por editoriales como Perro Azul, Piel de Leopardo, Euned, El Pez Soluble, Arboleda, Andrómeda, Editorial de Costa Rica y Arlekín. Su obra ha sido traducida al inglés, portugués, italiano, japonés y ruso, parcialmente.

En poco más de cuarenta años, Adriano de San Martín se ha consolidado como el poeta que es a través de una impresionante colección de dieciocho poemarios: Tranvía negro (1995), Hacha encendida (1999), La suerte del andariego (1999), Profesión u oficio (2002), Caza del poeta (2004), Kabanga (2008), San José Varia (2009), Sâmsara (2012), San Lucas, Ciudad Quesada y otros poemas (2012), Diario del amante (2013), Todo tiempo futuro (2014), Conversiones (2017), Bosque adentro (2018), y los más recientes, Leningrad (2020), Puerto de arenas (2020), Vanitas (2021), Vigilia (2021) —por cierto, el poeta ha compilado recientemente en la antología que acertadamente tituló Rueda de la vida (2023)— y Secuencias (2023). En sus variopintas páginas, el poeta construye y se construye memorias, aspiraciones, idealismos, caminos recorridos, actos fallidos, amores, revoluciones, entornos y espacios íntimos y ajenos, todo conjugado en una propuesta poética diversa, siempre provocadora y provocativa que se atreve a cuestionar la realidad para salvarse a sí mismo, como él mismo lo dijera en múltiples ocasiones, y desde donde reclama y consigue un lugar más que merecido en las letras nacionales.

Secuencias no es un poemario convencional. Ya desde su portada se nos muestra como un texto que invita a desgranar-nos.

Pero ahora sí, manos al texto. Secuencias no es un poemario convencional. Ya desde su portada se nos muestra como un texto que invita a desgranar-nos. Un cúmulo de elotes multicolor promulga vitalidad, diversidad, segmentación, pero a la vez invoca las raíces profundamente mesoamericanas que ostenta el poemario aunque, como veremos, éstas no son las únicas identidades que vibran entre sus versos. Decimos versos más por costumbre de intérprete y por deformación profesional, pues el texto se compone de fragmentos en los que el acto poético o la poesía se vislumbra más allá de las formas asociadas típicamente a ella. En Secuencias no hay métrica, obvio no hay rima, y hasta por la disposición espacial se podría decir que más bien hay prosa poética, poesía en prosa o microrrelato, pero es que más allá del empaque, yendo más allá de las normas o límites con los que se trata de circunscribir a la poesía, ésta se incorpora, como duende rebelde por obra y gracia de un alto sentido de lo poético, lo inefable, los ritmos, los silencios y los no-dichos que pueblan y que se encuentran y desencuentran en cada uno de los fragmentos, dejando al lector con un alto sentido de incertidumbre y de extrañeza.

El nombre del poemario hace referencia a una serie de elementos que se suceden unos a otros y guardan relación entre sí. Eso es una secuencia. Ahora bien, en el texto encontramos al menos cuatro secuencias diferentes. Es decir, pueden identificarse al menos cuatro series que se organizan entre un poema que está fragmentado a su vez en veintitrés pequeñas partes y treinta y seis poemas más. Hasta ahí no hay gran misterio. Sin embargo, lo interesante, lo sorpresivo y lo que al mismo tiempo resulta cautivador, es que todas esas secuencias son presentadas a modo de escenas cinematográficas vistas por una cámara que irrumpe en el poema de manera explícita y donde el lector se ve convertido en un espectador voyerista que asiste a escenas de la vida privada de cinco mujeres distintas: Eunice Odio, Yolanda Oreamuno, Carmen Lyra, dos poetas rusas que no se mencionan pero “aparecen”, y el autor que aparece de manera explícita desdoblado en director de cine. Hay así diferentes niveles, múltiples desdoblamientos, pliegues y repliegues, en la puesta en escena que nos propone este poemario, secuencias, microsecuencias y macrosecuencias que fractalmente se configuran para hacerle un homenaje a cinco escritoras, de manera casi cuántica.

