
He intentado componer el relato de mí mismo que viene a continuación como si hubiera muerto y estuviera mirando mi vida desde otro mundo.
Charles Darwin.
La consciencia de la muerte es la enfermedad inevitable de todo ser humano, su condena, y al mismo tiempo su salvación.
Gabriel Rolón
En un momento de oscura lucidez y sumergido en una profunda depresión, Mark Rothko plasmó sobre el óleo dos rectángulos en colores negro y gris. A la mirada inquisitiva de quien los contempla, los pincelazos se hibridan, como dos organismos que se autofecundan, para recrear una atmósfera devastadora. Dicha tendencia hacia el oscurecimiento de sus pinturas ha sido interpretada como un símbolo de su estado emocional. Sus cuadros, exponentes máximos del expresionismo abstracto, plantean la angustia misma de la existencia. Su propósito, más allá de ser el reflejo de una inercia hacia el monocromatismo, es el de sugerir un ecosistema de lo humano, cuyos linderos son la muerte y la pérdida. Los catorce cuadros negros que se exponen actualmente en una capilla en Houston parecen los élitros de un enorme coleóptero que devora a quien decide profanar sus entrañas.
Sin embargo, ¿somos realmente aquello que hemos perdido? De ser así, podríamos compararnos con aquellos gabinetes de historia natural donde se colocaban dientes, conchas y plumas de algún espécimen exótico, pero en su lugar estarían aquellas cosas concretas y abstractas que amábamos y que irremediablemente fueron devoradas por el tiempo. A esta cuestión fundamental, Especies tan lejanas (2024), de Nayeli García Sánchez, nos ofrece como respuesta una novela en la que convergen la biología, la muerte, el duelo, la pérdida y el viaje. Su propuesta literaria es la de un giro copernicano, pues su mirada va más allá del campo del sentimentalismo, ofreciendo la ecdisis del dolor que nos provoca la ausencia: la ruptura de nuestro exoesqueleto, cuyo estruendo se precipita volviéndose ensordecedor a medida que avanza la vida. La historia parte de una indagación sobre el pasado y la reconstrucción de la identidad.

Especies tan lejanas
Nayeli García Sánchez
Novela
Editorial Sexto Piso
Coyoacán, Ciudad de México (2024)
ISBN: 978-6078895670
118 páginas
Natalia, una joven bióloga que investiga las posibilidades farmacéuticas de los arácnidos, encuentra en internet la esquela de su padre, quien había muerto hace ya cuatro años. Las cosas que sabe sobre él son pocas, y la última vez que lo vio era apenas una niña. En este punto se manifiesta en toda su dimensión caleidoscópica uno de los temas centrales de la novela: el dolor que nos produce la muerte. Sufrir por la pérdida de alguien es reconocer nuestra propia naturaleza y adolecer por una existencia finita. Para la protagonista, la muerte se presenta como “un lago quieto en el que las cosas —las discordias, las huidas y los quebrantos— se asientan hasta el fondo y recuperarlos de esa profundidad oscura requiere demasiado tesón. El mar siempre vuelve a empezar, pero los muertos no regresan” (García Sánchez 14).
Todos los seres humanos somos “seres murientes” (Rolón 55): estamos condicionados por el hecho de saber que vamos a morir. De esta verdad irreductible se desprende la angustia de sentirnos incompletos. Para Gabriel Rolón, aquello que nos falta es la inmortalidad; por lo tanto, esa pérdida es irrecuperable, pues es contraria a nosotros. Sin embargo, la verdadera tragedia radica en que somos incapaces de consolarnos a partir del lenguaje. Lo anterior no exime el hecho de que en nuestra consciencia habiten interrogantes fundamentales sobre el duelo: “¿Qué es esto de morirse? ¿Adónde van los que mueren? ¿Adónde iremos nosotros? ¿Qué significa duelar?” (Rolón 21). Natalia, con un razonamiento semejante al del taxónomo, parece darles una respuesta a dichos planteamientos: “porque guardar memorias consuela la ausencia” (García Sánchez 14):
Era verdad que mi papá ya no se iría a ningún lado y que en términos concretos ya no podría decirse que siguiera abandonándome. Su afronta terminó cuatro años antes de que yo supiera, pero ahora su rechazo hacia mí por fin podía cuantificarse con exactitud: me abandonó veinte años. Si llego a vivir más de cuarenta, él sólo habrá faltado a la mitad de mi vida. Conforme sigan pasando los años, cada vez me habrá abandonado menos tiempo (García Sánchez 15).
Somos, por lo tanto, seres en falta. Esa es la pérdida ante la cual colisiona nuestra existencia; ese mismo muro que parece insondable es el nicho de toda la trama. La protagonista no busca el milagro de la resurrección; por el contrario, su viaje es la búsqueda de sí misma y la recuperación de una memoria que se sabe incompleta. Natalia, quien ha decidido dejar todo para buscar a un fantasma, necesita del apoyo de Jacobo, su novio, y la comprensión de su madre, a la cual termina convenciendo asegurándole que su interés es saber si la mitad de su carga genética no la hace portadora de algún gen que la predisponga a algún padecimiento. La preecdisis comienza en Irapuato, donde vivió su padre y donde se dispone a transitar por los linderos del duelo, para contenerlo y nombrarlo:
Quería sustituir lo faltante. Poner el sonido de los carros en una avenida en Irapuato donde debería estar su voz. El olor a pasto recién cortado de la terminal de autobuses en lugar de su humor corporal. Era eso: ponerle límites al cuerpo de mi papá. Comprimir su infinita lejanía para poder visitarlo cada tanto. Necesitamos dibujarle fronteras a los muertos porque es insoportable que lo habiten todo. Así se combate la muerte, yo he visto. Se guardan los cadáveres de los que quisimos en vida para sentir que podemos volver a ellos. Si logro reunir a mi papá en un puñado de documentos quizás pueda aplacar la incertidumbre, acariciarle el lomo a la pregunta de quién soy (García Sánchez 28).
La búsqueda de Natalia no se reduce únicamente a la construcción de una memoria sobre su padre, pues durante su viaje tendrá que hacer frente a múltiples pérdidas, las cuales asumirá como propias: “Pegué una de las hojas en el poste y añadí con pluma tres signos de pesos. Venir a Irapuato a buscar a mi papá y terminar, en cambio, poniendo avisos de ‘SE BUSCA PERRO’” (García Sánchez 11). Nayeli García, con una enorme clarividencia, ha sido capaz de plasmar en su novela la esencia misma de la condición humana, sin perder la compasión, el amor y la gallardía que se necesitan para abordar semejante empresa. Hablar del duelo es pensar la vida misma; sin embargo, la autora lo hace a partir de una visión evolutiva en donde cada manifestación de la materia orgánica encuentra un lugar en el intricado árbol de la experiencia sensitiva.
El viaje de Natalia evoca al de Ulises y nos remite a la relación siempre en pugna entre los dioses y los mortales, pues el duelo desde su acepción etimológica se describe como una guerra entre dos. En la novela la batalla proviene de dos frentes; por un lado, todos los personajes que ha construido la autora son seres en falta, murientes que duelan la pérdida en diferente manera: Jacobo la estabilidad de la rutina y el pragmatismo de una relación de la cual se sabe todos los rituales; Daniela a su perro Aquiles; el Flaco la fidelidad a Daniela, la madre de Natalia su apego por las cosas materiales y la propia Natalia a su padre. Pero si ellos son los seres que se saben incompletos, ¿dónde está el enemigo? Probablemente el dios inmortal y rival enconado no sea más que la realidad —o al menos aquello que definimos como realidad—, una a la cual sus personajes deberán pasar por el tortuoso camino de la muda de los arácnidos para llegar a su aceptación.
Además de los temas ya mencionados, la autora explora el dolor, el sufrimiento y los roles sociales de otras especies. Su protagonista, una joven científica especializada en arácnidos, cuestiona los fundamentos de la naturaleza humana a partir de una revisión evolutiva de las conductas que pensamos son tan antiguas e insustituibles como nuestras células. La crítica está dirigida tanto a las conductas paternales como maternales, y sus diversos matices en el gran árbol de la vida. Es a través de las investigaciones de Natalia donde se cuestionan los roles de las sociedades humanas ampliando el cuidado parental a una dimensión más concreta y menos antropocéntrica:
Desde entonces se hizo obvio para mí que el instinto de ser madre sufría una amputación importante si sólo se reducía a las relaciones familiares de los mamíferos. Somos una parte tan pequeña en el árbol filogenético que extender las prácticas maternales a especies tan lejanas de nuestro tipo como los artrópodos nos daría una idea mucho más cabal de lo que significa ser madre (García Sánchez 41).
En el grupo taxonómico de los quelicerados la telaraña surgió como una compleja herramienta de supervivencia; a medida que fue evolucionando, su estructura fue dotada de una enorme complejidad y belleza, eso es precisamente lo que representa Especies tan lejanas de Nayeli García, una compleja y bella estructura que atrapa al lector desde la primera página. Una red que invita, como todo buen libro, a la relectura y a las múltiples interpretaciones, pues la telaraña que construye la autora no sólo es un producto azaroso de la selección natural; por el contrario, éste se vuelve una extensión sensitiva, es una casa, un refugio, un hilo de vida, un saco donde proteger a la prole, un órgano más y sobre todo un punto de reflexión sobre la vida y la muerte.
La mirada de Nayeli García Sánchez se asemeja a la del naturalista inglés Charles Darwin, ambos intentan reconstruir un pasado que se sabe perdido, pero que se vuelve necesario para explicar el curso de la vida. Un acto de voluntad por reconocer todos sus matices, incluso aquellos que únicamente representan gamas del color negro, como los cuadros de Rothko. Pues es en la naturaleza y toda su pletórica diversidad donde podemos encontrar un consuelo al drama de lo humano, donde la pérdida se presenta sólo como una fase más del crecimiento que, aunque doloroso, es necesario para seguir existiendo, una obra fundamental dentro del panorama cultural que aboga por la literatura y la vida. Por mirar de nuevo a la naturaleza y encontrar en especies tan lejanas a nosotros un posible sendero hacia una taxonomía del duelo.
Bibliografía
- García Sánchez, Nayeli. Especies tan lejanas. Sexto Piso, México, 2024.
- Rolón, Gabriel. El duelo: cuando el dolor se hace carne. Planeta, España, 2020.
- Especies tan lejanas, de Nayeli García Sánchez: hacia una taxonomía del duelo - sábado 4 de octubre de 2025