El poemario se abre con un epígrafe del filósofo del lenguaje Ludwig Wittgenstein: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”, que, sin duda, es una clave para el lector y funciona como decodificador de lo que nos vamos a encontrar en los poemas. Es decir, estamos ante un universo o incluso un multiverso poético que se circunscribe a lo que el propio lenguaje permite. Así, en el poemario se hace visible una suerte de metaficción, de reflexión sobre lo poético, sobre el lenguaje y sobre la realidad. Si observamos cómo se titula el poema que sirve de portal para este discurrir poético: “Quieta balada de la eternidad”, comprendemos que se nos invita a atisbar una totalidad donde el tiempo se anula, o por lo menos se desdibuja, entre diferentes secuencias ofreciendo sólo momentos como escenas instantáneas fijadas perpetuamente.

En este primer poema, dedicado a la gran poeta costarricense Eunice Odio, de quien, además, es el epígrafe que prepara el terreno para un desborde, un derramamiento poético: “que no me llame nadie, que no quepo en la voz de nadie” de las Declinaciones del monólogo, se empieza a constituir una poética que, a falta de antecedentes o referentes, llamaré del déjà vu, como se anuncia de forma explícita: “En esa tumba líquida de luz / donde reposa la ceniza sosegada, por ahora, / para siempre, filme inédito que proyectan / y visionamos repetida e incesantemente, déjà vu / absurdo acerca de la Gran Dadora que convoca / y sostiene la eterna circularidad de la palabra”. Y esto es tal vez el mejor logro del texto, que mediante artilugios alquímicos, el juego de diversas voces poéticas, que a veces aparecen en primera persona singular o plural, otras como voz omnisciente y divina sabedora de todo a lo que estamos atestiguando, se dan los saltos dimensionales.

El texto no nos oculta sus estrategias; manifiesta honestamente sus operaciones metaficcionales.

De igual manera, este primer poema da cuenta de todo lo que es el poemario: “filme inédito que proyectan y visionamos repetida e incesantemente”, a modo de secuencia que encierra a las demás secuencias, y fiel a la propuesta fractal que nos hace: así como una gota es toda la lluvia, o una ola sola es todo el mar, así este poema contiene todo el poemario. El texto no nos oculta sus estrategias; como decíamos, manifiesta honestamente sus operaciones metaficcionales. Para ello baste citar los poemas “Macrohistoria” y “Microhistoria”. Hace lo propio con los intertextos que están operando en su construcción, y se decanta, entre otras cosas, casi como un homenaje a Roberto Bolaño, lo cual se hace evidente en el título del poema segundo: “Deseo que te amen y que no conozcas la muerte”, que es un verso del poema “Nagas” del poeta chileno. Este poema consta, como dijimos ya, de veintitrés fragmentos o escenas, saltando entre escenas de la vida de las cuatro poetas para rebotar desde California, el Distrito Federal de México, Venezuela y San Petersburgo, escenarios que luego aparecen a lo largo del resto del poemario.

La obra y vida de nuestras figuras literarias Eunice Odio, suicida, y de Carmen Lyra, así como de las poetas rusas Anna Ajmátova (Anna Andreyevna Gorenko, 1889-1966), de quien toma la ambigüedad o incertidumbre, la montaña rusa de emociones propias de la relación de pareja, y de Marina Ivánovna Tsvetáyeva (1892-1941), suicida, sirven al poeta como rutas entre estrellas distintas, para inventar constelaciones. Lo común de ellas es que dos fueron suicidas, pero todas fueron tratadas con hostilidad por su entorno, tuvieron que exiliarse, fueron perseguidas y mueren en condiciones trágicas. Aparecen, además, la voz del poeta latinoamericano por excelencia, Rubén Darío, con una parodia de su famoso poema “Sonatina” con la pobre y triste princesa, e incluso encontramos un antipoema, siguiendo la propuesta de Nicanor Parra, y hay ecos múltiples o guiños a Cortázar o Baudelaire, entre otros. Adicionalmente, y muy propio de la voz lírica de Adriano de San Martín, no puede faltar el discurso político y revolucionario que critica la sociedad contemporánea enfocándose en la ciudad, la contaminación ambiental, la desigualdad, la corrupción y demás problemas de nuestro momento desde donde se adivina el horizonte utópico de otro mundo posible.

Tatiana Herrera Ávila
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